Más profesores, pero de mejor nivel

Las carreras pedagógicas son las más importantes que tiene un país. Especialmente para uno como Chile, que quiere basar su desarrollo futuro en el conocimiento. Por lo tanto, robustecer la formación docente es un imperativo, que debe recoger un apoyo unánime y a largo plazo.

Es también urgente, como lo demuestran las cifras en esta materia. Entre 2018 y 2021 se ha reducido alrededor de 58 por ciento la matrícula en carreras de pedagogía. En los dos últimos procesos de admisión a las universidades, el 51 por ciento de las vacantes ofrecidas en estas carreras quedaron sin cubrir. Un estudio desarrollado por Elige Educar estima que para el año 2025 habrá un déficit de más de 26 mil profesores idóneos en establecimientos educativos.

Esta caída, en períodos tan breves, es alarmante. Sus posibles causas son múltiples, partiendo por el problema estructural que sufren estas carreras en Chile en cuanto a reconocimiento social, remuneraciones aún bajas, alta carga de trabajo y la competencia con otras carreras profesionales y técnicas que tienen mayor retribución social y económica.

Un tema de tanta importancia como la educación es necesariamente muy complejo. Las soluciones a sus problemas deben ser igualmente difíciles y a largo plazo. Esto se aplica también a la formación de profesores, que es solo uno de sus aspectos.

Sirva como ejemplo lo que podría parecer un detalle: las exigencias para ingresar a las carreras que forman a los futuros profesores. Hubo un amplio consenso en elevarlas, en un proceso gradual de varios años, para así atraer a personas con verdadera vocación y una calidad académica que luego se traspasaría a sus alumnos en el sistema escolar. Creemos que este objetivo se está cumpliendo, lo que es positivo. Sin embargo, este mayor nivel de exigencias se demuestra contraproducente cuando lo combinamos con una de las causas de las bajas matrículas: posibles profesores eligen otras carreras con menores exigencias de ingreso, como las técnicas, que en algunos casos les garantizan mejores remuneraciones futuras.

Actualmente, se debate en el Senado un proyecto que permitiría prolongar el plazo en que estas exigencias se van elevando. Cuenta con el apoyo de las universidades públicas, que lo creemos necesario para enfrentar la actual crisis en el ingreso a los programas pedagógicos.

Allí reside el ejemplo de complejidad, porque este apoyo no contradice la postura básica: consideramos necesarios los niveles elevados de exigencias de acceso. No nos gustaría que se redujeran y volviéramos a tiempos no tan remotos, en que llegaron a la docencia demasiadas personas que no contaban con herramientas para dar una educación de calidad. Es solo que las actuales condiciones sociosanitarias obligan a darnos plazos más largos y enfrentar la multicausalidad de la crisis, no solo uno de sus aspectos.

Postergar la implementación de las exigencias de ingreso a carreras pedagógicas debería ir acompañado de una revisión de las políticas educativas, la articulación de las diversas variables involucradas y mejores condiciones laborales para los educadores.

Es lo que merece el futuro de Chile. Nada menos.

 

Patricio Sanhueza V.

 

Fuente: Columna publicada en El Mercurio de Valparaíso, sábado 11 de septiembre de 2021 (enlace para suscriptores).

 

 

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