Íconos patrimoniales del Valle del Aconcagua. Octava parte: Fiestas religiosas de la segunda sección

«En relación con esta parte del recorrido patrimonial por el valle, hay que resaltar algunos aspectos del patrimonio cultural intangible mueble, tal cual son las fiestas religiosas que se celebran en diversos escenarios y fechas, y que son propias de la impronta que la iglesia católica marcó desde el siglo XVI, hasta el presente.

En atención a lo indicado, hay íconos que son imperdibles para los efectos de aquellas personas visitantes, turistas, peregrinos y población local, que se sientan motivados por su fe o por conocer tradiciones locales y, en este sentido, resalta en la Noche Buena de cada año, la fiesta santa del Niño Dios de las Palmas, que se realiza desde el siglo XVIII (1775) en el santuario ubicado en la comuna de Olmué. Sobre este acontecimiento sociopatrimonial hay que consignar que la historia de éste indica que “un lugareño del sector de Caleu halló la imagen del Niño Jesús, la cual años después (1780) se la entregó a don Cástulo Roco por una cuartilla de harina flor”.

Se estima que, desde esa fecha, se produjo devoción popular y el poder milagroso de esta figura sacra se extendió más allá de Quebrada Alvarado, La Vega, La Dormida, Olmué y se mantiene viva en cuanto a su devoción hasta el presente.

Muy cerca de este sector hay otra celebración solemne que, en este caso, corresponde a la Virgen de las 40 Horas, actividad que se celebra el último domingo de febrero, precisamente, en la parroquia de la Santa Cruz de Limache.

Cabe indicar que, según reza la leyenda, la citada virgen fue encontrada por pescadores flotando al interior de un cajón en la bahía de Concón, llevándola a su caleta para honrarla y pedir favores, los que fueron concedidos. Pese a lo afincada del fervor local, los hombres de mar quisieron que la virgen tuviese una veneración mayor y, es así que la llevaron con esta finalidad a la localidad de Limache donde fue adquirida por don Juan Rodenas, quien pertenecía a la Cofradía de Nuestra Señora de la Purísima y hacia 1860 legó a la citada parroquia la virgen en cuestión. Desde esa fecha se ofrece una misa en memoria de su alma al inicio de la conmemoración de las 40 horas, nombre que coincide con este jubileo que consiste en adorar al Santísimo Sacramento sin interrupciones, un periodo de cuarenta horas,  tiempo  en el cual la iglesia católica “recuerda y se recrean los eventos que, desde la deposición de la Cruz, permanece el cuerpo inerte de Jesucristo en el Santo Sepulcro hasta que resucita”.

En otro recodo de esta sección del territorio aconcagüino y, precisamente en la comuna de Hijuelas, cada 16 de julio se conmemora la Virgen de la Petorquita, la cual también tiene una historia que, según el libro Mitos y Leyendas de Hijuelas “se dice que esta imagen de la Virgen fue traída por los españoles, como la mayoría de las demás imágenes religiosas que hay en Chile, y fue el Marqués de Azúa el que se la regaló a unos familiares de indios, que se había traído como criados desde Talagante a sus posesiones (era dueño de todo el valle), y tenía su mansión en la parte llamada La Peña”. Interesante es destacar no solo la divinidad por el fervor popular, sino que, en la fecha de aniversario las casas de los hijuelanos se adornan y hay convites familiares y de amigos.

Por último, cabe señalar la fiesta de San Cuasimodo, que en muchas partes del Aconcagua se celebra, pero con especial detenimiento en el ámbito rural, siendo una fecha que coincide con el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección. Para entender el significado de esta manifestación piadosa campesina, principalmente de Chile central,  en palabras de Identidad y Futuro se informa que es “una fervorosa guardia de honra montada que acompaña al Santísimo Sacramento llevado por el sacerdote a los enfermos…Es única en el mundo  y está entre las manifestaciones de fe popular católica, reconocidas por el Papa Juan Pablo II como un “verdadero tesoro del pueblo de Dios” (La Serena, 5 de abril de 1987)”.

Considerando estas y otras expresiones de fe, se demuestra que la religiosidad es un importante registro de hitos patrimoniales que no solo se expresa en lo inmaterial, sino en una cantidad de templos de gran valía arquitectónica y significado, lo que en su integrado es otro de los íconos de este vasto y pintoresco valle, tal cual es, el del Aconcagua».

 

***Gastón Gaete Coddou,  geógrafo y académico de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, Universidad de Playa Ancha.

Columna de opinión publicada en diario El Trabajo de San Felipe, el miércoles  7 de julio de 2021

 

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