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El ADN Dictador, o el esfuerzo por bajar la genética al ciudadano de a pie

Miguel Pita nació hace 40 años en el seno de una familia de artistas y de científicos, y su vida transcurrió entre Madrid y Segovia, España. Y pese a que el arte constituye una de sus pasiones, la vida inclinó su balanza hacia las ciencias, puntualmente la genética. Pero este año, la publicación de su primer libro, El ADN Dictador (Editorial Ariel, grupo Planeta), le abrió la posibilidad de mezclar ambos mundos, que a ratos parecen irreconciliables.

Doctor e investigador en Genética de la Universidad Autónoma de Madrid, Miguel Pita Domínguez se encuentra realizando una estada de investigación en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Playa Ancha (UPLA). Precisamente llegó a Valparaíso tras participar en la presentación de su texto en la Feria del Libro de Madrid en mayo pasado. Desde esta semana su creación vio la luz en Chile y, de hecho, Viña del Mar fue elegida la ciudad para el lanzamiento local.

– Difícil empezar una entrevista sobre genética sin preguntarle si “nacemos” o “nos hacemos”…

“Pues es una repuesta muy difícil de dar en general. Lo que habría que responder es que depende de qué aspecto estemos juzgando. Para ciertas cosas nacemos, para otras nacemos y nos hacemos, y para otras nos hacemos solos. Si pensamos por ejemplo en el color de ojo o en el grupo sanguíneo, nacemos, y eso no lo va a cambiar nada que hagamos en nuestra vida”.

– ¿Qué tan predestinados estamos por nuestro ADN?

“Para ciertos rasgos estamos completamente predestinados y para otros no… Hay algunos tipos de cáncer que si está escrito en tu ADN que lo vas a padecer, lo padecerás y nada podrás hacer. Pero esos son la minoría pues la mayoría de los tipos de cáncer son una mezcla de tu tendencia genética con tus vivencias, con tus hábitos, alimentación, con tu exposición a contaminantes. Es, finalmente, una suma con las cosas que pasan en tu vida”.

– ¿Pero uno como un ser indivisible, puede luchar contra ciertos rasgos de su ADN?

“Puedes luchar contra muchos rasgos de tu ADN y contra otros no puedes hacer nada”.

De dictador a molécula

– ¿Y qué de este “mundo sórdido” político-biológico le fascinó tanto como para dedicarse a la genética?

“Fueron muchas cosas -ríe el entrevistado- pero precisamente me llamaba mucho la atención las preguntas que estamos respondiendo ahora. Desde muy temprana edad me gustaba entender por qué hacemos lo que hacemos y si en esa forma de actuar había realmente un libre albedrío o algún tipo de condicionante que estaba escrito en nuestro destino cuando naciésemos”.

– Entonces, es cierto que el ADN es un dictador…

“Es cierto. Yo al libro le puse este título no porque crea que el ADN sea un dictador muy férreo, simplemente lo es en algunos aspectos. Le puse este título porque creo que tendemos a olvidarlo, porque al fin y al cabo todos reflexionamos sobre nuestra existencia, en mayor o menor grado, no necesitamos saber de genética para reflexionar sobre nuestra existencia. Es un título tan provocador y lo puse para recordar que en algunos aspectos el ADN manda y mucho”.

– ¿Y no deberíamos estar asustados por eso?

“Yo creo que no; no creo que sea necesario estar asustado por nada, porque independientemente de lo que vayamos sabiendo, la vida la hemos vivido igual y perfectamente, es decir, el conocimiento nunca es una razón para preocuparse más”.

– ¿Y este dictador qué rostro tiene, a qué o quién se parece?

“Bueno, el ADN no puedo dejar de verlo como la estructura que es, por deformación profesional, pero lo vería como un ente que toma decisiones aparentemente caprichosas, como alguien que pone mucho interés en determinados aspectos y manda mucho ahí, y en otras por extrañas razones no manda tanto. Pero simplemente no deja de ser una molécula a la que se ha llegado por circunstancias de la evolución. Es una molécula que tiene un impulso de supervivencia y no es más que eso”.

