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Universidades regionales, ciencia y desarrollo

En nuestros días, decir que “el conocimiento es un factor decisivo para el progreso de las sociedades” es simplemente un lugar común. Nadie pone en duda una afirmación tan obvia.

No obstante, la certeza de esta afirmación no crea realidad. Cabe tener presente que los territorios de nuestro país reproducen la desigualdad -característica de la sociedad chilena- en diversas formas y en distintos ámbitos. En este caso están las universidades, que son los principales vehículos de producción de conocimiento, particularmente la educación superior regional, que debe sostener su actividad en un marco de evidente inequidad, subsistiendo en base al esfuerzo y vocación de los estamentos que las componen.

Conocimiento y territorio -una fórmula imposible de eludir en perspectiva de desarrollo- parecen pesar poco en la reflexión de quienes hacen política pública. Chile necesita, de cara a un siglo que se presenta complejo, reforzar fuertemente la conjunción “conocimiento y territorio”. Para ello es necesario materializar un discurso que por momentos parece letanía: “El conocimiento importa”. Pero, en lo que a las universidades regionales se refiere, eso debe obligatoriamente tener un correlato en las asignaciones presupuestarias, porque este es el principal instrumento de política pública.

El actual gobierno, en su documento programático, declaraba su voluntad de: “Potenciar las universidades regionales para que cumplan de la mejor forma posible su rol, tanto en el nivel local como a nivel nacional e internacional”.

Quienes trabajan en las instituciones de educación superior regional no ven reflejada esta declaración en el actual proyecto de presupuesto y esperan que, en el marco del debate parlamentario, se alcance el grado de compromiso necesario para lograr el desarrollo y el progreso de la ciencia, el conocimiento y la innovación, que con denodado esfuerzo se realiza en amplias zonas del territorio nacional.

En estos días, los rectores de la Agrupación de Universidades Regionales de Chile se reunieron en la Universidad de Aysén, institución estatal recientemente creada. Allí se debatió con la comunidad universitaria y con los actores y autoridades de esa región sobre la necesidad de focalizar recursos para la investigación e innovación pertinentes a los desafíos de un territorio excepcional y único en el mundo.

Me parece oportuno destacar el profundo análisis que se hizo en ese encuentro de las nefastas repercusiones que ha producido en nuestras instituciones el dilatado e inexcusable atraso en la transferencia de los recursos de gratuidad por parte del Estado, que no solo impacta en el normal funcionamiento de las universidades sino que también retrasa planes y proyectos importantes.

La propuesta de presupuesto para las universidades regionales en ciencia, tecnología e innovación no da cuenta de política alguna que ayude a fortalecer el desarrollo regional. No hay conocimiento efectivo sin ciencia y no hay ciencia sin los recursos e incentivos necesarios.

Es muy importante recordar al conjunto de las autoridades que influyen en los presupuestos de las universidades regionales que hay que saber poner recursos allí donde se han puesto tantas palabras.

 

Patricio Sanhueza Vivanco
Rector Universidad de Playa Ancha

 

Columna de opinión, publicada en El Mercurio de Valparaíso, domingo 28 de octubre de 2018.

 

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