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Frente al rol de la mujer: “Es necesario mirarnos sin miedo y hacernos cargo de lo que tenemos que transformar”

A fines de marzo se creó la “Comisión de Igualdad de Género AUR – CRUCH” conformada por representantes de las 27 universidades que de Arica a Magallanes conforman el Consejo de Rectores.

La delegada de la Universidad de Playa Ancha fue la Dra. Macarena Trujillo Cristoffanini, académica de la Facultad de Ciencias Sociales, con quien conversamos sobre esta instancia que busca generar políticas que aborden la equidad de género dentro de las universidades, a través de la generación de diagnósticos y estudios, que permitan crear espacios colaborativos de trabajo entre las diferentes universidades apuntando a este horizonte común que es promover de forma activa las políticas y las distintas estrategias destinadas a promocionar esta temática.

Dicha comisión está compuesta por decanas, académicas y representantes de las unidades y centros de investigación vinculadas a temas de género y feminismo, entre otros. En el caso de la académica del Departamento de Sociología, ella es Máster en género (Universidad Complutense de Madrid, España), doctora en Sociología (Universidad de Barcelona, España) e integrante de la Comisión interdisciplinaria de Estudios de Género (CIEG) y del Observatorio de Participación Social y Territorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UPLA. Sus principales líneas de investigación son teoría feminista, sociología del género, sociología de la maternidad y familias monomarentales.

Desde una perspectiva sociológica, feminista y académica, la Dra. Macarena Trujillo Cristoffanini nos habló sobre equidad de género, educación sexista, trabajo en equipo como grandes ejes que se abordarán a nivel universitario.

-¿Cuál es la importancia que se haya creado esta Comisión de Igualdad de Género?

“Las universidades están asumiendo que es necesario explicitar los mecanismos por los cuales se van a abordar las diferentes desigualdades de género que se dan en sus aulas. Tenemos que pensar que cualquier situación de desigualdad dentro de las universidades no es exclusivo de ese espacio sino que es reflejo de una sociedad patriarcal, por lo tanto las desigualdades que surgen de esta estructura social se manifiestan en los espacios universitarios donde se reproducen, naturalizan e invisibilizan estas prácticas. Constatarlas es un paso, lo siguiente es generar políticas en las universidades que lleven hacia transformaciones sociales que se proyecten en mejores condiciones simbólicas y materiales en el contexto de las construcciones de género y sus desigualdades”.

-¿De qué forma se puede trabajar la equidad de género en la universidad?

“Hay dos aristas respecto a cómo la universidad puede promocionar la equidad de género una es por medio de la promoción de estudios, diagnósticos, experiencias y estrategias sobre equidad entre mujeres y hombres en la sociedad en general. La universidad es un espacio donde se puede analizar la situación actual que vivimos las mujeres y explorar mejoras en el futuro. Por otro lado, son espacios de reflexión, de pensarse a sí mismo como se reproducen las mismas desigualdades estructurales de la sociedad. Una estrategia para promover la equidad de género es pensar políticas que apunten a promover la equidad en las relaciones sociales entre hombres y mujeres”.

-¿Cuál es su opinión con respecto a la ausencia de mujeres en las rectorías de las universidades del Consejo de Rectores?

“Las mujeres tendemos a estar subrepresentadas en cargos de poder, aún hoy en día siguen estando enraizadas a idearios y estereotipos tradicionales con respecto a la feminidad y masculinidad. Cuando hablamos de estereotipos, estos señalan que las mujeres no estamos preparadas para el poder; para lo público en definitiva porque tradicionalmente se piensa que nuestro espacio ha sido y nos corresponde por naturaleza, lo privado, lo reproductivo y no lo productivo que es donde se observa simbólicamente el espacio de la ciudadanía, del poder, del liderazgo. Por eso cuando mujeres tienen ciertas actitudes de liderazgo, le atribuimos características negativas como de mandona o dominante, pero cuando las realiza un varón le atribuimos características positivas.

Si bien no son acciones conscientes, está instalado en nuestras concepciones e imágenes de realidad. Asimismo se ha visto que en todas las esferas de la sociedad, existe una división horizontal y vertical, la primera de ellas dice relación -por ejemplo- a mujeres y hombres que siguen optando por carreras tradicionalmente femeninas o masculinas.

