La gestión del agua del Aconcagua. Segunda parte: Clasificación y perspectivas de uso

Laguna del Inca. Portillo.

“La cuenca del Aconcagua tiene una superficie  de 7334 kms² con un caudal medido del río de 33,1 m3/s (estación Chacabuquito), flujo regular que se debe a un régimen de alimentación pluvionivoglacial y que recibe, además, el aporte en su transcurrir  de varios tributarios, tal cual son los ríos Colorado y Putaendo.

Ahora bien, en cuanto a la clasificación de las aguas aconcagüinas es interesante destacar aquellas del tipo lénticas, las que se identifican con cuerpos de agua cerrados que permanecen en un mismo lugar sin correr, ni fluir. Comprenden todas las aguas interiores que no presentan corriente continua y que para la realidad en cuestión tienen origen natural como es Laguna del Inca, comuna de Los Andes (4 kilómetros de longitud, 1,3 kms² y 3,7 m³ de agua acumulada y su uso del agua es recreativo) y artificiales, estimándose 15 en total, de las cuales destacan por su envergadura los embalses Chacrillas, Putaendo (0,92 kms² y 27 millones de m³ de almacenamiento y  uso del agua para regadío)  y Los Aromos, Concón ( 2,5 kms² y 35 millones m³ de capacidad de contención y uso del agua para la generación de agua potable).

De las represas indicadas, se puede indicar que el recurso contenido se puede usar en diversas actividades de las cuales sobresale las  turísticas, entre las que destacan aquellas relacionadas con turismo científico, cultural, educativo, de experiencias, accesible, sostenible, nacional e internacional, de bienestar, social, lúdico – festivo, de mochilero, de grupos, patrimonial, deportivo, etc. Situación que si bien se ha hecho efectiva en algunos de estos apresamientos, para uno en particular (Chacrillas) es un potencial que la autoridad de la dinámica comuna de Putaendo está en plena gestión de estudio, y es muy probable que prontamente sea concretado y amplíe las alternativas de un turismo asociado a un recurso que, en sinergia con otros existentes en esta realidad comunal, afiance a esta circunscripción territorial como un destino turístico con un sello de sustentabilidad y sostenibilidad de interesantes alcances.

Por otra parte, las aguas lóticas o corrientes que en sí son masas de agua que se mueven siempre en una misma dirección como ríos, manantiales, riachuelos, canales y arroyos son un argumento invaluable en la cuenca en descripción, dado que tienen diversas importancias como son la económica (ya que permiten el riego de los campos de cultivos), ecológica (porque son lugares ricos en biodiversidad y regulan los niveles de agua superficial) y sociales (dado que son áreas para el aprovechamiento turístico y recreativo), siendo ejemplos de esto último los balnearios de la comuna de Panquehue, que atraen anualmente a numerosos visitantes y turistas que se refrescan y  disfrutan de las acomodaciones, principalmente, en época veraniega.

En tanto, las aguas freáticas son un recurso vital para la extracción del vital elemento en aquellos lugares que, por la lejanía de los cursos lóticos, deben su actividad y subsistencia a los pozos que los abastecen. Para el caso del Aconcagua se contabilizan al menos 9 acuíferos de aprovechamiento común: San Felipe, Putaendo, Panquehue, Catemu, Llay Llay, Nogales-Hijuelas, Quillota, Aconcagua desembocadura y Limache. Y es tal su valor estratégico que representan el 8% de los 110 habidos en Chile y de allí el uso racional, sostenible y sustentables de estas reservas que son realimentadas anualmente por las precipitaciones, lo que los denomina como acuíferos de aguas juveniles, pero que desafortunadamente por la sequía climática imperante y otros aspectos propios de la humanización están siendo sobreexplotados poniendo en riesgo su existencia y, con ello, una grave afectación de las comunidades principalmente rurales marginales al proceso de desarrollo nacional.

Considerando la dureza del agua en el valle se pueden diferenciar sus grados localizado a las aguas duras o aquellas que contienen  un alto nivel de minerales disueltos, en particular, sales de magnesio y calcio, y que, por lo general ,son propias de la cordillera o precordillera andina, mientras que las aguas blandas dulces se espacializan en los cursos medio y bajo del rio, aunque en su desembocadura por el intercambio con el agua oceánica nuevamente se hacen más salobres, convirtiendo la desembocadura del río en una prolífica marisma de marea.

Por último,  hay que resaltar que la calidad del agua aconcagüina es bastante buena, aunque  en la parte alta de la hoya está influenciada por la actividad minera y es apta para cualquier uso. No por eso hay que distinguir algunos focos de contaminación como resultados de evacuación de aguas grises y residuos líquidos industriales (Riles).

En síntesis, la veta húmeda del Aconcagua es fuente de vida para todo el valle que irriga y de ahí surge entonces la conciencia y trascendencia de preservar este recurso tan escaso y vital para la subsistencia de los ecosistemas asociados, en los que el ser humano hace parte de ellos”.

 

***Gastón Gaete Coddou,  geógrafo y académico de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, Universidad de Playa Ancha.

Columna de opinión publicada en diario El Trabajo de San Felipe, el miércoles  3 de noviembre de 2021

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