Equipo de la Facultad de Ingeniería lidera proyecto de biorremediación de suelos en Puchuncaví

Desde 2015 a la fecha un grupo de académicos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Playa Ancha ha trabajado intensamente en el estudio de la recuperación de suelos, lo que se ha traducido en siete publicaciones (WOS, Latindex y capítulos de libro) y en ocho proyectos con financiamiento interno y externo.

Fue este acervo de conocimiento, especialmente lo referido a la investigación de suelos con potencial presencia de contaminantes, su remediación con especies nativas y el trabajo con habitantes de la comuna de Puchuncaví, lo que consideró en octubre de este año el Ministerio de Medio Ambiente para financiar el proyecto “Implementación de técnicas para la recuperación de suelos degradados y fortalecimiento de capacidades, comuna de Puchuncaví”.

De esta manera, el equipo compuesto por la Dra. © Ximena Espinoza Ortiz, la Mag. Verónica Meza Ramírez; el director de carrera de Ingeniería Civil Informática, Javier Castillo Allaria; y la antropóloga y académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la UPLA, Dra. Clorinda Cuminao Rojo ha ido consolidando un trabajo investigativo junto a las comunidades. Un sello que les ha permitido adjudicarse recursos, en el último año, de convocatorias abiertas de la Dirección General de Vinculación con el Medio de la UPLA, de la empresa Codelco – Ventanas, del Fondo de Protección Ambiental y del Ministerio de Medio Ambiente.

De esta labor, nos comentarán las académicas del Departamento de Ciencias de la Ingeniería para la Sostenibilidad, Ximena Espinoza Ortiz (XEO) y Verónica Meza Ramírez (VMR).

—¿A qué creen ustedes que se debe el interés por apoyar económicamente esta iniciativa en la comuna de Puchuncaví?
—[XEO] Creemos que el interés, tanto de la comunidad como de la empresa Codelco Ventanas y del Estado, representado a través de sus distintos organismos, surge por las características de esa zona en particular. Es una zona que históricamente ha sido impactada por la contaminación y todas las problemáticas que se han generado en el tiempo y que se siguen generando son muy publicitadas. Lograr, de alguna forma, encontrar una solución es necesario y nosotros, por nuestra parte, con la experiencia y con lo que hemos venido haciendo, hemos mostrado que existe una luz de esperanza, una posibilidad de solución, que obviamente es a mediano y largo plazo.

—¿Cómo se inicia este trabajo con las comunidades?
—[VMR] Gracias a fondos adjudicados de la Dirección General de Investigación pude desarrollar estudios que me permitieron confirmar que la planta halófita Sarcocornia neei absorbía metales pesados. Ese fue nuestro punto de partida. De ahí surge la idea de elaborar el proyecto “Ingeniería de Invernaderos para el cuidado de los recursos naturales”, que se adjudicó fondos de la Dirección General de Vinculación con el Medio en 2019, y luego siguieron “Red Intergeneracional de formación de competencias para el cultivo de hortalizas en espacios confinados”, en 2020, y este año “Uso de microcontroladores en invernaderos modulares para el estudio del comportamiento de Sarcocornia neei en zona costera contaminada Horcón Puchuncaví”. Todos siguen la misma línea.
—[XEO] En el primero, partimos con invernaderos, control de variables y enseñando las propiedades de la Sarcocornia Neei. Después se hizo el de cultivos en pandemia; ahí se enseñó a la comunidad a cultivar con semillas presentes en sus hogares, pero midiendo variables, usando arduinos y suelos libres de metales. Actualmente, se amplió la comunidad de El Rungue a Horcón con la idea que existan grupos de comunidades con competencias y que a futuro se intercomuniquen unas con otras, potenciándose juntas. Recién ahí esto podría transformarse realmente en una solución a mediano y largo plazo. Para ello, estamos trabajando comprometidamente.

—Para que eso sea posible, ¿qué metodología de trabajo han empleado?

—[XEO] Nuestro trabajo se basa en metodologías activas, que son parte de lo que se denomina aprendizaje significativo. Como aquí la solución es multidireccional, una parte de ella la tiene la comunidad; pero esa comunidad no puede bajo ningún punto de vista ser parte de la solución si no tiene los conocimientos. Y esos conocimientos deben ir de la mano de un aprendizaje que perdure en el tiempo, que es justamente lo que se define como aprendizaje significativo. Es ahí donde el trabajo comunitario, serio, metódico, es lo que nos va a permitir formar redes de comunidades con competencias y después, a futuro, habría que buscar la intercomunicación entre esas comunidades. Porque el aprendizaje significativo también es social; es decir, para que las personas puedan aprender significativamente, tienen que estar comprometidas con su aprendizaje, pero para estar comprometidas eso les debe hacer sentido y entonces qué más sentido que vivir en una zona que requiere tanta intervención.

—Junto a la metodología, ustedes han considerado como foco principal la matriz suelo, cuando históricamente se ha analizado el aire. ¿A qué se debe esta decisión?
—[VMR] El suelo es una de las matrices ambientales más importantes que puede haber, por su dinámica física, química y biológica. Además, porque la principal funcionalidad que tiene el suelo es la generación de plantas. Cuando son plantas de cultivo, hay un sistema: suelo, planta, agua, en donde lo que hay en el suelo la planta lo absorbe y se va biomagnificando o traslocando. Cuando hay contaminantes en el suelo, los metales, los absorben las plantas. Por esto es tan importante conocer, a través del análisis permanente y de datos duros, cuánto hay de contaminación en el suelo y en el subsuelo y cuánto se va acumulando en las plantas, tanto en la raíz como en las hojas en distintas zonas. Es una de las cosas que estamos haciendo junto a la comunidad.

—¿De ahí nace la creación de invernaderos para la producción de plantines libres de contaminación? 
—[VMR] Así es. La construcción del invernadero es una solución que permite aislar la contaminación, por lo menos atmosférica. Desde el punto de vista del suelo, el proyecto provee suelo orgánico que no es de la zona y por lo tanto viene sin metales. La idea es que se puedan controlar variables termodinámicas y que se pueda aislar lo que viene desde las emisiones de las empresas y también los pasivos ambientales presentes en el suelo desde hace décadas.

—¿Qué relevancia tiene para la Facultad de Ingeniería desarrollar una propuesta de este tipo, de la mano con representantes del territorio? 
—[XEO] Es muy importante para la facultad y para la universidad, porque la universidad define dentro del perfil de los profesionales que forma, que tengan la capacidad de involucrarse en los temas sociales, independiente de la formación profesional que tengan. Para nosotros y nuestros estudiantes, futuros ingenieros e ingenieras, es una oportunidad para que puedan aplicar sus conocimientos técnicos en la realidad y sean partícipes y protagonistas de una posible solución a mediano o largo plazo. Eso va de la mano con el perfil que nosotros queremos potenciar. Estamos convencidos como grupo de trabajo de que ese es el aporte que le estamos dejando a nuestros estudiantes y por eso seguimos trabajando en esa línea.
—[VMR] Las universidades tienen la obligación de vincularse con los territorios. Es decir, la generación de conocimiento debe acompañar el trabajo que se está haciendo en diversas zonas del país.
—[XEO] El paradigma acerca de que las universidades eran dueñas del conocimiento cambió. Ahora el conocimiento tiene que ser compartido e incluso debe ser desarrollado muchas veces a partir de la comunidad. Esa es la labor de las universidades, que ciertamente producen conocimiento, pero debe ser aplicado también.

 

 

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