En tanto, la vertical plantea que las mujeres no acceden a puestos de poder o de alto mando y eso también pasa en las carreras de las académicas y de las investigadoras. Hay diversos estudios que respaldan esto a nivel nacional e internacional, Wenners y Wold señalan que el mero hecho de ser hombres puede equivaler a 20 publicaciones más. En España, De la Rica y Dolado plantea que si se toma en cuenta la edad, antigüedad en el grado de doctor/a, campo de conocimiento y productividad académica, la probabilidad de que algún profesor titular sea promocionado a catedrático es 2,5 veces superior a la de una mujer con las mismas características personales, familiares y profesionales.

Siguen existiendo sesgos a la hora de evaluar las habilidades y cualidades de mujeres y de varones. Como último ejemplo, hay una investigación realizada por Moss-Racusin que buscaba dar cuenta de estas discriminaciones de género, ellas crearon un curriculum exactamente igual y a uno le pusieron el nombre de John y al otro Jennifer, ambos los enviaron a diferentes lugares y el currículum de John fue mucho mejor evaluado que el de Jennifer, pese a que eran los mismos.

Hay otras investigaciones que dicen que cuando los varones realizan una carrera científica no deben optar por la paternidad, pero en el caso de las mujeres deben optar o no por la maternidad, deben tomar una decisión. La evidencia internacional apunta a que alrededor de dos tercios de las mujeres que optan por carreras académicas no tuvieron hijos, es decir, que sigue teniendo que ser una opción la vida familiar o la vida laboral, en cambio para los varones pueden conciliar las dos porque los ámbitos domésticos y reproductivos siguen sosteniéndose por medio de la vida de las mujeres”.

-La Asociación Red de Investigadoras propuso integrar al sistema de acreditación de las universidades chilenas el ítem de equidad de género, ¿cuál es su opinión al respecto?

“Creo que es una propuesta lúcida. A nivel histórico los cambios en torno a los derechos de la mujer han surgido porque diferentes movimientos y espacios de mujeres y feministas han presionado por esa transformación y en esas expresiones también han tenido que llevar adelante una serie de cambios institucionales para que estos se generen y se mantengan en el tiempo y después los integremos como lógicos. Es una propuesta interesante y necesaria, como también lo fue -en su momento- que Conicyt actualizara su Política de Equidad de Género y con ello abordara las brechas, barreras e inequidades existentes, como por ejemplo ampliar a un año más el periodo de producción académica en el caso que la investigadora haya tenido hijos. Eso hace 10 años atrás parecía ilógico, irrelevante e innecesario porque algunas mujeres postergaban su maternidad. Ahora se necesitan estrategias que desnaturalicen, visibilicen, erradiquen y promocionen otro tipo de relaciones sociales”.

-Otra de las propuestas que se han planteado en esta línea de equidad de género al interior de las universidades es generar cuotas de participación de mujeres en altos cargos.

“Es una propuesta interesante y muchas veces necesaria en el marco de estas desigualdades estructurales que evidenciamos las mujeres cuando siguen caminos de transformación y de mayor equidad puede que no sea necesario, pero en la actualidad ciertamente lo es”.

-Anteriormente, mencionaba la importancia de promocionar carreras eminentemente femeninas o masculinas para que sean cursadas por quien tenga interés en ella, independiente de su género. ¿Esa es una forma de promover una educación no sexista?

“Son varias dimensiones, esa podría ser una de las aristas, en definitiva es tensionar los roles tradicionales de género. En esa línea, se cree que Educación Parvularia debe ser cursada solo por mujeres, se entiende que parvularia es el continium biológico de la maternidad hacia la profesionalización de la maternidad, entonces se entiende que un varón no tiene nada que hacer ahí, cuando no es así, el cuidado de los niños y niñas se aprende, es una actividad cultural y no biológica. Esa sería una de las dimensiones, hay otras que son más invisibles que dicen relación con que se sigue promocionando la división sexual del trabajo, por medio de la educación. Algunas autoras lo llaman currículum oculto de género y plantean que en la matemática o en la biología, no solo se enseña la matemática o la biología sino que también se enseñan y se legitiman el sistema sexagenero, es decir las atribuciones o las cualidades que se entienden biológicas y naturales de mujeres y de varones, eso también hace referencia a una educación no sexista. Enseñar, por ejemplo, el papel de la mujer en la historia y no solo el de las mujeres “famosas” que son importantes ciertamente, pero también lo son aquellas que han sostenido el ámbito reproductivo que hace posible también la vida pública y que nos permite darnos cuenta que en el ámbito “privado” también hay cultura, relaciones sociales, relaciones económicas, dimensiones que son parte de una educación no sexista también.

