Integrando emocionalidad, territorios y catástrofes, la académica de la Facultad de Ciencias Sociales lidera una iniciativa Fondecyt de Iniciación que aspira repensar las políticas públicas asociadas a desastres socionaturales
“Así como no es posible seguir pensando la reconstrucción sólo en términos de vivienda, no es posible seguir pensando el territorio y los desastres socionaturales sin una perspectiva interdisciplinaria e interseccional”, sostiene la académica de la Facultad de Ciencias Sociales, Dra. Elizabeth Zenteno Torres, respecto al proyecto Fondecyt de Iniciación en Investigación “Interseccionalidad en el habitar de los campamentos afectados por el incendio en Viña del Mar y Quilpué, emociones y cuidados como prácticas de reapropiación”.
Comprendiendo la recurrencia de los desastres socionaturales en la región de Valparaíso, la investigación en curso se propone repensar el vínculo entre afecto, espacio y catástrofe, y aportar al diseño de políticas públicas considerando emociones y cuidados como maneras legítimas de reapropiación
En este horizonte, el proyecto considera tres momentos de ejecución. Una etapa preparatoria, una fase de trabajo de campo y una fase de análisis y divulgación con entrega de informes, publicaciones científicas, pero también de entrega de productos de vinculación con el medio requeridos por las comunidades.
Interseccionalidad y catástrofes: una aproximación necesaria
Durante los días 2 y 3 de febrero de 2024, un incendio de rápida propagación afectó las comunas de Valparaíso, Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana resultando en pérdidas humanas y territoriales que reconfiguraron estas comunas. En Viña del Mar, un 34% de la comuna fue quemada y un mayor índice de pérdida se registró en los sectores de Los Almendros, Villa Independencia, Villa Arauco, Alto Horizonte, El Olivar, Villa Hermosa y Villa Rogers (CIGIDEN, 2024).
El último Reporte Mensual de Reconstrucción Incendio #2F 2024 emitido por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), señala que el 98% de las familias nominadas cuentan con un subsidio habitacional que les permite iniciar su proceso de construcción de vivienda, y además de esto, el 94% de ellas cuenta con asistencia técnica para llevar adelante estos procesos.

No obstante, la actual directora del Departamento de Estudios Territoriales y Diálogos Interculturales aspira a comprender los procesos de reparación, rearticulación y reconstrucción de una manera integral e interseccional, y el proyecto financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) se propone aportar en esa dirección a través de procesos investigativos de largo aliento.
¿Cómo vas detectando la necesidad de estudiar las catástrofes, y sobre todo esta ocurrida en la región, desde la interseccionalidad?
La experiencia de trabajos anteriores me permitió poder hoy día llegar a una reflexión más consolidada de cómo están imbricadas muchas desigualdades en los fenómenos sociales. Las desigualdades de género, de clase, de etnicidad, de edad, del lugar donde se vive. Esta es una mirada necesaria en la academia nacional que estudia el urbanismo y las geografías.
Tu proyecto hace alusión a un entendimiento homogéneo de la víctima del desastre, ¿cómo está descrita y cómo te das cuenta que no es suficiente?
Bajo la figura de “víctima de desastre” se ocultan muchas dimensiones. Se suele asociar a una familia heteronormada tradicional, con una vivienda y empleo formal. Sin embargo, ¿qué pasa cuando se incorpora, por ejemplo, la dimensión de la diversidad sexual o de origen? ¿Qué pasa con las familias migrantes y que también fueron víctimas del incendio? Lo mismo con las infancias o los adultos mayores, las personas con capacidades o cuerpos diferentes. Hay un gran vacío en términos de conocimiento, pero también de políticas públicas.
¿Cómo se aborda el trauma desde las políticas públicas?
Con todas sus falencias, la política más grande que está operando en los territorios incendiados es de vivienda. Sin embargo, las consecuencias de la catástrofe la viven no sólo quienes fueron víctimas directas del incendio, sino también todos aquellos que en la actualidad conviven con el trauma. Además, en términos espaciales se requiere una mirada integral, que permita reconstruir la infraestructura urbana desde el enfoque de la prevención de riesgos y desastres.
