Patrimonio rural del Aconcagua. Cuarta parte: Crianceros del Aconcagua

Crédito: INDAP

“La realidad socioeconómica del valle es variada pero, en general, las apreciaciones están centradas en la actividad agrícola, visión que puede comprenderse por las implicancias y la dinámica de este sector. Sin embargo, hay otros rubros que son trascendentes para las economías locales y, en este sentido, los crianceros son personas que han hecho de su quehacer un registro territorial e histórico que no puede desconocerse.

Así las cosas, debe entenderse que la ganadería a la cual haremos alusión está abocada al ganado menor, tal cual son ovejas y cabras en lo particular que, con su presencia, da una particular imagen del paisaje rural del Aconcagua, aunque no en todas las comunas es fácil de observar, salvo por los paños blancos que avisan a los viajeros la venta de quesos artesanales frescos o maduros que son un gusto al paladar y nos evocan tiempos ya idos en que la comida tenía un sabor distinto al que consumimos en la actualidad, en la que los productos tienen variadas mezclas de diversos elementos y que en nada se parecen a las preparaciones de antaño.

Resulta interesante que, para el caso de análisis de esta columna, definir al criancero, que a decir de varios autores es “como un productor/a familiar que se dedica mayoritariamente a la cría de ganado menor (caprino y ovino) y, eventualmente, al ganado vacuno”. Considerando lo indicado, las inversiones que hacen estos productores son a escala menor y eventualmente media lo que se refleja por los capitales involucrados, siendo el principal activo sus piños de animales a los que se les cuida con especial esmero y siempre preocupados  – sus dueños –  de hallar pasturas que permitan la alimentación de sus rebaños. Es así que durante el año y por las estacionalidades deben mover sus hatos respectivamente a las veranadas e invernadas, lo que convierte al criancero en una persona trashumante porque debe cambiar constantemente su ganado en busca de praderas temporales que sirvan de campos de piensos para sus manadas, en una práctica que es cada día más escasa de ver y registrar, y cuando se puede ser parte de esa vivencia es un registro patrimonial digno de observarse.

Sin embargo, la realidad climática está afectando de manera adversa a este quehacer y es tal la negativa situación, que en la actualidad solo en la comuna de Putaendo serían cerca de 600 familias las que actualmente se ven afectadas, es decir, 2500 personas, aproximadamente, muchas de las cuales por las adversidades han tenido que cambiar de rubro, por la crisis que se vive actualmente en el interior de la región. Dicho problema desafortunadamente es invisible para la mayoría de la sociedad, que solo es informada de temas que no tienen mayor trascendencia y que por la escala de los afectados no son considerados debidamente  en las decisiones y gestión del Estado central, que más bien hace  gestiones paliativas, carentes de prevención a largo plazo  y, más aún, cuando se trata de un recurso estratégico para la supervivencia y el desarrollo del país, cual es el agua.

En relación a la realidad del valle, cabe señalar que esta crisis propia del déficit hídrico no es actual, ya que en 2019 los agricultores, crianceros y ganaderos de la Provincia de Aconcagua exigieron al gobierno decretar zona de catástrofe en la región de Valparaíso, debido a la grave crisis ácuea por la que atraviesa. Fue en esa ocasión, en que se hizo saber al Ejecutivo (ministros del Interior y de Seguridad Pública de la época) que “debido a la privatización del agua y al fenómeno del calentamiento climático, hoy día se encuentran en una de las peores sequías de los últimos 50 años, la que ha cobrado la vida de 4 mil animales”.

El tiempo ha pasado y en la actualidad, por gestión del gobierno regional, se ha dado una respuesta asertiva con la compra de 52 camiones aljibes, lo que significará una inversión total de $ 5.022.706.000 millones, cuyo propósito es mejorar la operación, cobertura y distribución del agua para consumo humano en los sectores más vulnerables del territorio, hecho que en palabras del gobernador  Rodrigo Mundaca “es un proyecto que responde a las necesidades planteadas por los propios alcaldes, que da cuenta de la fragilidad hídrica que hay en la región” y que, en virtud de ello, para la provincia de San Felipe arribarán al menos 7 de estos móviles, que en sí responderán en lo básico a prestaciones urbanas, aunque no deberían dejar en segundo plano al mundo del pequeño campesinado, estrato socioeconómico en el que se asientan los esforzados y afanosos crianceros del Aconcagua”.

***Gastón Gaete Coddou,  geógrafo y académico de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, Universidad de Playa Ancha.

Columna de opinión publicada en diario El Trabajo de San Felipe, el miércoles  22 de septiembre de 2021

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