Marcela Otárola Veas, profesora de Biología y Ciencias. Enfocada en transformar la vida de sus estudiantes con prácticas innovadoras

Con mucha sorpresa y humildad la profesora de Biología y Ciencias, Marcela Otárola Veas, se tomó la nominación de sus colegas del Liceo Politécnico América de Los Andes al premio Global Teacher Prize 2021, Chile. Y más aún, luego de clasificar dentro de los 20 semifinalistas al galardón, junto a profesores que están transformando las formas de enseñar, poniendo a sus estudiantes en el centro para que sean protagonistas de sus procesos de aprendizaje.

El premio organizado por Elige Educar, es reconocido a nivel mundial como el “Nobel de la Enseñanza” y, desde su llegada a Chile en 2016, ha relevado y celebrado la labor docente. En 2017 recayó en el profesor de Educación Tecnológica, Eduardo Cortés Inostroza, también formado en nuestra casa de estudios.

La profesora titulada en 2015 por la Universidad de Playa Ancha impulsa el interés de sus estudiantes por la asignatura estableciendo una relación directa entre los contenidos y la realidad que viven ellos. De esa manera, ha puesto un foco especial en el cuidado y preservación del medio ambiente, utilizando la metodología de Aprendizaje Basado en Proyectos con estudiantes de primero a cuarto medio.

Dentro de sus objetivos, la docente busca desarrollar estrategias que orienten y motiven a sus estudiantes, y al mismo tiempo, que puedan potenciar el pensamiento crítico, formando jóvenes comprometidos con su entorno.

– ¿Qué significa para usted estar nominada para este premio?
– Para mí fue muy inesperado que mis colegas y también estudiantes del liceo me nominaran, por lo que ya me siento ganadora con ese reconocimiento. Todo lo que he aprendido y forjado como docente en mi práctica se ha hecho con el tiempo. Estoy muy contenta por las muestras de cariño que he recibido.

– ¿Qué fue lo que la motivó a estudiar Pedagogía en Bilogía y Ciencias y dedicarse a la docencia?
– Siempre quise algo relacionado con la biología. Y postulé a la Universidad de Playa ancha, porque mi hermano, Carlos Otárola, estudiaba Pedagogía en Educación Física. Desde muy chica participé con mi colegio en regalar tardes felices a otros niños, organizándoles actividades didácticas los sábados o durante una semana del verano. Entonces, fui “tía” desde chica, creo que ahí nace mi cariño por la pedagogía. Y las ciencias siempre fueron mi área en la enseñanza media, así es que postulé en primera opción a Pedagogía en Biología y Ciencias en la UPLA.

– ¿Y cree que su formación en la UPLA ha influido en su forma de enseñar?
– Sin duda alguna. Lo que tiene la UPLA es que las prácticas profesionales pueden ser en todo tipo de establecimientos, y los establecimientos educacionales más vulnerables fueron los que me llamaron la atención. La universidad forja de manera transversal. Es muy minuciosa su formación pedagógica, entrega muy buena base y, desde el área de las ciencias, salí con muy buenos conocimientos que ahora puedo entregar a mis estudiantes.

Traspasando los muros del liceo

– ¿Cómo cree usted que impacta la vida de sus estudiantes? ¿A través de qué iniciativas?
– Desde lo personal impacto a mis alumnos con la cercanía, que se da después de varias clases y eso me lo entregó la UPLA. Igualmente, con la metodología de aprendizaje activo que se utiliza en el establecimiento, específicamente, con el Aprendizaje Basado en Proyectos. Desarrollamos iniciativas donde los estudiantes no solo planifican, sino también las ejecutan en la comunidad aledaña, como fue el proyecto de Ecofiltro para filtrar las aguas grises y con el que ganamos el primer lugar nacional del concurso “Creadores 2020”. También tenemos el proyecto “Ecos que no volverán”, “Salud y vida sana”, “¿Cuál es la huella del valle?”, entre otros. Esto hace que mis alumnos sientan que no soy yo la que tiene que reproducir el conocimiento, sino que son ellos los que tienen que adquirirlos y, en conjunto, vamos planeando algo para que la comunidad que está más cercana sepa de esto.

