Dra. Paulina Bahamonde: “En las costas chilenas nada prácticamente el 50% de las especies de cetáceos del mundo”

El varamiento de 124 calderones o ballenas piloto de aleta larga (Globicephala melas) en Isla Clemente durante el invierno austral de 2016, presentó una oportunidad única para monitorear la presencia de compuestos tóxicos en esta especie, y examinar el posible rol de dichos contaminantes en la muerte masiva de estos depredadores. Así, surge el artículo “Persistence, bioaccumulation and vertical transfer of pollutants in long-finned pilot whales stranded in Chilean Patagonia”, realizado por 15 investigadores de distintas disciplinas e instituciones, incluyendo a la ecotoxicóloga y co-directora de Hub Ambiental UPLA, Dra. Paulina Bahamonde.

Para reconstruir la ecología trófica, estructura social, parentesco y niveles de contaminantes orgánicos persistentes (COPs) y metales traza de los ejemplares varados en la isla patagónica, se utilizaron isótopos estables, análisis genéticos y cuantificación de compuestos tóxicos en la grasa de estos animales. Del universo total de calderones, 71 individuos fueron analizados a través de ADN mitocondrial y 32 individuos fueron analizados para determinar el conjunto de COPs, metales e isótopos.

La actividad humana o antropogénica se puede evidenciar en compuestos como COPs – PCBs, DDT, HCH y HCB, junto a sus respectivos isómeros – ya que son “altamente solubles en lípidos, resistentes a la degradación biológica, química y fotolítica, propensos al transporte a larga distancia, por lo que se bioacumulan en organismos marinos y se biomagnifican en redes tróficas marinas lejos de las fuentes originales”, según detalle el artículo.

Dra. Paulina Bahamonde.

Por otra parte, los metales – As, Cd y Hg – a pesar de ser naturales en el océano, “la alteración de su ciclo biogeoquímico ha resultado que las concentraciones estén por sobre el nivel natural, emanando toxicidad para las personas y la flora y fauna”, detalla Bahamonde. Al respecto, el artículo destaca las consecuencias que el mercurio ha provocado en cetáceos, siendo algunos de ellos “efectos cardíacos, hepáticos, renales, del sistema nervioso central, inmunológicos y genéticos”.

Si bien el análisis de las muestras no evidenció una vinculación directa entre la presencia de contaminantes y la muerte de los 124 cetáceos, la bioacumulación de COPs comprobó la presencia de compuestos tóxicos en regiones geográficas remotas del país, “incluso cuando estos dejaron de utilizarse en Chile hace años”, expresa la investigadora. No obstante, “si comparamos los niveles reportados en este manuscrito con los detectados en calderones del Atlántico norte, Australia y Nueva Zelanda, los calderones de la Patagonia tienen concentraciones mucho menores”, señala Bahamonde, e indica que algo similar ocurrió con el análisis de los metales encontrados en este grupo.

Debido al estado de descomposición de las ballenas, el equipo de investigadores/as no pudo determinar el sexo de los calderones, no obstante, el registro del tamaño de los animales, posición geográfica y posible edad, permitió calificarles como adultos (17.8%), juveniles (20.6%), crías (12.3%) e indeterminados (49.3%) para realizar un análisis estadístico. A pesar de ello, por medio de la secuenciación de genes, los y las investigadoras determinaron la existencia de cuatro grupos derivados de un ancestro materno común y un potencial traspaso de contaminantes desde la madre a la cría.

Hábitos alimenticios

Finalmente, la investigación sostuvo que los hábitos alimenticios de los calderones también contribuirían en la cantidad de contaminantes encontrados ya que, según el análisis de isótopos realizados, la edad y longitud de estos cetáceos determinaría las especies que podrían depredar y consumir. Las ballenas piloto juveniles, por ejemplo, se alimentarían de masas de agua diferentes a los adultos debido a su incapacidad de bucear tan profundamente.

Con ello, el trabajo colaborativo entre instituciones y redes nacionales e internacionales con representantes de la Universidad de Playa Ancha y el Centro de Investigación Hub Ambiental (Chile), Universidad de Antofagasta, McMaster University (Canadá), Federal University of rio de Janeiro (Brasil), Université de Brest (Francia) y Masaryk University (República Checa), entre otras, es un aporte a la conservación de ambientes marinos libres de contaminantes y de las muchas especies que habitan en ellos. “Y es que en las costas chilenas nada prácticamente el 50% de las especies de cetáceos del mundo, por lo que tenemos el deber de permitir su conservación por medio de un ecosistema libre de contaminación”, precisó la Dra. Bahamone.

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Fuente: Dirección General de Investigación

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