Proceso constituyente, oportunidad para reflexionar

En 1910, cuando Chile cumplía su primer centenario de vida independiente, se desarrolló un gran trabajo intelectual y reflexivo para pensar el país del siglo XX. Cien años más tarde, en 2010, desaprovechamos la oportunidad de realizar un ejercicio similar para posicionarnos ante este siglo XXI que nos promete enormes desafíos y oportunidades.

Una década después se nos abre nuevamente la oportunidad de pensar Chile a través de otra vía, la del proceso constitucional, que permitirá debatir una nueva carta magna, que ayude a dar forma al Chile que queremos durante las próximas décadas.

En este proceso constituyente, las universidades tenemos un importante rol porque reunimos a muchos de los mejores intelectuales del país, formamos a los futuros profesionales, hacemos investigación y postgrado, y nos involucramos estrechamente con los problemas y oportunidades del entorno local, regional y nacional. También porque las universidades gozamos de la confianza de la ciudadanía, en momentos de amplia desconfianza hacia la mayoría de las instituciones.

Entre los temas del debate, uno de los principales debe ser la real descentralización que Chile necesita. Basta de que el nivel central tome las decisiones más importantes que impactan en las regiones, sin tomar en cuenta la diversidad de los territorios donde se aplicarán. Es el momento en que las regiones, provincias y comunas decidan su propio destino. Es necesario incrementar las competencias, atribuciones, facultades y recursos de decisión territorial, porque es ahí donde están los desafíos, problemas y oportunidades.

Esta descentralización necesaria para este siglo XXI es fundamental para el desarrollo local. Un desarrollo que se debe basar en la colaboración de gobiernos regionales, mundo productivo, mundo social y universidades regionales.

Las universidades, como formadoras de talentos, creadoras de conocimiento y comprometidas con la sociedad a la que nos debemos, tenemos mucho que decir en materia de desarrollo territorial, algo que suelen olvidar los gobiernos centrales. Cuando a la universidad se le concibe como una oferente más y a los estudiantes como consumidores, desnaturalizamos su auténtico rol y retrocedemos como país.

Esto se relaciona con otro tema clave: la investigación. Lo que invierte nuestro país en este campo es prácticamente nada, apenas 0,34% del Producto Interno Bruto. Solo la Universidad de California, en Estados Unidos, invierte anualmente unos tres mil 400 millones de dólares en investigación, cinco veces más que todo Chile.

En Finlandia y otros países que decidieron priorizar la educación para mejorar su calidad de vida, se asignaron los recursos necesarios para llegar a tener una educación de primer nivel, lo que incluyó también a la investigación. Chile no tendría los problemas actuales de desigualdad si hubiera dado un paso similar en el pasado, tras reflexionar sobre el país que quiere ser.

El proceso constituyente nos da esa oportunidad. Por supuesto, hay muchos otros temas de importancia y, en todos, las universidades deben hacer su aporte pensando en Chile. Crear una nueva Constitución, la primera en la historia del país con real participación ciudadana, nos abre la puerta para dar pasos sólidos y hacer las cosas bien, pensando en construir un futuro compartido y esperanzador, sin exclusiones y buscando inclusión y cohesión en toda la sociedad.

 

Patricio Sanhueza Vivanco
Rector Universidad de Playa Ancha
Presidente Agrupación de Universidades Regionales

 

Fuente: columna de opinión publicada en El Mercurio de Valparaíso, domingo 24 de enero de 2021 [acceso para suscriptores].

 

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