El desarrollo urbano de la ciudad de San Felipe. Segunda parte: ¿Cómo se formó la ciudad?

«Después del acto de fundación de la Tres Veces Heroica ciudad, se desarrolló un proceso de formación que, en su esencia, estuvo centrado en el establecimiento de sus fundamentos urbanos y administrativos, y para esos efectos, San Felipe el Real fue un modelo de nombradía, porque no solo el gobernador don Antonio Manso de Velasco concedió gratis los solares que estaban ubicados en el interior del perímetro citadino, sino también estimó que un incentivo interesante a considerar sería que, los nuevos residentes  pudiesen recibir títulos de nobleza, no sin antes imponer a las noveles familias  sanfelipeñas a cambio de tener un adecuado emplazamiento y las regalías indicadas, tener que financiar los gastos comunes que irrogó el proceso fundacional.

Es evidente que toda área funcional debe tener límites jurisdiccionales, que para estos efectos (1745) fueron al norte la estancia de Quilpué, por el sur el río Aconcagua, hacia el este el Tambo y el Almendral, y finalmente al poniente la divisoria del polígono fue el río Putaendo.

Profesor Gastón Gaete Coddou.

En cuanto a los pobladores, según Cruces y Vilches (2009) indican que “dentro de estos límites, estaban establecidas 113 familias, distribuidas  principalmente de norte a sur” y que “la mayor concentración se encontraba en el sector norte”.

Respecto de la administración territorial, el mismo gobernador dispuso que la Villa debiese ser regida por una estructura de autoridades encabezadas por  un alcalde, cuatro regidores, un alguacil, un escribano de consejo y un mayordomo, y desde esta perspectiva el 11 de septiembre de 1744, un decreto supremo confirió estos cargos a: don Jerónimo de Camus (alcalde), don Andrés de Gamboa y Ahumada, Alférez Real, don Manuel de Soto y Santibáñez y Luis Amuchástegui (regidores) y, por último a don José Urigoitia, (alcalde provincial).

Ahora el bien, es importante señalar que en relación al nombre de  San Felipe  tras tres décadas  de la fundación y considerando a las mismas autoras “el 1 de abril de 1770, se dictó una real cédula que concedió a la Villa, el título de ciudad, las armas y las divisas que la ennoblecían. Se le designaba también, su escudo de armas, compuesto de un escudo de gules y un castillo de plata y la punta del escudo de oro con las letras FF, de Firme y Feliz, separadas por una corona real, de aquí en adelante, se comenzó a llamar  ciudad de San Felipe el Real”.

Sin embargo, el desarrollo de la urbe y sus alrededores en el siglo XVIII tuvo diversos embates que frenaron un mejor horizonte. Es así que, la población de las cañadas se había apropiado de cuadras enteras de terrenos con el objeto de unir la propiedad urbana al fundo ubicado a continuación, lo que trajo como consecuencia la imposibilidad de construir casas y el posible desarrollo de la población.

A lo anterior se sumó que la actividad predominante del paisaje estuvo centrada en las actividades agrícolas, lo que redundó en un predominio rural que frenó la expansión y consolidación citadina, que también fue afectada por la migración poblacional a la naciente ciudad de Los Andes (13 de junio de 1791).

Súmese a lo descrito y según las autoras indicadas, que “los desastres naturales y sociales de mayor impacto en el siglo XVIII fueron: los temporales de 1748, que provocaron el desborde del río Aconcagua, y la destrucción del puente, ocasionando con esto, una merma en el  tráfico comercial;  el terremoto de 1751, que provocó la caída de edificaciones recientes como, el cabildo y la iglesia parroquial; y por último, la sequía de 1757, que disminuyó el tráfico de ganado  a Mendoza por el camino de Aconcagua, lo que ocasionó una pérdida importante para la ganadería local”.

En síntesis, la geohistoria local no fue tan distinta a otras locaciones dentro de la Capitanía General de Chile, y solo el tesón de los sanfelipeños pudo sortear con diversos grados de resultados el devaneo propio del agitado terruño nacional».

 

***Gastón Gaete Coddou,  geógrafo y académico de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, Universidad de Playa Ancha.

Columna de opinión publicada en diario El Trabajo de San Felipe, el miércoles 7 de octubre de 2020.

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