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Lecciones de las que debemos aprender

El 2018 fue intenso en materia de movilizaciones estudiantiles. A lo largo del país, personas, agrupaciones e instancias relevaron la necesidad de poner en primer plano las cuestiones de igualdad de género, la diversidad y atender con urgencia un cambio cultural que logre modificar las complejas condiciones en que se desenvuelven las mujeres.

Un movimiento que no solamente colocó el tema sobre la mesa, sino que también permitió la generación de estructuras y normativas que hoy pueden hacer sentir a las mujeres y a la sociedad que avanzamos hacia comunidades, relaciones humanas y sociales más civilizadas. Falta mucho por hacer. Después de logros importantes conseguidos décadas atrás, como cuando Gabriela Mistral se convirtió en la primera latinoamericana en obtener el Premio Nobel de Literatura en 1945 o cuando la mujer pudo sufragar en Chile en 1949 de la mano de Elena Caffarena, se comienzan nuevamente a tratar problemas que emanan de una cultura machista normalizada.

Con la instalación progresiva de instancias especializadas que permitan estructuralmente estudiar, prevenir, contener y monitorear la inequidad de género y la diversidad; con los protocolos contra el acoso, el abuso, la discriminación, la educación no sexista, hasta decretos que posibilitan el uso del nombre social en las casas de estudios superiores, podemos ver la voluntad decidida de generar un cambio más profundo que derive en convicciones, conciencia y cambios conductuales.

En los compromisos adquiridos, algunos puntos se han cumplido y otros se encuentran en proceso. Lo importante es mantener la firme convicción de avanzar en las metas y objetivos trazados.

Con el fin de madurar en nuestro extenso camino por entregar excelencia en la educación a nuestras y nuestros alumnos, es necesario sacar algunas lecciones en beneficio de todos los universos estudiantiles.

Primero, la dignidad del ser humano, el respeto a cada una y uno de los integrantes de las comunidades, los derechos de todos y todas, la valoración de la vida humana, la tolerancia en la diversidad, la inclusión sin exclusiones; todos ellos paradigmas prioritarios y necesarios que debemos cuidar y trabajar para transitar con éxito en el proceso de cambios que queremos ver realizado.

Segundo, la violencia nunca puede ser considerada ni utilizada como una forma válida para lograr determinados propósitos, por muy altos, válidos y necesarios que se consideren. La violencia genera rechazo, deslegitima el medio y perjudica el fin.

Y tercero, debemos instalar todas las instancias y normativas necesarias que nos permitan continuar por el camino transformador, en una sociedad heterogénea, multirracial, intercultural, con distintas sensibilidades, que exige que estemos a la altura de las oportunidades que nos brinda la historia.

Estamos iniciando un año académico con metas y desafíos, por lo cual necesitamos dar cumplimiento a lo planificado. Son miles de estudiantes de pre y postgrado quienes necesitan cursar con normalidad sus etapas académicas. Necesitamos profesionales conscientes de su rol, bien preparados,  que asimilen todos los conocimientos y experiencias que requieren para, justamente, generar e implementar las mismas transformaciones que derivan de estos cambios y que la sociedad demanda.

 

Patricio Sanhueza Vivanco
Rector Universidad de Playa Ancha
Presidente Agrupación de Universidades Regionales

 

Columna de opinión publicada en El Mercurio de Valparaíso, domingo 24 de marzo de 2018.

 

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