El valor de la educación pública

Los países con mayores niveles de desarrollo humano, social y material han concordado que la educación es la primera prioridad de política pública. Chile avanza tímidamente en este sentido y hay mucho camino por recorrer. La historia nos revela que nuestro país abandonó por muchos años a la educación pública, la maltrató y la pastoreó hacia un verdadero barranco, todo ello con graves consecuencias para los tiempos actuales y futuros.

La educación tiene efectos de muy largo plazo. Un estudiante de pedagogía que ingrese en 2020 trabajará hasta el año 2060 y la formación que entregue tendrá efectos, en una primera generación, hasta el año 2120 al menos. La falta de interés y desprecio que Chile ha tenido por la educación pública durante tantos años está pasando una cuenta muy grande. Las actuales generaciones son hijos de esa falta de visión política, una miopía inexcusable que no miró el futuro y tampoco quiso aquilatar que los impactos de una débil educación pública constituyen un pecado social que hipoteca a todo un país en el mediano y largo plazo. La educación escolar pública en Chile abarca al 92% de los estudiantes de los niveles básico y medio, esto es, la gran mayoría de la población.

En países como Finlandia, Suecia, Irlanda, Polonia, Noruega, Holanda y Dinamarca, entre otros, donde existe un activo rol del Estado, el interés por estudiar pedagogía es muy grande y la selectividad es rigurosa. Los profesores son líderes respetados y valorados por sus estudiantes, los padres y las comunidades, y tienen una gran autonomía profesional. Su reconocimiento es equivalente al de un médico, ingeniero o abogado, porque saben que ellos son los que permiten que se formen buenos profesionales, buenos ciudadanos, buenos emprendedores, personas respetuosas de la dignidad humana, conscientes del medioambiente y sociedades más democráticas.

Chile, en estos últimos 40 años, no ha apreciado esta muy fundamental y noble profesión; peor aún, la ha despreciado y maltratado. En 1990 un profesor ganaba al ingresar a trabajar 21 mil pesos de esa época, que era el sueldo que ganaban muchas personas sin estudios universitarios, y además debía devolver los créditos otorgados por el Estado.

El modelo planteado en Chile debe ser profundamente revisado porque existen áreas que son determinantes para un desarrollo más humano y socialmente responsable. Hemos construido un país desigual en muchas áreas, con claras inequidades, abusos y engaños, y ello se ha tornado más grave cuando constatamos que también lo hemos hecho en educación, porque ahí estamos arriesgando el futuro. Lo incomprensible es que sea el propio Estado el que preste estos servicios deficientes, con carencias y mal financiados.

Hay que reconocer que se han producido avances, como la carrera profesional docente que tiende a dignificar la profesión docente, aunque faltan ajustes. Sin embargo, es necesario un mayor apoyo a las universidades acreditadas que imparten carreras de pedagogía, porque hasta ahora tienen los subsidios a la demanda más bajos del sistema.

Chile no estaría sufriendo la profunda crisis social y política que hoy tenemos si no se hubiera descuidado tanto a la educación pública, en la que con verdadero orgullo nos formamos muchos de nosotros.

 

Patricio Sanhueza Vivanco
Rector Universidad de Playa Ancha
Presidente Agrupación de Universidades Regionales

 

Opinión publicada en El Mercurio de Valparaíso, domingo 1 de diciembre de 2019.

 

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