“Espero que en un futuro proyectos sociales como el mío sean más frecuentes”

Cuando se habla de epilepsia, generalmente lo asociamos a episodios en que algún paciente cae inconsciente al suelo y comienza con convulsiones.

Estos eventos son propios de las crisis tónico-clónicas, que describe la Liga Chilena contra la Epilepsia como de origen súbito, que comienzan con un desmayo, luego se desencadena una serie de reacciones involuntarias del cuerpo: éste se pone rígido, surgen convulsiones, los labios se ponen azules, se elimina saliva por la boca, su duración total es de 1 a 5 minutos y luego queda en un estado de sopor profundo. Puede haber mordedura de la lengua y relajación de esfínteres.

Ese es el impacto emocional y la incertidumbre con que viven las personas que tienen esta condición crónica, y fue el punto de partida del proyecto de titulación “Diseño e implementación de pulsera y del software asociado para la detección y emisión de alertas frente a ataques epilépticos”, del actual Ingeniero Informático del campus San Felipe de la Universidad de Playa Ancha, Diego Ramírez Machuca, que contó con la orientación de la académica Tatiana Ilabaca Wentelemn.

-¿Cómo surge la idea de realizar este proyecto?

“Surgió a partir de un caso de epilepsia tónico-clónica presente en mi familia, que me hizo ver el impacto emocional que se genera en el paciente y su entorno. Entonces, comprendí que ciertos pacientes necesitan de supervisión constante y que los dispositivos existentes, que permiten alertar de la ocurrencia de una crisis a un tercero, no se encuentran al alcance de la mayoría de la población en Chile por su alto costo”.

-Para ello, elaboró una pulsera ¿cómo funciona?

“Este dispositivo cuenta con una batería de 12 horas de duración, un pulsómetro y un giroscopio, los que realizan lecturas constantes del paciente y, cuando estas lecturas cumplen ciertas características típicas de una convulsión, se genera una alerta, vía llamado y mensaje de texto, con las coordenadas del paciente a un tercero.

Por ejemplo, cuando se detectan alzas en las pulsaciones, en este caso, una taquicardia y ciertos movimientos, entra en modo de alerta. Estas alertas se inician con un llamado que se realiza a un contacto, de una duración de cuatro segundos. Se corta e inmediatamente después llega un mensaje de texto con las coordenadas en dónde la persona sufrió la crisis”.

-Para llegar a esta solución debió poner en práctica varios de los conocimientos adquiridos durante su proceso formativo.

“Ciertamente, aquí se vinculó ingeniería de software, análisis de sistemas, bases de datos, multimedia, entre otros, que se fueron sumando en el hacer. Por ejemplo, el código que hace funcionar la pulsera fue desarrollado en un lenguaje de programación llamado C++, muy ocupado en aplicaciones ligadas al mundo de la robótica, como por ejemplo en los arduinos. La visualización de los datos capturados por la pulsera, tales como la fecha, hora y lugar geográfico de la convulsión, se realiza a partir de una página web programada en una herramienta de otro lenguaje que es TypeScript, muy utilizada para la creación de páginas web, desde donde se obtiene la información”.

La Ingeniera Civil Informática y profesora guía, Tatiana Ilabaca Wentelemn, complementa: “Es importante destacar que el trabajo de Diego Ramírez comprendió también el diseño y construcción de una pulsera en base a una serie de sensores y una carcasa con impresión 3D; el desarrollo del software asociado, tanto móvil como web, aplicando diferentes lenguajes y herramientas de programación. El software incorporó componentes tanto para la captura y registro de los datos de las crisis epilépticas, como para el monitoreo de las mismas, por parte del facultativo a cargo del paciente”.

-¿Cuál o cuáles son las principales diferencias entre esta pulsera y las que se comercializan en el mercado actualmente?

Diego: “En que las que están a la venta envían la información que capturan, en este caso las pulsaciones, vía bluetooth a un smartphone, el cual tiene una aplicación que genera las alertas, utilizando las coordenadas capturadas por el GPS de ese celular, lo que podría causar problemas al momento de que el paciente se quede sin batería, se aleje de la pulsera o quede sin conexión a bluetooth.

Mi pulsera incorpora un mecanismo de comunicación propio para poder llamar y enviar mensajes de texto, además cuenta con GPS. No necesita de un celular”.

-En vista que la pulsera fue parte de su proyecto de titulación, ¿tiene considerado seguir trabajando en ella?

Diego: “Claro que sí. Actualmente trabajo en mejorar la pulsera, depurando el código, modificando su tamaño e incorporando materiales hipoalergénicos. Esta iniciativa me tiene muy contento, pues siento que puedo ir en ayuda de quienes más sufren de esta enfermedad. Espero que en un futuro proyectos sociales como el mío sean más frecuentes y que cada vez seamos más los que luchemos por la integración de quienes más lo necesitan”.

-Profesora ¿Qué proyecciones cree que puede tener este tipo de iniciativas?

“Toda la investigación y tecnología utilizada en el proyecto, sin duda que abrió caminos hacia nuevas aplicaciones, no sólo en el área de la salud sino en otras y con múltiples propósitos. Manteniendo el resguardo legal y pertinente de la información subyacente, puede servir para la toma de decisión en diferentes ámbitos”.

-Y con respecto a los desafíos de la Ingeniería Informática, ¿cómo puede incidir en dar respuesta a “temas sociales”?

“Nos encontramos en plena cuarta revolución industrial, que está modificando la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos, y ad portas de la quinta. Por lo tanto, se requiere un nuevo perfil de profesional del área informática; un profesional con habilidades múltiples (multicapacidad), con conocimientos ágiles, dinámico, flexible y estratégico; un talento para nuevas necesidades, donde la tecnología esté al servicio de los valores humanos y la inclusión, nuevos desafíos sociales.

La informática está inmersa en estos desafíos y nuestros alumnos deben estar abiertos y preparados para ello. Hoy, con satisfacción, vemos que los alumnos del campus San Felipe están aceptando estos desafíos”.

Pruebe también

Patrimonio ferroviario del Valle del Aconcagua. Tercera parte: De La Calera a Los Andes

Columna del geógrafo y profesor de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, Gastón Gaete Coddou, publicada en diario El Trabajo de San Felipe, el miércoles 16 de septiembre de 2020.