Al celebrarse el Día Internacional de la Danza, el pasado miércoles 29 de abril, resultó pertinente conocer la trayectoria, el momento actual y las proyecciones de uno de los referentes más importantes de esta disciplina en nuestra Casa de Estudios: el Ballet Gimnástico, agrupación que tiene más de un cuarto de siglo y que dirige Amada Fuentealba, académica de la Facultad de Educación Física.

Profesora Fuentealba, cuéntenos sobre la historia del Ballet Gimnástico de la UPLA…

“El Ballet viene de lo que antes era el “Grupo de Difusión Gimnástica”, donde lo prioritario era la ejecución de movimientos. Allí, la danza era más bien algo complementario, ya que se privilegiaban las acrobacias, las piruetas y cosas por el estilo.

Viendo que la danza requiere un estereotipo de figuras -donde la dama es más bien delgadita, lo mismo los bailarines- y sabiendo que aquí los estudiantes vienen prioritariamente a conseguir un título y no específicamente a aprender danza, nos motivamos a conformar este grupo tal y como lo conocemos hoy. Por supuesto, fue mucho el esfuerzo para lograr el reconocimiento institucional que conseguimos con el ex rector, Óscar Quiroz Mejías”.

Con la camiseta bien puesta

¿Quiénes conforman en la actualidad el Ballet?

“El Ballet está conformado en la actualidad por alumnos de ambos sexos y de diferentes carreras, lo que nos permite – a la vez – trazar un eje interdisciplinario en nuestro quehacer. Por ejemplo, cuando hemos tenido presentaciones en países de habla inglesa o portuguesa, tenemos la posibilidad de contar con chicos y chicas de las carreras de traducción, que nos ayudan con la transcripción o traducción de los relatos.

Desde plano espiritual el sustrato de nuestro grupo está formado en base a jóvenes que, ante todo, se han identificado con la Universidad. Esto es, que se sienten partícipes de la institución y, por lo tanto, va adquiriendo para ellos otro perfil, otra connotación. Para muchos de estos estudiantes la UPLA es más que su casa de estudios.

La gente que llega aquí se siente tan acogida que se mantiene en el tiempo, después cuesta que se vayan, que se despeguen de esto. Hay alumnas que ya están afuera, que son profesoras o profesionales y siguen viniendo o quieren volver. Más de alguna vez he escuchado un: “profesora, a qué hora están entrenando. Me gustaría volver”.

¿Qué es lo que le motiva a guiar este grupo?

“Me motiva enormemente el hecho de que los alumnos y las alumnas se sientan orgullosos de su Universidad. Ese espíritu de estar representando a la UPLA ante la comunidad para mí tiene un valor incalculable. Primero, porque eso los acerca a lo que debe ser el alma mater de esta Casa de Estudios, es decir, “yo me la juego por la UPLA”. Eso lo tienen muy presente los estudiantes, el tener la camiseta bien puesta”.

Al servicio de la comunidad

¿A qué público orientan su quehacer?

“Hacia la comunidad. Siempre hemos pensado que lo que hacemos va hacia aquella parte de la comunidad que no tiene acceso a estas presentaciones. Para mí es importante, y siempre lo ha sido, que como profesora, formadora de una Universidad Estatal donde suelen venir alumnos que no tienen posibilidades de estudiar en otro lado, los chicos se acerquen a la cultura y, por cierto, acercar la cultura a la población. Por lo mismo, los primeros invitados son siempre alumnos, padres, apoderados y profesores de colegios, generalmente vulnerables, o bien, recorremos las juntas de vecinos o instituciones y, además, si ellos nos llaman, vamos. Por ejemplo, la celebración del Día de la Actividad Física o un homenaje a alguien”.

¿Qué tal es la asistencia de público a sus presentaciones?

“No sé, te cuento que en la presentación de “Víctor” el año pasado en el Teatro Municipal, había más de mil personas. Estaban el primer y el segundo piso copados, tanto así que tuvieron que abrir arriba, y allí mismo nos comentaba la gente a cargo que era muy difícil que eso se llenara tanto.

Es que en todo involucramos a las familias de los propios alumnos. El teatro o los lugares donde nos presentamos se llenan, porque finalmente convocamos por todos lados”.

Si tuviera que escoger un momento importante relacionado con sus presentaciones ¿Cuál sería?

“Muchas son las ocasiones en que alumnos o los egresados nos han invitado a colaborar con alguna presentación en sus colegios o instituciones, pero recuerdo una instancia en particular que nos dejó muy marcados a los que participamos. En La Ligua, recuerdo, querían hacer comedores abiertos para unos niños y en un primer intento por comenzar la construcción, nos llamaron para construir la base, la obra gruesa que le llaman. Les fue tan bien que nos llamaron para la otra y, con el dinero de esa presentación, techaron. Una tercera presentación sirvió para que compraran las sillas, muebles, cubiertos y otras cosas.

