“Los museos en tiempos de incertidumbre son la herramienta esencial para que una humanidad en crisis pueda (re)inventarse, (re)conocerse y conformar un nuevo tejido social”

¿Cuál es el rol de los museos en tiempos de incertidumbre?
El museo siempre ha tenido un rol esencial para el desarrollo humano sostenible, es decir, como guardián de la memoria universal de narrativas, discursos provenientes de sujetos y objetos que generan un espacio de privilegio para la humanidad. En tiempos de incertidumbre, son la herramienta esencial para que una humanidad en crisis pueda (re)inventarse), (re)conocerse y conformar un nuevo tejido social. Principalmente, los museos de arte, ya que estos fortalecen la consolidación de las identidades universales y locales, construidas a partir de la expresión misma de paisajes culturales diversos, que conectan los imaginarios de lo verdaderamente humano, ya que interpelan la cultura, en sus construcciones y deconstrucciones, y además responden a las contingencias contemporáneas desde miles de nuevas miradas. Por lo tanto, a mi juicio, el museo es la certeza de que la humanidad puede rearmarse, reconfigurarse a partir de reconocer su pasado, interpretándolo en el aquí y ahora y, desde allí, conformar una visión de futuro.

¿Por qué hoy en día los museos no son instituciones esenciales?
La esencialidad de los museos no es un problema que haya surgido hoy, viene ya arrastrándose desde que los líderes mundiales deciden instalar otras visiones sobre el rol de la cultura y el patrimonio. Cuando estos se transforman en herramientas para el crecimiento económico y no para el desarrollo humano sostenible, el Museo queda al margen de lo que realmente es esencial: fortalecer los vínculos de las personas con sus territorios, tanto físico como simbólicos, pasando desde un “yo” individual, solo y aislado, a un “nosotros”, que comparte la memoria de un habitar colectivo cuyos correlatos históricos van quedando instalados en las diversas narrativas museológicas.

En tiempos de crisis, como el que estamos viviendo como humanidad, quedan al descubierto las muchas pobrezas que se han ido instalando desde que el sistema económico neoliberal tomó el timón y nos dirigió a un único puerto: el de las cosas materiales y su rápida obsolescencia, cuyas pérdidas son una forma de seguir generando el deseo de tener y volver a perder, una sociedad, tal como lo plantea Bauman, ahogándose en su propia liquidez. En este escenario la pregunta es ¿a quién le importa que los Museos sigan vivos? ¿Dónde están puestos los intereses de los Estados?

¿Cómo pueden los museos fortalecer su rol social, independientemente de que sean públicos o privados, grandes o pequeños?
Primeramente, debemos recuperar la conciencia de que tenemos una responsabilidad pública de la cultura, aunque los Museos sean privados en su dependencia. Cada cual tiene mecanismos para replantearse las políticas públicas culturales y establecer formas democráticas de distribución de los bienes culturales que posee. De esta manera, los Museos se transforman en zonas de contacto, tal como lo plantea Clifford (1999), zonas donde se articulan otras formas de participación y conformación de ciudadanía, desde donde se pueden leer los cruces y las hibridaciones culturales, generando relaciones productivas entre Museo y comunidad, rompiendo así las nociones paternalistas y hegemónicas de miradas que atentan contra los derechos culturales de las personas. Las herramientas de mediación crítica que se puedan establecer, que vayan en beneficio de generar espacio de criticidad, entrega la posibilidad de encontrarse con sistemas operativos, a partir de códigos abiertos, que posibilitan la construcción de conocimiento, pensamiento y acción y una educación situada de acuerdo a las interacciones que se producen entre el Museo y el ecosistema en que se inserta.

¿Museos: “Diferentes, desiguales, desconectados” (Néstor García Canclini)?
Pienso que es un buen ejemplo llevar la obra de García Canclini como metáfora de la realidad de los Museos, especialmente en Chile. No somos diferentes porque albergamos un acervo cultural del pasado así como o podrían ser otras culturas contemporáneas, como lo jóvenes por ejemplo. Desiguales, ya que el patrimonio cultural en esencia presenta una desigualdad en su apropiación, además que no incluye otras realidades culturales contemporáneas en donde los movimientos migratorios se entremezclan, se superponen, se hibridan, en fin, lo que produce un espacio intercultural complejo y desigual obviamente y, Desconectados porque, en la mayoría de los casos, los Museos siguen siendo un contenedor de cierta muestra de cultura que proviene de una idea moderna y ahora obsoleta de los que debe ser un Museo. Sin embargo, podrían encontrarse otros acercamientos con la obra de García Canclini, más interesantes y poderosos que esta humilde reflexión.

