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Involucrar a los niños con el mundo laboral disminuiría fenómeno de los “Ninis”

A poco más de tres meses para rendir a PSU, el último estudio elaborado por la OCDE, que revela que el 21 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 29 años no estudia ni trabaja, cobra mayor importancia. Ello, debido a que la cifra de 500.000 personas que está en esta condición, ha aumentado a 800.000 en los últimos años en nuestro país.

Así lo asegura el psicólogo y académico de la Universidad de Playa Ancha, Juan Antonio Bustamante, quien sostiene que dos tercios de los jóvenes, llamados “ninis”(que no estudian ni trabajan) son mujeres, hecho que se vincula a la transmisión transgeneracional de la desigualdad.

Explica que esta situación afecta principalmente a las mujeres, porque son quienes realizan las labores de cuidado. Esto refleja la falta de oportunidades al vivir en un contexto de vulnerabilidad y marginación social. Se trata de mujeres que, normalmente, no han terminado la educación secundaria, viven en hogares urbanos, son pobres y su edad oscila entre 15 y 24 años.

Lo que vemos en el caso de las mujeres, es que prontamente tienen que hacerse cargo del cuidado de sus hijos, del cuidado de sus hermanos, del cuidado de personas mayores…y en el caso de los hombres, hay vinculaciones que tienen que ver con el mundo de la precarización de lo laboral y también, en algunos casos, las personas que no estudian ni trabajan se vinculan también a ambientes de delincuencia, drogadicción y narcotráfico”, sostiene el psicólogo.

Juan Antonio Bustamante

Agrega que este fenómeno está asociado a la deserción escolar que se concentra en los sectores más vulnerables. Por lo tanto –explica- si ese joven o esa joven dejó la escuela en segundo medio, es posible que se transforme en un “Nini”, porque probablemente no encontrará ningún trabajo donde le paguen más que el mínimo. Es más,  el especialista advierte que les resultará más difícil encontrar un trabajo estable, pues la mayoría de ellos son precarios y breves. En otras palabras, este fenómeno tiene más que ver con causas como la desigualdad, la pobreza, los bajos sueldos y las escasas políticas de inserción a jóvenes en el mundo laboral.

 Muchos jóvenes piensan para qué voy a trabajar, si nada en lo que trabaje me permite cumplir mi sueño. Lo que a mí realmente me gusta. Si en el sistema…  en el fondo nos está explotando a todos, para qué voy a trabajar. Entonces, al haber una situación que es un poco desesperanzadora en términos de lo laboral, muchos jóvenes se retraen o juegan sus identidades en términos del cuidado, en términos de ser mamás, de unirse a espacios de socialización más criminógenas, donde sí pueden encontrar rápidamente aceptación o posibilidades de acceder a los bienes que todos queremos”, afirma el psicólogo, quien asegura que el rol de la familia es clave para prevenir la ocurrencia de este fenómeno.

 ¿QUÉ HACER?

Para Juan Antonio Bustamante, las soluciones se deben generar en forma integral. Por una parte plantea que se requiere desarrollar un programa de carácter socioemocional que se debería iniciar en el  nivel escolar; incorporar al curriculum habilidades laborales (garantizar una adecuada transición de la escuela al trabajo); fomentar el autoempleo, por ejemplo a través del emprendimiento, y establecer fondos y apoyo económico para ello. En forma paralela, advierte que es importante el rol de la familia de estos jóvenes, cuyos integrantes no solo los contienen, sino también los motivan a emprender nuevos desafíos. En este contexto, destacada que es clave hablarle a los menores del mundo del trabajo, a fin de que se involucren con él, y realizar, por ejemplo, un enlace de por qué es importante asistir ocho horas al colegio, realizar las tareas, aprender y ser responsables.

 

 

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