La realidad que se está acabando. Primera parte: Saludos y convivencia.

Profesor Gastón Gaete Coddou.

“La situación geográfica de Chile nos situó durante mucho tiempo lejos de los centros mundiales de poder u otros aspectos como los conflictos armados a escala regional, hechos que nos permitían vivir con relativa paz social, la que se alteraba por diversas causas como los terremotos, que periódicamente provocaron daños y psicosis, pero no variaba con su ocurrencia, la convivencia de la comunidad nacional.

En consideración a lo indicado, el comportamiento colectivo demostraba por su aislamiento una idiosincrasia que desde siglos tuvo manifiestos conductuales que nos hicieron ser muy demostrativos en nuestros saludos y trato entre nuestros semejantes y más si la persona con la que  se interactuaba era extranjero, comportamiento que fue destacado por diversos cronistas y más recientemente por turistas y visitantes. Es precisamente esta disposición de cordialidad que nos hace ser cercanos e invitar – sin mediar casi excusa – al extraño a nuestro hogar, espacio privado, que se prepara de manera especial para atender de mejor manera al externo o al vecino, e incluso en más de una ocasión, ofreciendo al alero de la casa abrigo al más necesitado.

La afectividad de los chilenos, sin embargo, tuvo  una metamorfosis que se alteró entre las décadas de 1970 a 1980, cuando el quiebre de la democracia generó oscurantismo, en el que el respeto por los derechos humanos estuvo marcado por una alteración de las relaciones  en el vínculo cercano por diversas razones, ocasionado una ruptura en la esencia de la mancomunión nacional, suscitando desconfianzas y temores por represalias acerca de la posición ideológica o política que fuese antagónica a los dictámenes del gobierno de facto. Sin embargo,  este proceso fue desembocando paulatinamente en la unión de fuerzas que pretendían volver al cauce normal previo, consolidando así un frente común en el que la meta era el retorno al quehacer republicano, en el que la tolerancia y las libertades de expresión, fuesen un sello más de la convivencia colectiva.

Si bien, el nuevo contexto a partir de 1990 hasta el presente ha sido un proceso no exento de vicisitudes, las otroras prácticas civitas se fueron recomponiendo, por ejemplo,  con reuniones formales o no en torno a un café, el diálogo ciudadano se hizo expresivo y masivo, terminando en más de una oportunidad en el inevitable comistrajo, donde al ritmo de la música y una buena comida, se recomponían lazos familiares y se conocía a nuevas personas que engrosaban el tejido social y sus relaciones inherentes a él. Sin embargo, a pesar de congregaciones comunitarias en torno a metas sociales como son las necesidades de muchos postergados o carentes de necesidades especiales de salud, el sistema neoliberal, ha intervenido de manera profunda el actuar de la gente llevando al individualismo a un nivel extremo, situación que mueve a nuestra sociedad a la búsqueda de satisfacciones particulares, que en la mayoría de las veces, dependen del dinero y, por lo mismo, se dejaron de lado ciertos valores o cualidades que nos identificaban como una nación solidaria. Precisamente en este estrato de la historia social de Chile, se han levantado voces, que en su integrado, están promoviendo la recomposición de las relaciones, generando una vecindad unida y orientada a la promoción de metas comunes, en pro de una mejor calidad de vida.

En cuanto al último tiempo que nos ha tocado vivir, la pandemia del Coronavirus, ha impuesto un modelo conductual en el que el distanciamiento físico está en contra de nuestra cercanía de saludos y cohabitación, aunque las razones para este nuevo proceder, es evitar el contagio de esta cruel enfermedad que tantas vidas ha cobrado. Ahora bien, la inconciencia de algunos, está alterando el esfuerzo de la mayoría y, es así, como desjuiciados carente de empatía por el prójimo en una actitud inconsciente e indolente hacen jolgorios, que en sí son potenciales focos de vínculo cercano y, por ello de infección, cuyos torpes vectores pueden contaminar a grupos con mayor vulnerabilidad a este virus, como son nuestros adultos mayores.

En virtud de lo enunciado, urge una posición fuerte y clara por parte de la autoridad y de los organismo encargados de la seguridad nacional, para que de una vez por todas se tomen medidas ejemplificadoras respecto de estos individuos, que en su actuar y pensar, están imponiendo un indeseado efecto en el relacionar de las personas”.

 

**** Gastón Gaete Coddou,  geógrafo y académico de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, Universidad de Playa Ancha.

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