Proposiciones para la recuperación del río Aconcagua

“Sin duda la vena de vida del valle es el río Aconcagua, que desde milenios ha entregado su caudal para saciar las necesidades de agua de variadas actividades que, desde los Pueblos Originarios hasta el presente, se localizan y desarrollan a lo largo de sus 177 kilómetros de curso.

En cuanto a los alcances de esta columna de opinión, el objetivo de la misma va estar dirigido a la primera sección y, en particular, a la que hace riberas con la comuna de San Felipe. En ese sentido, el déficit de las precipitaciones en la última década de este siglo condiciona el uso del recurso hídrico con un alto grado de sustentabilidad y sostenibilidad, por lo que en una secuencia de proposiciones en ese marco se estructuran en la generación de potenciales alternativas destinadas a aprovechar el escaso suministro que corre superficialmente.

La primera idea es considerar en la ribera sur (convexa) en la que el Aconcagua deposita una gran cantidad de sedimentos de diverso calibre de diámetro, precisamente en estos recodos en los que hay un suelo arenoso incipiente se puede proceder a la reforestación con vegetación nativa e introducida, para crear microhumedales en los que la avifauna, por ejemplo, pueda encontrar sitios de descanso, alimentación y reproducción.

Profesor Gastón Gaete Coddou.

Para la construcción de estos nodos de vida silvestre se puede acudir a la construcción artesanal de gaviones, que en una geometría de disposición y colocación sirvan de contención ante crecidas inusuales y estabilicen relativamente bien las plataformas en las que se podrían plantar árboles de baja mantención, como son los sauces babilónicos o también conocidos como “llorones”. Estos últimos se pueden reproducir mediante el sistema de esquejes cortados en otoño e invierno, cuando las ramas no tienen hojas y obtener cepellones que al crecer son sembrados con distintas distancias.

A estos vegetales mayores se les podría complementar con la siembre y trasplante de las llamadas “colas de zorro” y juncos, conjunto florístico que, con el debido cuidado, puede reverdecer en  corto plazo puntos verdes en los que la población puede hacer uso de ellos (con una capacidad de aforo debidamente establecida) para diversos fines, tales como lugares de observación de vida silvestre, uso lúdico para capear el calor del verano y, si la imaginación se deja llevar, se podrían hacer estancos o pozones de agua corriente para el   uso recreativo de los mismos, siendo posible mejorar la calidad del agua si se usan alternadamente para su filtración y transparencia, filtros de arena en el canal de ingreso a estos espejos artificiales, que se adosarían a los ecosistemas indicados. Claro está que esta actividad debe estar acompañada con la debida conciencia de la limpieza y sin alterar la tranquilidad de los sectores dedicados a la supervivencia de animales y aves.

Todo este planteamiento teórico podría ser una realidad si se estructurara  una gobernanza territorial efectiva y eficaz, en la que los roles esenciales de la autoridad, comunidad organizada, universidades, empresarios u otras organizaciones que deseen adherirse, podrían ser capaces de  elaborar un programa de recuperación ribereña, que no solo haría florecer la vida, sino que  agregaría una cuota más de valor al patrimonio natural de la comuna sanfelipeña”.

 

***Gastón Gaete Coddou,  geógrafo y académico de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, Universidad de Playa Ancha.

Columna de opinión publicada en diario El Trabajo de San Felipe, el miércoles 11 de noviembre de 2020.

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