“Mi principal desafío es educar a los adultos que ni siquiera sabían que los hombres podíamos optar por esta carrera”

Felipe Rojas Urrutia tiene 27 años y es educador de párvulos. Una profesión de “mujeres”, como lo ha escuchado miles de veces desde que decidió iniciar este camino de formación, basado en su firme vocación. Egresó de la Universidad de Playa Ancha en 2019 y actualmente es educador codocente en el kínder de un colegio en Viña del Mar.

De cómo ha sido este camino y los desafíos que ha debido vencer en un mundo que también discrimina a los hombres, nos relata este orgulloso y resiliente educador de párvulos, quien encontró en su profesión la manera más adecuada de brindar educación y protección a los más pequeños.

–Supongo que le han hecho esta pregunta muchas veces: ¿Qué lo motivó a estudiar Educación Parvularia, una carrera reservada tradicionalmente para mujeres?
–Principalmente me motiva la protección a la infancia, y porque cuando yo era un párvulo viví muchas malas experiencias en el jardín (en mi vida personal también). Las educadoras nos trataban mal. Crecí sabiendo que no quería que pasara nunca más eso. En la Educación Parvularia encontré las herramientas para poder aportar positivamente a la primera infancia.

–¿Tuvo el apoyo de su familia y sus amigos cuándo decidió que iba a ser educador de párvulos?
–Mis amigos y amigas siempre me apoyaron. Mi familia por parte de papá no, decía que era una carrera de mujeres (como si eso fuera algo malo) y hasta tercer año insistían en que me cambiara de carrera. Cuando salí, se veían orgullosos. Nunca les hice caso. Nunca me importó qué opinara el resto, sinceramente. Mi mamá siempre me apoyó, con la única condición de que lo hiciera bien y no me saliera de la carrera.

–¿Qué recuerda de su paso por la universidad, de sus compañeras y profesores, en el sentido de la integración y del trato igualitario?
–En un principio existía esta suerte de “discriminación positiva”, en donde siempre se me ponía en un altar por, básicamente, ser hombre, cosa que pedí que dejaran de hacer. Mi paso por la universidad fue una experiencia bella. Rescato a muy buenas profesoras. Con mis compañeras siempre hubo buena onda y nos llevábamos muy bien. Carreteábamos harto, me invitaban a sus cumpleaños y decían que era bueno tenerme como compañero.

–¿Cuáles fueron los principales desafíos a los que se enfrentó en sus primeros pasos como educador, en su práctica y ahora como profesional?
–Mi principal desafío es educar a los adultos que ni siquiera sabían que los hombres podíamos optar por estudiar esta carrera. Para algunos era un “bicho raro”, incluso un peligro para sus hijos, pero pronto entendían que estaba ahí por vocación y que era capaz de realizar las mismas tareas que una educadora de párvulos.

–¿Qué se necesita para ser un profesional exitoso en el ámbito de la Educación de Párvulos?
–Primero que todo, vocación y amor por lo que vamos a hacer. Ser educador de párvulos no es algo menor y tiene un peso importante en la sociedad. Si bien vivimos bajo el alero de diferentes prejuicios, es nuestra tarea elevar el prestigio de lo que significa ser educador infantil. También creo que se necesita harta confianza en uno mismo, actitud, personalidad, no tenerle miedo al ridículo, no creerse superior por ser adultos y olvidarnos de los estereotipos de género, que tanto daño le hacen a la sociedad. También se requiere estar en constante aprendizaje.

–¿Cómo ha sobrellevado las clases en línea? ¿Cuáles son, según su opinión, las principales ventajas y desventajas de este sistema? ¿Es posible educar a distancia?
–En lo personal, lo he disfrutado mucho. No conozco en persona a los niños y niñas de mi nivel, pero hemos sabido conectar haciendo juegos, conversando, etcétera. Y sí, yo creo que es posible educar a distancia, siempre y cuando se tengan las herramientas y preparación pertinentes para enfrentar a un grupo de 25 niñas y niños en formato en línea. Todo se puede aprender y es cosa de proponérselo.

–Según su opinión, ¿se hace necesaria una mayor presencia masculina en este ámbito de la educación?
–Por supuesto. Es importantísimo que de pequeños los niños y niñas vean que los hombres también nos hacemos cargo y nos ocupamos de sus requerimientos. Es importante que sepan que los hombres somos personas sensibles, amables, imaginativas y amorosas. Muchas veces esas características se les relega a las mujeres y no es así. Es un error social el que los hombres tengan que ser “más duros”.

 

 

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