“Recuerdo una universidad muy comprometida con el área social y con el desarrollo de un pensamiento crítico”


Mariela Karina González Donoso se tituló en 1995 como Periodista y Licenciada en Comunicación Social de la primera generación de la Universidad de Playa Ancha, luego de la reapertura de la carrera de periodismo más antigua del país en el año 1991.

Desde entonces trabajó en diversas instituciones, hasta que en 2014 emigró a Madrid junto a su esposo. Lugo de un comienzo difícil, Mariela transitó desde el periodismo hasta encontrar “su lugar de paz”, desde donde hoy ayuda a las personas a conocerse y gestionar sus emociones.

—Formó parte de la histórica generación de reapertura de la carrera de periodismo en 1991. ¿Qué significó para usted?
—Fue una experiencia única. Primero, porque al ser la primera generación de periodistas tras el cierre de la carrera, generó en la comunidad universitaria en general una gran expectativa. Se reabría la historia no solo de una carrera, sino que se estaba configurando también una nueva etapa para el país tras 17 años de dictadura. Por ende, en el ambiente rondaban muchos sueños, esperanzas de construir una nueva sociedad donde el periodismo jugaba un papel fundamental. Esto hizo que nuestra carrera estuviese llena de hitos, donde la reconstrucción de la democracia formaba parte también de una manera de hacer, ver, y relatar las cosas.

—Una vez egresada, ¿nos podría contar en qué instituciones se desempeñó?
—Al principio trabajé en medios locales y tuve la oportunidad de aprender de periodismo institucional en entidades como la Municipalidad de Quilpué y la Universidad Técnica Federico Santa María, en sus departamentos de comunicaciones. Fui asesora de comunicaciones de la Seremi de Obras Públicas, siendo la primera profesional del área en la institución, lo que me permitió conocer gran parte de la región y fui testigo de los avances y del mejoramiento de la calidad de vida de personas de zonas rurales, de pescadores y de la región en general, con la construcción de importantes vías como el Troncal Sur o el camino La Pólvora para Valparaíso. Tras estar cuatro años en esa seremi, fui periodista del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes de la Región de Valparaíso (hoy SENDA), también por cuatro años, para terminar colaborando como asesora de comunicaciones en la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) por 7 años antes de partir a España, trabajo que me permitió conectarme con la ciudadanía desde el emprendimiento y la innovación.
Todos estos trabajos me permitieron desarrollar no solo la comunicación corporativa, sino que fueron una gran escuela para la generación de estrategias de comunicación tanto externas como internas, y donde mi principal objetivo fue ser un puente entre las distintas políticas públicas de estas instituciones y la comunidad.

—¿Por qué tomó la decisión de emigrar a España, cuánto tiempo estuvo allá y cuáles eran sus planes?
—A España me trasladé con mi marido por una decisión familiar, específicamente a la ciudad de Madrid. Vivimos allí aproximadamente 7 años y nuestro principal plan fue cumplir con un objetivo familiar, ya que él es de allá, y tuvimos la suerte de desarrollarlo con creces. Todas las demás experiencias por ende fueron un gran aporte para mi desarrollo tanto personal como profesional.

—Probablemente, le costó mucho seguir su plan original. Entonces, ¿cómo se reinventó?
—En un principio, mi idea era poder trabajar como periodista, ya que es lo que había hecho por más de 15 años en mi país. Sin embargo, no fue tan fácil, por lo que me comencé a preparar en distintas áreas. Primero me formé como community manager, lo que me permitió serlo en la Asociación Profesional de Guías oficial de Turismo de Madrid. Tras ello, realicé un Máster en Comunicación Corporativa y Publicitaria en la Universidad Complutense de Madrid. Tras ver que el camino del periodismo era difícil continuarlo, comencé a buscar otras disciplinas que me hicieran tan feliz como lo hacía mi profesión y fue entonces cuando encontré nuevas y maravillosas áreas de desarrollo personal. Primero, formándome como maestra de yoga para niños y niñas en la escuela Om Shree Om de Madrid y luego como coach experta en inteligencia emocional y programación neurolingüística en la Escuela D’Arte Human & Business School de Madrid, la cual cuenta con más de 10 años de experiencia.
Mi reflexión sobre todo lo que fue sucediendo durante estos siete años de mi estadía en España me permite constatar que nada ha sido casualidad. El periodismo ha sido la base de todo, donde la curiosidad y las ganas de conocer personas han sido el motor de la mayoría de mis decisiones.