– ¿Cómo nace este libro, cuál es su génesis?

“Nace a partir de un universo y son las preguntas que yo recibo en mi entorno no científico, mis amigos, mi familia, las curiosidades que la gente tiene ganas de resolver y que en muchos casos lo que ocurre es que no tienen la información en el lenguaje coloquial necesario. Los genetistas hacemos investigación pero no la publicamos en el lenguaje en el que la sociedad quiere encontrarlo. Entonces aquí se hace el esfuerzo de traducir las curiosidades que tiene la gente a pie de calle a un lenguaje coloquial, que permita hacerlas accesibles, porque es un deber de los científicos pero que a veces se nos olvida… “.

El arte de traducir

– La protagonista de su libro, Ale, ¿es un conejillo de indias?

“Sí, es el hilo conductor, efectivamente, porque, bueno, a mí siempre me ha gustado mucho contar historias. Yo he hecho cine, videoclips, entonces ahí están mezcladas mis dos pasiones en una tercera, la literatura. Y aquí lo que he querido es que el lector se identificase y viese los problemas que vive de forma novelada el protagonista, y lo viese reflejado en su propia vida y le ayudase a comprender cosas de la genética que no son necesariamente complicadas pero que normalmente están explicadas de forma difícil”.

– ¿Cuáles son las ideas que busca reforzar en su libro?

“Cómo la genética condiciona nuestra vida cotidiana y cómo hemos llagado a través de la evolución a que la vida sea como es. Al final, todo lo que se intenta explicar es quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, pero son tres preguntas enormes y muy difícil de responder en su totalidad, pero sí se puede aproximar a través de la genética y la evolución”.

El rol de la ética

– A nivel mundial, ¿qué está quitando el sueño a los genetistas?

“Es indudable, y le llega a todo el mundo, que es una ciencia en un momento de auge extraordinario y no ha parado de crecer desde que se conoció la estructura del ADN. Hoy en día está tratando con un tema de profundo interés que es la modificación genética, es decir, la capacidad de crear individuos a la carta, que es la capacidad de hacer que los individuos nazcan con determinados rasgos o sin ellos”.

– ¿Qué lugar le cabe a la ética hoy en la genética?

“Bueno. Ahora mismo tiene por delante el trabajo más grande que ha enfrentado probablemente en la historia. Es decir, la genética ha hecho su trabajo y ahora le toca a la ética. Tenemos las técnicas pero ahora tenemos que decidir cómo y cuándo queremos aplicarlas”.

– ¿Preocupa la posible injerencia excesiva de la ética en el trabajo genético, como un freno a su desarrollo?

“No me preocupa. Creo que es todo lo contrario. Creo que ahora mismo es un momento en que la sociedad y todos debemos entender en qué punto está la revolución genética y decidir cómo queremos que sea el mundo del futuro. Es decidir si queremos que se pueda modificar genéticamente a las personas o no, porque eso no tenemos que definirlo los genetistas…”

– ¿En qué se va a centrar su estada en la UPLA estos meses?

“Bueno, yo estoy aquí en el Laboratorio del Comportamiento Animal y Humano, que es un laboratorio excelente del CEA, dirigido por el profesor José Antonio Muñoz, y que tiene una línea muy sólida de trabajo, en distintos aspectos, pero sobre todo en el análisis del comportamiento humano, y particularmente en estudios relacionados con las causas biológicas de la agresividad. Es un laboratorio muy potente y reconocido internacionalmente de y yo colaboro con ello desde hace algunos años. Lo que vamos a hacer es implementar estudios genéticos dentro de todas las áreas en las que ellos trabajan, es decir, en perspectivas psicológicas, psicobiológicas, fisiológicas, etc… Voy a aportar en el aspecto genético pero vengo a aprender en el resto de los aspectos que domina el Laboratorio”.

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