– Por tanto, su trabajo con los estudiantes logra traspasar los muros del liceo.
– Sí, sin duda alguna. Cuando trabajamos, por ejemplo, en “La huella del Valle” tenían que buscar fósiles, pero fueron un poco más allá y abordaron la arqueología de la cultura Koya, del Valle del Aconcagua. Para eso investigaron con sus abuelos y gente mayor que tenía conocimiento de esos hitos. Esto no estaba contemplado, pero los alumnos me sorprenden con esta metodología que impacta también en la comunidad, porque los papás adquieren ese conocimiento a través de una revista.

– Comprometer a los estudiantes con los problemas de su entorno debe ser un gran desafío.
– Cuando uno tiene un aula regular donde estás delante de los estudiantes en un escritorio, lo que se hace es transferir los conocimientos sin la indagación del niño, él no tiene que buscar la información. Entonces, para que se comprometa lo incorporo, haciendo una escucha activa de los propios estudiantes. Con esta metodología es factible que ellos mismos resuelvan sus preguntas, y nosotros pasamos a ser un ente moldeador, que los acompaña y los ayuda a investigar en conjunto.

Crear conciencia del cuidado medioambiental

– ¿En este contexto de pandemia cuáles han sido los desafíos pedagógicos que ha debido enfrentar?
– En un establecimiento educacional técnico el ámbito de las ciencias no suele ser de mucho interés para los estudiantes, por lo que se hace doblemente desafiante motivarlos. Eso en general. Pero en este tiempo de pandemia, lo primero complejo ha sido la conectividad, que los estudiantes tengan los instrumentos para conectarse y poder realizar las clases. No todos tienen las herramientas para ejecutar la clase que se planificó. Pero más importante que lo anterior ha sido abordar la salud socioemocional tanto de los alumnos como de mis colegas. Lo que deja la pandemia de positivo es avanzar en aspectos tecnológicos y aplicar esos conocimientos en una clase. Sabemos que podemos hacerlo y que los estudiantes también pueden. Y lo negativo, es este cansancio psicológico y emocional que se arrastra más de un año, el no poder estar en contacto presencial hace que la motivación vaya decayendo. Hay también estudiantes que han debido salir a trabajar para ayudar en sus casas, entonces se hace doblemente difícil motivarlos.

– ¿Cuál cree que ha sido su aporte como profesora de Biología?
– En este tiempo de pandemia he ayudado a mis colegas en el ámbito tecnológico por estar, generacionalmente, más vinculada con este tema. Pero creo que mi principal aporte es aplicar lo que trabajé y aprendí en el Herbario VALP de la UPLA con los profesores Rodrigo Villaseñor, Pamela Ramírez y también de la profesora Cecilia Rivera, creando conciencia de la importancia de la biodiversidad y del cuidado del medio ambiente.

–  ¿Y qué mensaje entregaría a los estudiantes respecto de por qué estudiar para ser profesora de Biología?
– Creo que ésta es una de las carreras que a una la deja con el corazón contento. Me siento muy satisfecha por lo que he logrado y por el cariño recibido de alumnos y exalumnos. Ser profesor es de las carreras que marcan no solo una vida, sino que a muchas vidas más. Los invito a integrarse a esta carrera, porque la Biología es hermosa.

• El 4 de octubre se conocerán los 5 finalistas del Global Teacher Prize Chile.

Pruebe también

Palacio Baburizza inaugura exposición “50 años de la carrera de Pedagogía en Artes Plásticas de la UPLA”

La muestra testimonial reúne 90 obras de artistas formados, entre 1971 y 2021, en la carrera que se dicta en la Facultad de Arte UPLA. Las visitas se extenderán hasta el 24 de octubre en la Sala Extensión, de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas.