Alternancia y reflexividad, conceptos claves en la Formación Inicial Docente

“Alternancia y reflexividad como oportunidad de formación e investigación en la formación de docentes” se denominó el coloquio impartido por el Dr. Enrique Correa Molina, investigador y docente de la Universidad de Sherbrooke, Canadá, a toda la comunidad académica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la universidad.

Esta es la segunda ocasión en el que Dr. Correa participa como relator para la facultad a fin de tratar temas inherentes a la Formación Inicial Docente (FID)

Esta vez, el especialista sostuvo que la FID  es vista como una dinámica individual y colectiva a la vez, puesto que para que la profesionalización se produzca, debe implicar una alternancia entre el medio que forma, desde el punto de vista de la academia, y el medio que forma desde el punto de vista de la praxis, es decir, la escuela.

Es aquí donde el concepto de alternancia toma importancia, dice el Dr. Correa, pues se ha ido poco a poco adaptándose en el contexto de la formación inicial docente: “Cuando hablamos entonces de este pasaje desde la universidad a la escuela, conlleva una reflexión entre la teoría y la práctica en el mundo profesional”.

Como contexto, la FID en el marco de la profesionalización se habla de reflexión, de competencias e identidad, facilitado por el hecho de alternar entre los dos medios de formación: “La escuela es un lugar de formación y no de aplicación de saberes aprendidos en la universidad, eso implica un cambio de paradigma, un cambio de visión de lo que significa formar docentes hoy en día para la sociedad”, explica el conferencista.

Esta alternancia se puede producir desde varias opciones: el programa implica una presencia del estudiante en la escuela, ir a hacer una práctica, pero la institución se desliga de ese proceso, dejando al estudiante buscar por sus medios esta práctica, es decir, no hay una comunicación o articulación entre la institución y la escuela. Puede, también, existir una alternancia articulada u organizada en la cual se produzcan medios de comunicación entre uno y otro, por ejemplo, entregar a la escuela guías respecto del programa de formación del practicante.

Pero, para llegar a una articulación más íntima donde la institución y la escuela conversan y establecen parámetros y protocolos respecto de lo que significa acoger a este estudiante, por lo tanto, hay una comunicación entre ambas instituciones para mejorar el proceso de acogida que el estudiante recibe en la escuela y, por supuesto, es la más recomendable.

“La alternancia implica adquirir la cantidad de competencias necesarias para que el futuro profesional pueda ejercer las actividades para las que se encuentra preparado, es decir, una meta con objetivos claros con determinadas competencias. Y también permite interiorizar modelos de comportamiento profesional, cultura profesional, pero también una identidad profesional, o sea, el proceso de identificación que se produce con la institución formadora”, concluyó el investigador.

Modelo de práctica en la Facultad de Ciencias de la Educación

Por su parte, el Dr. Alejandro Verdugo, Coordinador de Práctica de la facultad, explicó que proceso de co-construcción del modelo de prácticas se ha caracterizado por el análisis de la situación actual y futura del eje curricular de las prácticas. Este se ha organizado bajo una metodología de 360º, estrategia orientada para obtener opiniones de diferentes fuentes y actores claves internos y externos a la universidad.

Esto permite generar un proceso de co-construcción más confiable y con retroalimentación, que proporciona información detallada, desde diferentes perspectivas sobre las fortalezas y debilidades del proceso formativo de las prácticas, para a partir de ella, diseñar planes de acción y desarrollo, que se sistematicen en un modelo actualizado de prácticas. Uno de los actores claves son referentes internacionales, como el Dr. Enrique Correa Molina.

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