Recuerdo que cada una de esas ocasiones íbamos a comer a las distintas casas de los niños o de las personas que invitaban. Sin embargo, la última vez que fuimos, nos llevaron a un lugar a cenar y, cuando estábamos a punto de cenar, un señor, todo emocionado, con todos nosotros ahí sentados a la mesa, nos dice que ese lugar, ese mantel, las ollas y los platos que estaban frente a nosotros, era todo obra y gracia de nuestras presentaciones. Eso fue impresionante. Fue una sensación realmente especial. Obvio, terminamos todos emocionados con este golpe anímico. Esas son las cosas que este ballet tiene.

Desde otra perspectiva, se puede destacar la relación con el canal de televisión ARTV, que el año pasado transmitió durante todo el año el baile “Vuela Mujer”, espacio de 55 minutos, que nos permitió mostrarnos y, por supuesto, hacer publicidad gratuita para nuestra Universidad. El Canal de la Cámara de Diputados también transmitió otro proyecto que nos abrió también puertas para ser vistos afuera. Eso significó, por ejemplo, que hubiera chicos y chicas de otras universidades interesados en venir a conocernos y a formar parte del Ballet. Hoy hay dos o tres estudiantes de una universidad hermana, hija de la misma madre que nosotros, alumnos y alumnas de la Universidad de Valparaíso forman parte del elenco.

En realidad, hay tantos momentos que recordar que se me haría poco el tiempo para exponerlos. Imagínate, con las presentaciones que hemos hecho en el extranjero, muchas veces nos preguntan sobre la información académica de la Universidad. En Perú, Panamá, Brasil, en todos lados ha habido jóvenes que se acercan y que se quieren venir a estudiar a la UPLA luego de vernos”.

Proyecciones

¿Qué se viene para este año?

“Tenemos para este año una cuestión bien importante, pero no sé si sea posible de financiar. Hay un evento en Guayaquil – Ecuador- que es un iberoamericano al que hemos asistido en casi todas las ocasiones, dejando en cada una de ellas a la Universidad en muy buen pie. Incluso, con felicitaciones de los embajadores en los países donde hemos estado o nos han hecho reconocimientos públicos los organizadores, con fotos en los diarios.

Bueno, eso es lo que se pretende hacer hacia fuera. Ahora bien, internamente, estamos participando por un Proyecto de Creación Artística que trata sobre poetas iberoamericanos a recomendación del Vicerrector de Desarrollo, Luis Börk. Ahí, entonces, tomaremos algo de escritores nacionales, como Neruda o la Mistral, mezclados con Nicolás Guillén de Cuba, alguien de México, de Perú o Argentina y armar algo que, ahora que lo pienso, suena bastante al sueño bolivariano, donde somos todo uno solo.

Ahora, salgan o no los fondos de este proyecto, el Ballet sigue con sus presentaciones igual, o sea, el Ballet no para, tiene que estar constantemente preparándose para actos, homenajes e invitaciones”.

¿Cuál es su visión de la cultura? ¿Qué hace el Ballet para ello?

“A este respecto, yo siempre he pensado que el conocimiento y las artes no tienen fronteras. Recuerdo una oportunidad en Argentina, estábamos haciendo un taller y debatían dos alumnas sobre el sol y la montaña. Una de ellas, una argentina, señaló que “el sol sale por el mar y se esconde por la cordillera”, mientras que la chilena, increpándole duramente le hizo ver lo contrario: “El sol sale por la montaña y se esconde en el mar”. Se arma, entonces, una discusión acalorada, como si con ello se resolviera el problema. En eso, tomo la palabra y digo: “En cuanto a las artes, en cuanto a la cultura, no importa por dónde salga el sol. Lo importante, es que salga”. Claro, me fui de aplauso.

Ahora, convengamos en una cosa: Cultura no es cualquier cosa, ni bailar en cualquier lado. Creo que cada cosa tiene su respeto, su lugar, su parámetro para ser bien ubicado. Pongo un ejemplo, estos carnavales que se celebran en Valparaíso, traen consigo tomatera, drogas y algo que en mis principios como formadora no puedo compartir. En ese sentido, no me gusta que se use la palabra cultura, en esos eventos que convocan inclusive a infringir leyes y convocar al libre albedrío.

Otro tema que a veces se confunde con la cultura es “el hacer por hacer”. Esa es una característica que está implantada en nuestro país, en nuestras instituciones. Se busca constantemente hacer cosas para que después no digan que no se hizo nada. El hacer por hacer tiene su peligro. Ese peligro hay que saber medirlo, porque muchas veces es preferible no hacer nada si no se hace conforme a una pauta valórica, a una planificación.

A mí me preocupa mucho, como formadora, el mensaje que transmitimos tanto en calidad como en difusión a las nuevas generaciones. Esa es parte de las responsabilidades que, personalmente, me he preocupado de transmitir a los integrantes del Ballet. Para eso, nosotros hacemos lo que hacemos. Para eso, nosotros recorremos toda la población llamando a la gente, especialmente la de los cerros a ver lo que hacemos, mostrando algo más depurado que lo que se suele mostrar en otras partes. Le damos un perfil más académico, más formador, con mensajes y fundamentos sólidos, investigados. Eso nos preocupa, eso nos mueve. Nosotros no bailamos por bailar, ni hacemos por hacer”.