—¿A qué se dedica actualmente y por qué optó por este camino, tal vez muy alejado de su profesión? ¿Fue una decisión difícil?
—Soy una enamorada de las emociones, así que creo cursos para que las personas las conozcan y las aprendan a gestionar, lo cual me parece clave para generar sociedades construidas desde el conocimiento de quiénes somos, qué necesitamos y en definitiva vivir en mayor coherencia con quienes queremos ser. También realizo sesiones individuales de coaching y mi sueño es poder trabajar con estudiantes de colegios y universidades, donde creo que es muy necesario saberse gestionar emocionalmente. En Europa esto está cobrando gran importancia a la hora de seleccionar a personal para las empresas, por lo que pienso que es un importante aporte para lo que aquí también más temprano que tarde se requerirá.
Además, hago tutoría y mentoring para alumnos y alumnas de coaching en la escuela donde yo me formé como coach en Madrid, acompañando y asesorándoles en su camino de convertirse en coach profesional, resolviendo dudas y proporcionándoles feedback en sus procesos de aprendizaje. Y realizo clases de yoga para niños y niñas en familia bajo modalidad en línea, donde mis clases tienen el sello de ser “pedayóguicas”, ya que además de enseñar posturas de yoga y técnicas de respiración y relajación, por medio de juegos y canciones realizo actividades en qe la gestión emocional juega un papel fundamental.

—¿Nos puede contar cuál es la esencia de su trabajo, a qué personas ayuda?
—Para realizar todo lo anterior creé Trapa Yoga Coaching Formación (Instagram: @trapayogacoachingformacion), el cual nace con el objetivo de que seamos conscientes de que contando con un equilibrio entre nuestra mente, cuerpo y corazón, los cambios se realizan a consciencia y que vienen para quedarse, utilizando herramientas provenientes del coaching y del yoga. Trapa viene del mapudungún, cuyo significado es “Lugar de Paz” y eso es lo que ofrezco en mis sesiones de coaching, talleres de formación y clases de yoga, siendo mis principales valores la alegría, el respeto y la coherencia. En estos momentos estoy trabajando con emprendedoras por medio de la academia de emprendedores llamada “Mi Plan de Acción”, a cargo de Daniela Molina; realizo procesos individuales de coaching y realizó clases de yoga para niños, niñas y familias.

—¿Hay un componente creativo? ¿Publicaciones, por ejemplo?
—En pandemia creé un e-book que se puede bajar gratuitamente de mi web, llamado “12 secretos para conectar con tus hijos/as”, donde por medio de herramientas del coaching, el yoga y la inteligencia emocional los padres y las madres puedan acercase a sus niños y niñas desde el juego y el movimiento corporal, desarrollando en ellos, además, vocabulario emocional. También, junto a Natalia Rodríguez, quien es profesora de yoga para niñosy niñas, coach y psicóloga, creamos el juego de cartas “Juega rimando aprende jugando”, el cual tiene como principal objetivo que por medio de la rima y el juego los niños y niñas aprendan sobre: inteligencia emocional, mindfulness y relajación, respiración, actividades en familia y movimiento corporal.

—¿Piensa volver a ejercer el periodismo?
—Por medio de mi proyecto personal Trapa Yoga Coaching Formación, estoy constantemente utilizando herramientas del periodismo para comunicar mi quehacer por medio de mis redes sociales y web. Hoy participo además en un proyecto del Fondo del Patrimonio Cultural, donde, además de ser la encargada de participación ciudadana, apoyo el área de comunicaciones del proyecto, por lo que el periodismo está presente y lo seguirá estando directa o indirectamente en mi vida, ya que así quiero que sea.

—Finalmente, ¿qué recuerdos tiene de su paso por la universidad; sus compañeros, la UPLA de hace 30 años, los profesores, etc.?
—Recuerdo una universidad muy comprometida con el área social y con el desarrollo de un pensamiento crítico importante para lo que fue nuestra carrera. Se vienen a mi mente muchos profesores que dejaron muchas huellas en mí y creo que también en mis compañeros y compañeras. Éramos un grupo muy heterogéneo, tanto como a lo que nos dedicamos muchos de nosotros. Hay personas que destacan por su labor profesional a nivel nacional y muchos por el espíritu de lucha y ser aguerridos para el trabajo. Es que fue una generación que tuvo que luchar mucho para contar con condiciones mínimas para una carrera que no puede ser solo de tiza y pizarrón, como se decía antiguamente. Si bien no disfrutamos de todo lo conseguido, nos quedó la satisfacción de que sí lo pudiesen tener las futuras generaciones. A pesar de las dificultades, mis recuerdos son maravillosos, mucha solidaridad, entrega y apertura. Pienso que los periodistas de mi generación estamos preparados para desarrollarnos en cualquier campo, para reinventarnos, para aportar con una mirada crítica y social en cualquier equipo donde nos desempeñemos. Ese es nuestro sello y me siento orgullosa de ello.

 

 

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