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Dr. Andrés Donoso Romo: “El movimiento estudiantil de 2011 legitima la disidencia en Chile”

En la retina de todos los chilenos quedó la movilización estudiantil de 2006, gestada en los pupitres de los liceos y colegios municipales del país, movimiento más conocido como Revolución Pingüina. Fue tan potente como la que vendría luego, en 2011, cuando la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) convocó la primera marcha en Santiago, a la que asistieron más de 4 mil estudiantes de educación secundaria y superior.

Si bien las demandas de los estudiantes secundarios y universitarios han variado con el tiempo, en términos generales, se han centrado en un cambio constitucional, en el aseguramiento de una educación igualitaria, pública y gratuita.

Sin embargo, más allá de las demandas y la consecución de sus objetivos, para los investigadores (sociólogos e historiadores), los movimientos estudiantiles resultan ser un fenómeno social digno de estudiar. Es lo que justamente motiva la línea de investigación del historiador Dr. Andrés Donoso Romo, del Centro de Estudios Avanzados (CEA) de la Universidad de Playa Ancha, quien organizó un seminario internacional que se realizará entre el 28 y 29 de septiembre en dichas dependencias universitarias. Lo anterior, en el marco de la celebración de los 100 años de la primera movilización estudiantil, registrada en Córdoba, Argentina, y de la conmemoración de los 50 años de la matanza de estudiantes en México, en la Plaza de Tlatelolco.

Concepto complejo

-¿Cómo define los movimientos estudiantiles. Cómo fenómenos sociales, políticos, o tal vez como una herramienta de presión?

“El movimiento estudiantil se tiende a comprender desde una mirada más sociológica, como movimiento social propiamente tal. En ese sentido, es diferente a un conjunto de personas que se reúne con un propósito determinado. Un movimiento estudiantil es un movimiento social que congrega a estudiantes, organizaciones, dirigentes y a otras personas, y que trasciende en el tiempo”.

-Entonces, ¿una protesta o dos no necesariamente responde a un movimiento?

“Exacto. No todas se transforman en movimiento social. Normalmente, éste no permite ser controlado por una persona, un dirigente o una organización, porque adquiere vida propia. Hay algo de impredecibilidad detrás de este fenómeno”.

-¿Quiere decir que no tiene líderes?… cuesta visualizarlo así.

“Sí tiene líderes que tratan de conducir al movimiento social (estudiantil), pero son fenómenos complejos, que consideran a muchos actores entre medio (dirigentes, organizaciones, simpatizantes y confederaciones). Además, están quienes se suman de manera ocasional y aquellos que conducen estos procesos, pero son de carácter transitorio”.

-Con todas estas precisiones, ¿cómo podríamos conceptualizar este fenómeno entonces?

“Un movimiento estudiantil es un movimiento social, complejo de abordar, que tiene un objetivo común (de protesta ante un agravio o amenaza) y que perdura en el tiempo. En el caso del movimiento estudiantil chileno de 2011, ocurrió que la política de financiamiento de la educación superior estaba siendo leída por los estudiantes como una amenaza a su opción de estudiar tranquilos”.

-¿Cuál es el peso o la fuerza que tiene un movimiento estudiantil, en relación a cualquier otro movimiento social?

“Representa a sectores medios de la población. No son movimientos asociados a la productividad. Por lo tanto, sí tiene mucha fuerza”.

Realidad en América Latina

-¿Existen elementos en común entre los movimiento estudiantiles chilenos y el resto de América Latina?

“Hay elementos muy visibles, como por ejemplo, que todos ejercen similares medidas de presión. Todos paralizan actividades educativas; hay ocupaciones (tomas) de establecimientos educacionales o afines; hay grandes marchas multitudinarias (concentraciones masivas); y logran el apoyo de organizaciones sociales. Además, son movimientos culturales. Es decir, movimientos que tienen a la educación y la cultura en el corazón de su demanda. Quienes conforman este tipo de movimientos sociales son “hijos de la ilustración”; siempre defenderán la educación”.

-¿La defenderán de qué o de quiénes?

