​Durante las últimas semanas el debate nacional y regional parece atrapado en temáticas de corto plazo, con titulares algo alarmistas y, a veces, con poco contenido técnico. Es importante discutir la coyuntura, pero más relevante es ir construyendo una mirada más larga que ayude a resolver las urgencias y consensuar lo importante.

Nuestra región, como asimismo el país en su conjunto, tienen en el futuro próximo, a lo menos, los siguientes desafíos estratégicos: el primero es el desarrollo sostenible con énfasis en la adaptación al cambio climático y, el segundo es cómo nos insertamos como territorio en las dinámicas de la Cuarta Revolución Industrial. En el caso de las ciudades, una política territorial-urbana implica el abordar e internalizar los costos ambientales, ya sea mejorando la gestión y la gobernabilidad de los sistemas asociados; asumir y resolver las inequidades sociales, entre ellas las mejoras de la habitabilidad urbana y la inversión; y reconocer y abordar las restricciones económica relacionadas con la eficiencia (Winchester, 2006).

La economía del conocimiento está generando nuevos productos y servicios y, al mismo tiempo, está transformando los procesos productivos y la organización de los mercados. “Es la fusión de estas tecnologías y su interacción a través de los dominios físicos, digitales y biológicos lo que hace que la cuarta revolución industrial sea fundamentalmente diferente de las anteriores. En esta revolución, las tecnologías emergentes y la innovación de base extendida se están difundiendo mucho más rápido y más ampliamente que en las anteriores revoluciones” (Schawab, 2016).

Respecto a los indicadores económicos de nuestra región, una parte de ellos han tenido un comportamiento relativamente positivo al mes de agosto, básicamente por la baja de la tasa de desempleo regional en el trimestre móvil junio-agosto a un 7,6%, una variación acumulada del 0,4% en las ventas de supermercados y un crecimiento acumulado de un 0,6% en la carga portuaria; pero persisten tendencias negativas, como la caída de la generación de energía eléctrica de 7, 1%, una caída acumulada de las exportaciones de un 7%, un decrecimiento acumulado del 5,8% en la producción manufacturera y, finalmente, una preocupante tasa de desempleo del 11,0% en la provincia de San Felipe. Para algunos optimistas se visualizan “brotes verdes”. No obstante, el balance económico para este año ya está jugado y es necesario no sólo asumir los datos duros, sino que además construir una mirada más larga que nos permita enfrentar los desafíos estratégicos que se avecinan.

No hay duda que el avance hacia el desarrollo implica necesariamente explorar nuevos caminos, construir nuevas capacidades y revisar con juicio crítico la economía y los mercados y de manera especial el rol que estarían jugando los distintos actores. Finalmente, las noticias de los recientes galardonados del Nobel de Economía y sus aportes para una Economía del Desarrollo, como asimismo los premiados durante 2018, constituyen ejemplos muy sólidos en el aporte de la técnica en el diseño y ejecución de políticas públicas responsables.

 
Columna de opinión del Dr. Alejandro Corvalán, publicada en el diario El Mercurio de Valparaíso el 22 de octubre de 2019.

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