Tecnología de primer orden para las clases híbridas

Un cuidadoso trabajo de análisis, en el que intervinieron distintas unidades, permitió equipar a 68 recintos de la universidad con la tecnología necesaria para realizar docencia en modalidad híbrida; es decir, están habilitados para que se hagan clases tanto presencial como virtualmente.

Este equipamiento, que ya está en uso, permitirá su uso incluso cuando termine la emergencia de la pandemia, destacó el director general de Informática, Roberto Álvarez Marín, cuya unidad trabajó en esta materia junto a las vicerrectorías Académica y de Administración y Finanzas; las direcciones generales de Infraestructura y de Prevención de Riesgos; y el Comité de Retorno Seguro.

Un diagnóstico inicial determinó cinco escenarios distintos, según las dinámicas que se dan en los espacios de clases o actividades académicas. Dos de ellos corresponden a las salas habituales, donde un profesor expone frente a sus estudiantes; otros dos se dan cuando los estudiantes necesitan moverse o enfocar su atención en un punto distinto del profesor; y el quinto es cuando no se necesita interactividad en tiempo real entre ambos.

“Tuvimos que buscar la mejor tecnología para poder aplicarla durante este segundo semestre, según el requerimiento de la Vicerrectoría Académica para ir activando algunas asignaturas de algunas carreras”, explicó Roberto Álvarez, quien resumió la solución tecnológica específica que se halló para cada uno de esos casos:

  • Sala frontal tipo A: hay 23 recintos habilitados con una cámara de alta definición (en imagen y onido) apuntada al profesor, que también dispone de una pantalla de 42” pulgada para ver a los estudiantes conectados en línea. Para los alumnos que asisten presencialmente, se cuenta con un proyector y la habitual pizarra. El profesor tiene movilidad delante de la cámara y puede mostrar contenido simultáneamente a ambos grupos (presencial y virtual).
  • Sala frontal tipo B: en otros 13 recintos se instaló también un proyector laser interactivo, que permite transformar la pizarra normal en una “pantalla interactiva” que los estudiantes conectados remotamente pueden ver mientras el profesor escribe o dibuja. Permite más movilidad del docente.
  • Carro N°1, para laboratorios o talleres: hay 21 recintos equipados con un notebook, cámara y parlante en una estructura móvil, que se puede desplazar fácilmente sobre ruedas. La cámara va montada sobre un brazo también móvil, en caso de que se necesitara cambiar los ángulos de visión o enfocar una actividad específica.
  • Carro N°2, para recintos mayores: es una solución similar a la anterior que se aplica en diez recintos y difiere en que lo principal es una pantalla de 42″ (el computador va “escondido” detrás y la cámara con micrófono está debajo). Está pensado para la docencia híbrida cuando se trabaja con dinámicas grupales, como ocurre en gimnasios, piscinas o salas de teatro.
  • Cámaras GoPro: hay dos, con sus correspondientes trípodes y están pensadas para grabar actividades que no se emiten en directo sino que se envían a los estudiantes, un procedimiento que se utiliza en algunos talleres artísticos.

Estas soluciones se presentaron a las facultades, que en definitiva decidieron cuáles eran más apropiadas para sus necesidades específicas y dónde se implementarían.

Además, destacó el experto que este “equipamiento de primer nivel” se complementa con un recableado de todos los recintos, que permitirá una conectividad de mayor calidad y velocidad.

Tecnología adoptada

“En forma paralela, la Unidad de Acompañamiento Docente empezó a hacer inducciones a los profesores, que han sido numerosas y aún se realizan a quienes participan en estas clases para que sepan cómo usar el equipamiento, cómo interactuar con los estudiantes presentes y con los remotos”, afirmó Álvarez.

Por lo tanto, desde que se concluyó la implementación en septiembre, los recintos “con equipamiento de primer orden” ya están funcionando y eso significa que se han retomado las clases presenciales en todas las facultades y el campus San Felipe, respetando los aforos correspondientes a cada recinto.

El balance es positivo. Según el director general de Informática, “como en todas las cosas, lógicamente hubo un ajuste inicial, pero la experiencia ha sido positiva y nuestra visión es que este equipamiento no se use solamente en la pandemia. Tiene que ser usado en el futuro, cuando la universidad quiera desarrollar otros programas semipresenciales o directamente remotos”.

Entre los casos exitosos, destacó Roberto Álvarez el caso de la piscina temperada de Puntángeles, que en principio es un entorno enemigo de la tecnología, por la humedad ambiental, el tamaño del recinto y el tipo de actividad. Sin embargo, un “Carro N°2” ha permitido clases híbridas positivas, con el único agregado de un micrófono inalámbrico para dar mayor movilidad al profesor Sergio Fernández.

Este último detalle sirve también como ejemplo de que todas estas soluciones están abiertas a seguir mejorando y potenciándose en el futuro.

 

 

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