“De los ataques del mercado. Es decir, buscan mantener la educación ajena a la camisa de fuerza que significan los créditos con aval del Estado; el endeudamiento de los estudiantes; la precarización del profesorado. Esa es la bandera alrededor de la cual se levantan los movimientos estudiantiles, que sin duda es un movimiento social-cultural”.

-¿Y cómo se visualiza Chile en relación a los movimientos en América Latina?

“Lo que se da en Chile es muy similar a lo que se da en América Latina. En los últimos 100 años seguimos hablando el mismo lenguaje, seguimos con los mismos problemas (pobreza y desigualdad). Hay una cierta continuidad entre principios del siglo XX y principios del siglo XXI”.

-Pero en las últimas décadas el escenario ha estado marcado por la mirada neoliberal…

“Así es. En ese contexto, el movimiento estudiantil chileno es muy similar a otros que se han dado en América Latina en los últimos 30 años. Si bien hay particularidades en todos ellos, la fuerza de mi mirada está en encontrar los puentes que las unen”.

-Aún así, ¿qué podría destacar del movimiento estudiantil chileno?

“A diferencia de otros, atacó al neoliberalismo en la educación superior cuando ya estaba instalado, cuestión que hizo la dictadura con toda su estrategia basada en el poder de la fuerza. En cambio, los otros movimientos estudiantiles de América Latina, en estos últimos 30 años, defienden la universidad del ataque del neoliberalismo (ejemplo: movimiento estudiantil mexicano de 1999-2000, Colombia 2011). En Chile, el neoliberalismo está en el corazón de las universidades y se lo ha querido sacar de la lógica universitaria, sin resultados concretos. Esa es una diferencia fundamental, que tiene que ver con la historia reciente del país”.

Movimiento de 2011

– ¿Qué une al movimiento estudiantil de 2006 y de 2011?

“Claramente, hay una continuidad generacional. Los aprendizajes del 2006 se recogieron el 2011 y por eso éste fue un movimiento mucho más potente que el 2006. De hecho, a nivel latinoamericano, el del 2011 ocupa el lugar número 5 en los últimos 100 años. Pero dentro de la historia de Chile también hubo otros de gran importancia como el de 1987 y el de 1997, ambos liderados por la Universidad de Chile; el de 1967 y 1968, a partir de los cuales se logra participación estudiantil en el gobierno universitario (demanda que también es importante para la comunidad de la Universidad de Playa Ancha). Con esto quiero decir que nuestros padres y abuelos vivieron sus propios movimientos estudiantiles”.

-Con la perspectiva del tiempo, ¿cuál es el valor que le asigna al movimiento chileno más reciente (2011)?

“Lo más relevante es que hizo público una realidad que no había sido considerada. Visibilizó a una porción importante de la población, que estaba disconforme con el modelo en el que funcionamos desde hace 30 años. Hasta la década de los 90 y del 2000, no había expresión de una disidencia tan profunda en términos culturales, políticos y económicos. Había un cierto consenso que opacaba cualquier expresión de desacuerdo. Sin embargo, después del movimiento estudiantil del 2011, se legitima la disidencia en nuestro país y queda claro que es necesario dialogar, porque no hay una sola idea de país (neoliberal). Es es el gran aporte de este movimiento, cuya trascendencia social es importante”.

-¿Cómo evalúa la estrategia comunicacional de la movilización estudiantil?

“Sin duda ese fue otro aspecto relevante, porque quienes condujeron el movimiento y quienes lo integraron, fueron capaces de comunicarse con la prensa y romper los círculos de aislamiento que tiene toda protesta o movilización de descontento. Las autoridades no pudieron aplacar el movimiento, porque las calles estaban repletas de gente marchando; la ciudad estaba paralizada. En ese momento, cuando el movimiento social adquiere el poder que hará que lo recordemos, comprobamos que la agenda pública también se vio afectada. Entonces vimos que la Presidenta, ministros y parlamentarios se vieron obligados a referirse al movimiento. Eso fue impensado antes del 2011. Sin duda, todo el impacto que generó en nuestro país, atrajo los ojos de América latina y hoy es motivo de análisis y estudio para nosotros los investigadores”.

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