La actual Escuela de Niñas Ramón Barros Luco de Valparaíso, abrió sus puertas en abril de 1842, con el nombre de Escuela Elemental de Niñas N° 1 de Valparaíso.

En el año 1865 fue elevada a la categoría de Escuela Superior de Niñas N° 1 de Valparaíso, por el prestigio alcanzado en el siglo XIX.

El 26 de agosto de 1924, durante el gobierno del presidente Arturo Alessandri Palma, cambia su nombre por el de Escuela de Niñas Ramón Barros Luco, en homenaje al ex Presidente don Ramón Barros Luco, fallecido en el año 1919.

Hoy, al conmemorar su centésimo septuagésimo octavo aniversario, felicitamos a esta prestigiosa Escuela, porque se ha destacado por su Excelencia Académica.

El 26 de agosto de 1920, durante el gobierno del presidente Juan Luis Sanfuentes, fue promulgada la Ley N° 3564 de Instrucción Primaria Obligatoria, que vino a consolidar el sistema de educación primaria, que había desarrollado el estado en las décadas de 1840 y 1850, donde participaron activamente pensadores tales como Domingo Faustino Sarmiento y los hermanos Miguel y Gregorio Amunátegui.

La gran trascendencia de esta ley, se vio reflejada en el significativo aumento de alumnos/as matriculados/as en las escuelas fiscales. Es así como, en 1915, la matrícula de los establecimientos fiscales alcanzaba a trescientos treinta y dos mil niños y en 1925, había aumentado a cuatrocientos cuarenta mil.

El 26 de agosto de 2005, fue instaurado por el Ministerio de Educación, como el “Día del Profesor Normalista”, un merecido reconocimiento a la labor que han desarrollado los profesores/as egresados/as de las Escuelas Normales de Chile, desde la segunda mitad del siglo XIX.

Las escuelas normales preparaban a los/as futuros/as educadores/as con visión humanista, sólidos conocimientos en todos los sectores de la cultura y con una gran vocación al servicio de la educación de los/as hijos/as de nuestra tierra.

Felicito a la coordinación de la carrera de Pedagogía en Educación Básica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), a sus académicos y académicas por ser los/as herederos/as de esta labor sublime, y por el compromiso y esmerada alimentación intelectual con que han coadyuvado a la formación de tantos profesores/as de Educación Básica, que se desempeñan a lo largo de esta loca geografía.

Gracias

Luis Alberto Díaz Arancibia
Decano de la Facultad de Ciencias de la Educación – UPLA