En ese sentido, ¿cómo se han aproximado a la puesta en marcha proyecto?
Lo estamos tomando con mucho cuidado porque entendemos que estamos trabajando con una temática muy complicada, y que es un desafío para mí y para el equipo.
¿De qué manera ha sido un desafío para ustedes?
Investigar con personas que han sido víctimas de un desastre de tal magnitud implica un tremendo desafío. Para estar preparadas para ello, estuvimos en un proceso de formación donde fuimos acompañadas por un equipo de psicólogas con quienes revisamos el proyecto, el diseño metodológico con el objetivo de evitar la revictimización. Nos estamos formando porque sabemos que, como parte del proceso de un relato trágico, las personas pueden descompensarse y por lo mismo queremos abrir puentes con los CESFAM, los COSOC y con la institucionalidad pública en términos de salud mental para hacer derivaciones en caso que sea necesario.
¿Qué otras decisiones han tomado para volcarse a este proyecto?
A propósito de ser cuidadosas, es iniciar el trabajo de campo con técnicas colectivas e intentar develar elementos más positivos, menos difíciles de relatar. No volver sobre la tragedia, que puede revictimizar y abrir ciertas puertas difíciles de cerrar, sino que develar por ejemplo los lugares en donde se ha desarrollado el cuidado en este periodo post-incendio.
Territorio, emociones y prácticas éticas
La experiencia de la catástrofe gatilla ciertas emociones y estas, a su vez, están estrechamente vinculadas al espacio. De esa manera, la académica del Doctorado en Ciencias Sociales propone que tanto las emociones asociadas al lugar, como las prácticas de cuidado, se convierten en modos de habitar y de reapropiación de estos espacios.
“Siempre pienso en una de las mujeres de un campamento que me comentaba que después del incendio que vivió junto a sus nietos, ellos nunca más la visitaron porque tienen miedo de volver a su casa, quedaron traumatizados. Estos son efectos silenciosos, invisibles, pero que cambian la forma de habitar”.
Si se han acercado a las comunidades, ¿cómo ha sido este proceso y qué han podido detectar respecto a necesidades o intereses de parte de ellas?
En la actualidad estamos desarrollando procesos de mapeos participativos en distintos barrios afectados por el incendio. Ha resultado una experiencia bellísima, pues las personas están muy dispuestas a conversar sobre sus experiencias. Incluso, creemos que los espacios de conversación se han convertido, de algún modo, en espacios de sanación, porque se conversa sobre lo ocurrido, pero desde una nueva perspectiva.
Una parte de los compromisos del proyecto es un producto de vinculación con el medio, ¿por qué es importante para ustedes incorporar estas dimensiones que no son transversales en los proyectos de investigación de esta naturaleza?
Desde la lógica de integralidad de funciones, nuestro departamento tiene el cuidado de no hacer una investigación extractivista, de tener una responsabilidad ética con los territorios, pero es algo sobre lo que nos hemos ido formando también. La academia, en general, no suele preocuparse por lo que deja en las personas o territorios con los que trabaja. Desde la Facultad de Ciencias Sociales y específicamente en nuestro Departamento tenemos la convicción de que no podemos investigar sin aportar también al territorio. En este sentido, nuestro quehacer está buscando siempre formas de contribuir, apoyar los procesos que ocurren en los territorios, de manera responsable y ética.
Finalmente, y cuando nos aproximamos a una segunda conmemoración tras este gran incendio, ¿cuál crees que es el lugar de la universidad, de este tipo de proyectos de investigación, hacia las personas que han sufrido una catástrofe?
Nuestra universidad, en tanto Universidad pública, tiene el rol de hacerse parte en el proceso de reconstrucción y reapropiación, en toda su complejidad. Si bien el proceso es muy amplio, nosotros podemos aportar con nuestro granito de conocimiento para mejorar la implementación de políticas públicas o develar aquellos aspectos no considerados en las intervenciones. El incendio en Viña del Mar y Quilpué ha sido una de las mayores catástrofes que ha vivido nuestra región, por lo que como universidad regional, nos compete aportar al mejoramiento de las condiciones de vida de las personas que la habitan.
Ir a UPLA.cl
Comentarios recientes