Portada del poemario “Criminal” de José Pinos Fuentes, que es analizado junto a “Bomba bencina” de Juan Carreño en la investigación del Dr. Francisco Simon

Un cruce entre poesía testimonial y representación de la situación carcelaria nacional es la propuesta realizada por el Dr. Francisco Simon, investigador del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Playa Ancha, a través de su artículo “Poéticas de la razón aporofóbica: Testimonios de la prisión política y la criminalización de la pobreza en el Chile contemporáneo”.

Evidenciando una lógica aporofóbica, siendo éste el término con el que Adela Cortina denomina al rechazo, aversión, temor y desprecio hacia las personas en situación de pobreza, la reciente publicación redescubre la estética testimonial para representar la criminalización de la pobreza por medio del análisis y comparación de los poemarios “Criminal” (2003) de Jaime Pinos y “Bomba bencina” (2012) de Juan Carreño.

Mientras Jaime Pinos aborda la relación entre pobreza y prisión a partir del caso de José Martínez Vásquez, procesado que se suicida el año 2002 en Colina II, Juan Carreño realiza una compilación de diversas voces de las poblaciones de Santiago y rescata testimonios del incendio de la Cárcel de San Miguel en 2010. Ambos poetas reconocen un componente imparcial en la justicia “que convierte la cárcel en una prisión política destinada a los pobres”, sostiene el artículo.

Asimismo, la investigación nacida del proyecto “Artes poéticas, manifiestos y proclamas de la poesía chilena” llevado a cabo por Magda Sepúlveda en conjunto a Francisco Simon, relaciona testimonios y narrativas poéticas realizadas durante prisión política en dictadura con publicaciones de prisión política en democracia, planteando que los sujetos pobres utilizan ahora el lugar de los presos políticos “que al ser calificado como enemigo, implica para el imputado perder sus derechos en tanto persona al mismo tiempo que se legitima la violencia ejercida contra él”.

Al respecto, Simon expresa que “mientras en dictadura se encarcelaba sobre todo por razones ideológicas a quienes apoyaron las banderas de la Unidad Popular o quienes protestaron contra el régimen, los poetas actuales sugieren que en el Chile pos dictadura se encarcela sobre todo por razones aporofóbicas, es decir, hay sujetos que son encarcelados no sólo o no tanto por cometer delitos, sino que sobre todo porque son sujetos pobres que cometen delitos”.

En ese sentido, el investigador rescata textos poéticos que reparan en las condiciones sociopolíticas que propician la criminalidad, al mismo tiempo que tensionan el imaginario cultural que apologiza la violación de los derechos humanos de los sujetos privados de libertad, “ya que ese tipo de similitudes que existe entre la poesía de la dictadura y la publicada en democracia, nos permite reconocer algunos de los flancos abiertos que le restan plenitud a nuestro régimen político”.

Igualdad ante la ley, presunción de inocencia, respeto de garantías procesales y la promoción de una cultura fundada en los derechos humanos son principios básicos de un Estado de derecho que actualmente presenta falencias “porque podríamos preguntarnos, ¿por qué deben importarnos las condiciones físicas o síquicas en que habitan los presos? Y es que delinquir implica la privación de libertad, pero no la degradación de otros derechos propios de toda persona”.

A propósito de la justicia de clase, el académico se pregunta, “¿qué tan diferentes o mejores podrían ser las condiciones carcelarias si quienes tienen mayor capital también fuesen juzgados por sus delitos?”. Al respecto, existen problemáticas recientes que tensionan las condiciones actuales de vida en la cárcel, la pandemia de COVID-19 o la prisión política tras el 18-O, siendo esto último una situación particular “donde se podría interpretar que ellos no solo están presos por ser sujetos pobres, sino que además como ejemplos del tipo de tratamiento punitivo con el que el Estado puede actuar frente a la insurgencia popular”. Cuestión similar ocurre con los comuneros mapuche, “problema que se ha ido agudizando debido al autoritarismo de un Estado que continúa operando en una lógica criminalizadora”.

En ese sentido, el artículo instala, a través de un lenguaje poético, una reflexión respecto a las funciones sociales y políticas que puede desarrollar la literatura, “cuestionando las estructuras de poder e interpelándonos a nosotros, como lectores, si acaso estamos contribuyendo a reproducir pensamientos clasistas o estigmatizadores”. La justicia poética, finalmente, genera un sentido común capaz de enfrentar las injusticias de aquellas normas jurídicas que se encuentran vigentes, porque además tienen un potencial político que permite construir comunidades contraculturales”, concluye el investigador.

Consulta este artículo en SIMONE, herramienta digital dirigida a la comunidad de la Universidad de Playa Ancha que promueve redes de cooperación que atiendan las necesidades del territorio y la ciudadanía, fortaleciendo los procesos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i). En el sitio podrás identificar problemáticas sociales, culturales, medioambientales y de salud (entre otras) incluyendo material descargable, convocatorias, financiamientos, convenios y mucho más.

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