UPLA asesora a instancia regional en prevención de violencia escolar y el buen trato

violencia“Todo agresor lo es, como consecuencia de sentirse agredido objetiva o subjetivamente”. Esta es la tesis  central que sustenta la propuesta del Dr. Ángel Bustos Balladares respecto a la prevención de la violencia escolar o cultivo del buen trato entre alumnos, y entre profesores y alumnos del sistema escolar.

Esta propuesta se traduce en un plan que el Dr. Bustos, director del Departamento de Prácticas de la Universidad de Playa Ancha, trabaja con un equipo que asesorará a 25 establecimientos educacionales de 25 comunas de la región, a fin de disminuir los niveles de agresividad presentes al interior del aula.

La reciente reunión donde se abordó el tema, estuvo liderada por  Hugo Díaz,  encargado de la Unidad de Promoción y Resguardo de Derechos Educacionales de la Superintendencia de Educación, a la cual asistió Luis Alvarado, representante del Sename, además de docentes y profesionales del área psicosocial de la OPD (Oficina de Protección de Derechos de la Infancia y la Adolescencia) del Sename.

Reuniuón PrácticasLa inquietud inicial de este tema, surge en conversaciones entre el Ministerio de Justicia y Educación, a fin de buscar un sistema de colaboración en prevención de violencia escolar. En este contexto, se generó un proyecto en el cual los equipos de la OPD están siendo formados, entre otros  por  la Universidad de Playa Ancha, para prestar colaboración a los profesores.

“Se les ofreció a los colegios la posibilidad de recibir colaboración para prevenir la violencia escolar y promover un mejor trato. Corresponde a una asesoría que opera solo cuando el profesor lo solicita. Por lo tanto, nosotros como Universidad de Playa Ancha elaboramos una oferta de trabajo que contiene qué debería ofrecer este equipo y cómo abordarlo”, explica Bustos, quien sostuvo que se realizarán dos talleres por semana a fin de preparar al equipo de la OPD lo mejor posible.

Ideas principales

Entre las ideas que aborda el Dr. Bustos en estos talleres es que todo agresor lo es, a consecuencia de sentirse agredido objetiva o subjetivamente. Es decir, los niños y jóvenes, en general, responden a conductas amables o agresivas de otros, lo que dependerá de su sensibilidad y de los recursos personales con que cuente para manejar sus reacciones. Esto se relaciona directamente con su historia familiar, personal y escolar.

Agrega que el sistema escolar, a nivel institucional, debe ser amable, comprensivo, acogedor y afectuoso, al igual que el clima en la sala de clases. Sin embargo, advirtió que para que el programa logre lo que se busca, es esencial que el profesor se sienta feliz dentro del aula.

“La actitud del profesor afectará positivamente a los niños. Por lo tanto, si éste se siente feliz haciendo lo que hace,  sus estudiantes sentirán agrado de encontrarse con ese profesor y con sus compañeros. El docente es un líder capaz de modificar el comportamiento agresivo de sus alumnos”, dice el Dr. Bustos.

Sostiene que si se genera un clima seguro y acogedor dentro de la sala de  clases, lo más probable es que disminuyan las ausencias y deserciones, además de un menor registro de violencia en ese espacio.

“En resumen, en un espacio adecuado, se generará un mejor ambiente para lograr los aprendizajes. Allí surgen las ganas de estudiar y participar en forma activa. Todo esto está argumentado por investigaciones científicas. Por lo tanto, sí es posible que los niños transformen el aprendizaje en un gozo en vez de ser un sufrimiento”,  concluye  el psicólogo de la UPLA.

 

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