Cuando leemos un libro sobre la sociedad y se dedican tres hojas para hablar de las mujeres, eso es sexismo o es androcentrismo que es pensar la historia y lo universal desde lo masculino. La educación sexista suele ser androcéntrica también, como cuando estudiamos biología y se estudia el cuerpo humano por separado (hombre y mujer). Hay muchos trabajos de los años ‘80 a nivel mundial que nos hablan de la coeducación. Por ejemplo en química también se debería enseñar como ocurre química en la cocina; en matemática hacer una lista de compras o enseñar a hacer el presupuesto familiar, son cosas importantes. No se trata de que desde los estudios de género o feministas se quiera posicionar a las mujeres en lo público olvidando que lo reproductivo es importante, es esencial para la sociedad. Entonces todos y todas deberíamos formarnos en esas cualidades que son relevantes a nivel social, es decir, la casa y lo doméstico es importante y lo deberíamos aprender hombres y mujeres para ser personas más autónomas, más independientes, y así valorar el trabajo doméstico”.

-¿En qué situación está la Universidad de Playa Ancha frente a estos temas?

“No estamos en foja cero, creo que se necesitan fuerzas de las distintas instancias. En la actualidad las propias estudiantes han cambiado, hace 10 años nadie planteaba la importancia de los derechos de la mujer, existía temor de denominarse feminista. Ahora el estudiantado de todas las universidades está requiriendo no solo la educación formal sino que también transformaciones sociales a nivel macro y que se manifiestan en sus propias vidas, en lo cotidiano de las estudiantes. Ahí existe un poder, una fuerza que es importante tener en cuenta. Es energía de transformación. A nivel institucional, es importante que miremos estos cambios y que tengamos una noción de la importancia de ellos en la actualidad. Es necesario mirarnos sin miedo para saber dónde estamos y hacia dónde queremos llegar, haciéndonos cargo de lo que tenemos que transformar. Ese hacerse cargo sin miedo implica también hacerse cargo de una manera más política de lo que es importante transformar en los tres estamentos de estudiantes, académicos y funcionarios”.

-¿Conoce de colectivos que estén trabajando estos temas?

“Hay colectivos de estudiantes que están trabajando y pensando en cómo promover la equidad o la igualdad de género dentro de la universidad o en sus propios espacios, hay diversos grupos de trabajo y profesores que están en lo mismo. Es importante seguir haciéndolo y a lo mejor en algún momento tener el espacio para poder trabajar colectivamente”.

-Respecto al acoso sexual ¿cuál es el desafío de las universidades para abordarlo?

“El desafío es sentarse a trabajar y hablar del tema, aunque muchas universidades en la actualidad, ya cuentan con protocolos de acoso. Personalmente he revisado la situación de nueve universidades que tienen protocolo frente al acoso y varias están en elaboración. Para ello, el Ministerio de Educación en 2016 presentó un manual de cómo elaborar protocolos de acoso sexual en espacios universitarios y educativos.

Hay que considerar que es un proceso reciente y muy necesario, pero también -por lo que he visto- sigue generando reticencia dentro de la universidad. Hace 15 años el acoso sexual estaba naturalizado y quien lo sufría trataba de generar estrategias para que no le sucediera como no ir a la oficina del profesor, no ser demasiado amable, saludar de lejos, pero son situaciones que siempre han existido y que generan reticencia. Es muy importante generar estas reflexiones, que se materialicen en protocolos y se generen instancias de diálogo que ciertamente desde la universidad se están llevando a cabo. Es necesario también las investigaciones y las propuestas que se puedan realizar en este ámbito”.

-En el día a día ¿cómo abordar estos temas al interior de las aulas?

“Es difícil responder a ello, pero creo que sin reflexión es muy difícil la transformación y no me refiero solo a nivel de teoría sino a la reflexión de lo cotidiano. Muchas veces se da eso con los círculos de conversación en que se comparten experiencias y te das cuenta que a otras personas les pasó lo mismo que a tí y que se sintieron igual que tú. También está la necesidad de tener prácticas más éticas incluso en nuestras relaciones sociales de ocio, en las fiestas, para así deslegitimar abusos por el solo hecho de estar ebria. Lo que pasó en España es terrible y aquí también pasa, en el caso de Nábila y lo que se decía en redes sociales, hay que desmontar esos escenarios. Son procesos complejos, pero también -aprendiendo de los movimientos feministas históricos- los círculos de conversación y reflexión son ciertamente necesarios para darnos cuenta como todos y todas reproducimos esos machismos, hacer eso en términos simples, es un paso. Sin miedo, sin culpabilizar, sin cuestionar pero haciéndonos cargo”.

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