No debilitemos las universidades ni las ciencias

Crónicas publicadas en Europa hablan del considerable aumento de la inversión en ciencia, tecnología, innovación y educación superior. “Financiación en ciencia y tecnología 2021-2027. Invertir en investigación e innovación es invertir en el futuro de Europa”, dice una de ellas. “La partida destinada a I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) de carácter civil, sube cerca de un 80% respecto a los Presupuestos anteriores”, señala otra en España.

En Chile, el escenario es radicalmente opuesto. El martes pasado, al iniciarse la discusión en particular del proyecto de Presupuesto 2021, la Cámara de Diputados rechazó los recursos destinados a la Educación Superior Pública, al estar lleno de disminuciones y recortes. Este rechazo fue una señal de diputadas y diputados en apoyo a las universidades públicas. El rechazo obliga al Ejecutivo a repensar las asignaciones presupuestarias. Son estas instituciones las que investigan en Chile y, en ellas, se concentra parte importante del capital humano avanzado.

Las universidades del Consejo de Rectores calculan que sus ingresos en 2020 cayeron en 207 mil millones por factores exógenos, como aplicación de leyes mal configuradas, disminución de matrículas por la pandemia, apoyos a estudiantes vulnerables, académicos y funcionarios, menor recaudación de aranceles, morosidad y efectos de la cesantía en las familias, entre otros factores.

El Ejecutivo señala que las cifras globales de la educación superior aumentan dos por ciento respecto al año anterior, pero omite que en el presupuesto que se discute se reducen en diez por ciento los fondos institucionales, disminuyen los fondos basales, aumentan los costos por las medidas de seguridad y de protección que exigen la pandemia y las autoridades de salud, y disminuyen las remuneraciones, entre muchas otras variables. Existe una manipulación de datos, que incluso obligó al Consejo de Rectores a emitir una declaración pública desmintiendo afirmaciones infundadas y tergiversadas.

Realismo sería considerar y respaldar el aporte que hacen las universidades tradicionales. Estas instituciones son parte de la solución del problema social y económico actual y, por tanto, deben ser apoyadas.

Lamentablemente, como país no somos capaces de levantar la mirada, tenemos aún concepciones que nos separan fuertemente de países que observan que los recursos destinados a estos planteles son inversiones con sentido de desarrollo sostenible y duradero.

Desde la Agrupación de Universidades Regionales (AUR) hemos propuesto medidas que no aumentan la carga al erario estatal, sino que permiten aprovechar recursos de las universidades, como flexibilidad administrativa, reestudiar la propuesta de aranceles regulados y el modelo de financiamiento, condonar el reintegro de recursos de becas, dar facilidades de endeudamiento de largo plazo con garantía estatal y ampliar el acceso a recursos de los gobiernos regionales bajo ciertas condiciones. Hasta ahora, no hemos escuchado respuestas, sólo reina el silencio.

 

Patricio Sanhueza Vivanco
Rector Universidad de Playa Ancha
Presidente Agrupación de Universidades Regionales (AUR)

 

Fuente: opinión publicada en El Mercurio de Valparaíso, sabado 21 de noviembre de 2020 (enlace para suscriptores).

 

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