Mamá… ¿por qué no puedo ir al colegio?

El retorno a clases será una de las últimas actividades que se retomen cuando las condiciones estén dadas. Mientras tanto, los más pequeños deben ver el mundo exterior desde sus ventanas. Aun cuando las casas son el lugar más seguro en tiempos de pandemia, no todo es color rosa.

Sí. Todo depende de la edad que tenga el infante. Sin embargo, en distintos grados, desde que llegó el primer caso por Coronavirus al país, los niños ya han sufrido al menos de estrés, ansiedad y hasta pena, por no poder estar en contacto con compañeros de clases o los queridos “tatas”.

Si bien antes era una “fantasía” para los más chicos quedarse en casa por largos períodos y que la escuela simplemente cerrara, el factor común es el deseo de retornar a la cotidianidad y recibir clases presenciales para compartir esos anhelados recreos junto a sus amigos.

Las penas profundas

El sentir de los más pequeños no debe pasar desapercibido. Las lágrimas y sentimientos de desconcierto muchas veces revelan la necesidad de ser escuchados y tener alguna respuesta respecto a cuándo todo volverá a ser como antes.

Pedro Maturana, si bien es sociólogo, admite que atravesó una situación que superó cualquier experticia en los estudios del comportamiento humano y su profesión. Relata la historia de sus hijas, Renata, de 10, y Trinidad, de 4. La más chica ha sido a quien más difícil le ha resultado el encierro.

“Hace pocos días despertó Trinidad, mi hija menor, y fue bien impactante, ya que despertó con mucha pena, con una pena muy profunda. Lloró mucho y cuando traté de escudriñar esa pena, me manifiesta -dentro de la posibilidad de ella, ya que por sus cuatro años es poco lo que puede verbalizar de una manera lógica- que echa de menos a un par de amigos y amigas del jardín”, dice Maturana.

El instinto paterno fue contenerla, escucharla y darle una explicación en su lenguaje, respecto a lo que sucede y cuándo volverán esos ansiados días de colegio. En cambio, su hija mayor, Renata, se ha mantenido ocupada entre sus clases por Zoom de gimnasia y sus obligaciones escolares.

Aun así, repartir las tareas de los padres, quienes teletrabajan, crían, educan y mantienen el orden del hogar, es un desafío diario. “Hay que adaptar la casa, también algunos medios tecnológicos, hay que tener cosas que no están en la casa y que están en el Gimnasio. Ha sido un desafío establecer horarios para sus tareas y sus obligaciones y también la hemos intentado incorporar en las tareas de la casa, que no tenía hasta antes de la pandemia y ahora la hemos tratado de incorporar siempre en la tónica de poder ocupar la mayor cantidad de tiempo posible con ella y respetando también sus espacios libres”.

Pero, como todo humano, entre ensayo y error, el padre y sociólogo recomienda la implementación de rutinas. “Yo por iniciativa personal, tomo a las niñitas y las saco a algún lugar al aire libre donde no tengan contacto con otras personas, sino un lugar al aire libre. Creo que me ha resultado bien eso y lo recomiendo porque entiendo que hay mucha gente que no tiene los espacios suficientes en sus casas”.

¿Pr qué todos hablan de eso?

El coronavirus. El tema del que todos hablan en los medios de comunicación, en la calle y hasta en los mínimos encuentros presenciales. Por ello, los niños, que no están exentos de la realidad, notan que en el mundo exterior algo pasa. Los padres, en su rol educador, explican que se trata de un “bichito” que ronda por las calles y así logran dar a entender lo que pasa.

Así lo cuenta Elizabeth Soto, trabajadora social y mamá de dos niñas. Emilia, de 7 y Karla, de 4. “La chiquitita pregunta ¿por qué, mamá, todos hablan del coronavirus? Porque prendes la tele y están hablando. Llega alguien y lo conversas. Es un tema que está todo el rato presente. Entonces hemos utilizado videos que explican un poco que hay un bicho, que hay un virus afuera y no debemos salir, ya que nos podemos contagiar”, relata.

Como otros infantes, lo que las pequeñas añoran es la visita a sus tatas o algo tan simple como andar por las calles en sus bicicletas. Para sobrepasar aquello, Elizabeth confiesa tener la posibilidad de conectarlas con el mundo exterior, ya que tienen acceso a un campo donde se confinan cada vez que pueden.

Sin embargo, el día tras día no las libra de las obligaciones escolares y laborales. “A veces tenemos que permitirles más de lo que corresponde o más celular de lo que corresponde, porque tenemos que avanzar en nuestras labores. En un principio era como, ya, a una hora hacemos algo, después otra cosa, pero debido a la contingencia y que tenemos que responder a otras necesidades, eso va cambiando”.

En el caso de su hija pequeña, logró apelar a la flexibilidad para la entrega de asignaciones y con la mayor, saca el tiempo para cumplir con las tareas, ya que son evaluadas. Pero más allá de aquello confiesa sentir culpa ya que “al terminar el día, puedes tener una satisfacción en tu trabajo, porque cumpliste y porque tienes una felicitación de parte de tu empleador, pero te diste cuenta de que en el día estuviste poco con tus niñas”.

Lo que para ella ha funcionado es agradecer, en primera instancia, poder estar en casa con sus pequeñas y, además, el seguir teniendo el sustento diario. “Cumplir con lo que es necesario y relajarnos de nuestras rutinas. Estamos encerradas y es un tiempo en que hay mayor estrés en las casas. Hay mucha gente sin trabajo o gente que tiene que salir a trabajar obligada, porque si no, no hay plato. La situación es distinta en cada hogar”.

La recomendación

Por su parte, Yanina Gutiérrez, psicóloga del departamento Disciplinar de Psicología de la Universidad de Playa Ancha (Valparaíso), admite que realmente no hay una receta mágica que pueda servir para todos los niños por igual. Lo anterior, entendiendo que cada realidad es distinta y que algunos viven en espacios más reducidos que otros.

“Allí juega mucho el papel de acompañamiento que deben tener las otras personas que viven con los niños y niñas. En términos de emociones puede haber una variedad de cosas ahí presentes. También considerar que una necesidad bien importante de niños y niñas es jugar y desplazarse. En lugares estrechos, aparecen cuestiones distintas a lugares donde sí hay ciertas condiciones donde hay patio o posibilidad de tener más espacio o momentos de privacidad. Ahí hay que diferenciar esas cosas”, sostiene la experta.

Además, acota que en el encierro no todo deben ser emociones negativas. “No toda la situación de confinamiento tiene que ser una experiencia de sufrimiento, no necesariamente es así. Puede haber momentos que son más de tensión, porque puede haber las condiciones. Esto relata muy bien la mirada que deberíamos hacer, situadas a las condiciones que existen para vivir el confinamiento”.

En todo caso, el rol de los padres es fundamental a su juicio. La primera recomendación es hablar de la mejor forma posible respecto de lo que sucede afuera con la emergencia sanitaria. Es decir, en términos prácticos, no ocultar la situación de pandemia. Además, el acompañamiento en actividades educativas y de entretención es relevante.

“Ya que no hay salida a la escuela como institución de socialización, hay que volver a armar una estructura que permita a los niños y las niñas organizarse durante el día. Ahí es importante el rol de las otras personas que viven en la casa o que cuidan, me refiero a padres, madres, abuelos o aquellos que estén alrededor”, precisa.

 

Fuente: portada y páginas centrales del suplemento “Temas de Domingo“, del diario “El Centro”, de Talca, domingo 14 de junio de 2020. Aparte de la edición en papel, este reportaje fue publicado en la web del diario.

 

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