¿Es la virtualidad la única solución que tienen los museos para enfrentar la pandemia y, a la vez, es la respuesta para la igualdad, diversidad e inclusión?
En tiempos de pandemia en que la presencialidad del Museo se hace imposible, la virtualidad es, sin duda, una tremenda opción. Sin duda, ha habido una explosión de muestras artísticas impensables para tiempos normales. El Arte se ha tomado el espacio virtual. A mi juicio, posibilita, más que la igualdad y la inclusión, la circulación de expresiones de artistas que se instalan en un espacio mundial. Los Museos han sido capaces de demostrar que pueden ir más allá de sus propios muros y llegar a una mayor cantidad de público, que es lo que se dice. Sin embargo, nada reemplaza la visita presencial y el encuentro con el original, “en vivo y en directo”, además en un espacio en donde la atmósfera se carga de una energía trascendente, única y difícil de experimentar frente a una pantalla. Pienso que el tema de la inclusión no lo resuelve el espacio virtual, a mi juicio, la brecha se hace aún más grande.

¿Cómo convertimos a los museos en instituciones esenciales?
Un poco resumiendo y tomando algo de aquí y algo de allá de los párrafos anteriores. Sin embargo, pienso que si logramos que los museos acorten las brechas entre sus políticas museológicas y las necesidades culturales de las personas podrían llegar a ser un espacio indispensable no sólo para la ciudadanía, sino también, para la institucionalidad política. Si el museo instala trabajo y estructuras museísticas democráticas, se pueden llegar a generar procesos de mediación con los diversos colectivos, entidades políticas y educacionales, así como con otros agentes instalados en el territorio, para posibilitar una colaboración integral que salve a espacios tan importantes como los museos de la desidia, amnesia y desinterés por la cultura y las formas en que esta promueve la continuidad de los grupos humanos.

¿Está en el futuro de los museos, cuando todo esto acabe y se asuma lo que algunos han denominado como la “nueva normalidad”, un recorrido con alcohol gel, mascarillas, guantes y distanciamiento social?
Pienso que sí, las medidas de cuidado no las podemos obviar, sin embargo, pienso que junto a los elementos de protección individual se deben promover esos otros elementos que nos pueden ayudar a reconstruir un tejido social deshilachado, con zonas oscuras por el abandono de sus hebras, y que el distanciamiento social sólo sea el mantener una distancia espacial entre personas, muy diferente al distanciamiento social que, por ahora, nos aqueja como humanidad. Es increíble como en Chile la gente pide que se reactive la economía abriendo lugares de esparcimiento para tomar un café o compartir una cerveza con amigos. Hasta ahora, no he escuchado ni por parte de la institucionalidad política ni de la sociedad civil, la necesidad de reabrir los museos. Paradójico, ¿no? En la “nueva normalidad”, no existimos en el contexto del ocio y el esparcimiento.

¿Cómo el MUG planea marcar la diferencia y aprovechar este escenario para reinventar la forma de conectarse con su entorno?
El MUG nace como una nueva forma de enfrentar el espacio museístico y su relación con la comunidad, por lo tanto, la situación de crisis no ha hecho más que reafirmar nuestra política museológica y las estrategias de mediación y difusión que ya estaban pensadas. Desde su génesis, se planteó la necesidad de democratizar el uso de sus colecciones, así como su valoración por parte de la comunidad. Como institución universitaria, privilegiamos una política museográfica coherente con los principios museológicos que le dan origen, así como también la generación de conocimientos sobre el grabado y su impacto social, estrategias de mediación sostenible y respetuosa de los usuarios y sus entornos, así como la evaluación constante de su modelo y el impacto que este debe generar en las comunidades, locales y mundiales.

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