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Dra. Verónica Molina Trincado: “Miramos más al cielo que al mundo microscópico que nos mantiene vivos”


Irradia alegría y entusiasmo. De sonrisa fácil y siempre positiva. Así se ve a la Dra. Verónica Molina Trincado cada vez que llega de una salida a terreno o alcanza un nuevo hallazgo científico en el laboratorio de la universidad.

Se trata de la académica de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, coordinadora del doctorado Interdisciplinario en Ciencias Ambientales, que partirá este año con los tres primeros alumnos.

Reconoce que esta nueva aventura constituye una gran motivación, especialmente porque se vincula en forma estrecha con la investigación científica: la gran pasión de su vida.

“La actividad científica es para mí muy apasionante, porque me recuerda a diario que está todo por descubrir. Pasamos mirando el cielo para ver qué hay más allá, pero no advertimos lo desconocido que es nuestro entorno para la vida humana”, afirma la Dra. Molina.

Espíritu inquieto

-¿En qué momento se definió su gusto por la ciencia?

“Soy una persona muy inquieta, activa. En el colegio siempre estuve en todos los grupos imaginables: scout, coro, teatro, grupos ecológicos… incluso recuerdo que mis papás me regalaron un microscopio cuando era chica, quería ser una científica loca. Siempre me sentí muy motivada por la naturaleza..

-Entonces no fue extraño que optara por estudiar Pedagogía en Biología y Ciencias?

“Para nada, aunque debo reconocer que no fue mi primera opción. Sin embargo, mientras estudiaba, me enamoré de la carrera. Lo que más me gustó fue combinar el estudio de la biología, con la opción de enseñarla a los demás. Digo esto, porque tengo la convicción de que el científico es un ser social y no un ser aislado en su laboratorio”.

-¿Por qué la biología? ¿qué es lo que le atrae de esa disciplina?

“Siempre me motiva la posibilidad de formular preguntas, pero particularmente aquellas que se relacionan con comprender a la vida, su origen, entender cómo la vida genera condiciones que la favorecen”.

-Eso explica su obsesión por lo microbiano…

“Claro, porque los microorganismos son nuestro origen; evolucionamos a partir de ellos y son ellos los que movilizan gran parte de la materia y energía de nuestro planeta. Siempre me llamó la atención la relación que existe entre los organismos y el ambiente y cómo se adaptan a condiciones extremas. Por ejemplo, sitios en el mar empobrecidos en oxígeno o salares en el altiplano expuestos a una alta radiación solar”.

 

Mujer y ciencia

-Y a propósito de adaptaciones ¿qué tan complicado es para una mujer funcionar en el mundo de la ciencia?

“Siento que he tenido mucha suerte, pero debo reconocer que hay una mayor facilidad para un hombre desarrollar una carrera científica. Eso es evidente. Por ejemplo, la mujer comúnmente posterga la maternidad, porque esta actividad requiere estar mucho tiempo fuera de casa. Un hombre jamás se va a cuestionar eso. Por lo tanto, para que una mujer se dedique a la ciencia, requiere de una contención importante, como la familia, la pareja, etc.”

-En su caso, eligió la oceanografía, una especialidad que está muy ligada a los hombres…

“Claro. Es una línea de investigación que desarrollan con mayor frecuencia los hombres. Muchas veces, este tipo de estudios requiere embarcarse, lo que implica separarse de la familia a veces por largo tiempo. Afortunadamente, yo cuento con el apoyo de mi familia, mis padres, mi esposo y mi hija. Ellos entienden perfectamente cuando debo ausentarme por salidas a terreno, congresos y pasantías, incluso me han acompañado a estas aventuras. Mi esposo fue compañero de universidad y siempre supo que yo quería seguir estudiando”.

-¿Eso significa que su esposo la ha seguido?

“Así es. Hice el magíster en Oceanografía en la Universidad de Concepción y luego decidí quedarme y hacer el doctorado, donde inicié una línea de investigación orientada a la oceanografía microbiana. Aunque en general, me he dedicado a la ecología microbiana y la función de los microorganismo en los ciclos naturales en el medio acuático”.

¿Qué aplicación tiene ese tipo de estudios?

“Es la pregunta que odiamos todos los científicos que nos dedicamos a la ciencia básica. Bueno, estudio específicamente el ciclo del Nitrógeno, que ha sido muy alterado por el ser humano y muy sensible a los cambios climáticos. Los microorganismos que yo estudio son capaces de generar servicios para los ecosistemas y por lo tanto son beneficiosos para el ser humano, como la biorremediación y detoxificación de agua”.

-¿En otras palabras?

“Por ejemplo, estudio unos microorganismos capaces de tomar uno de los principales productos de la degradación de la materia orgánica –el Amonio – un desecho metabólico que puede llegar a ser tóxico para los organismos- y transformarlo en otro compuesto menos tóxico (Nitrato) que se integra al resto del ciclo del Nitrógeno”.

-Con todo lo que ha estudiado sobre cómo funcionan el mundo microbiano ¿a qué conclusión llega?

“Me doy cuenta de que la función de los microorganismos permite sustentar un ecosistema entero. El punto es cómo nosotros, los seres humanos -que usamos los recursos de una manera descontrolada, sin tener conciencia que somos parte de este ecosistema-, intervenimos a tal nivel, que no somos capaces de proyectar las consecuencias. Creo que hay más telescopios mirando hacia el cielo que personas dedicadas a entender el universo microbiano. Digo esto, porque los microorganismos todavía son una caja negra”.

-¿Pero es justamente eso lo que la motiva?

“Claro, es lo que me mueve a seguir investigando; especialmente en este tiempo, cuando la tecnología nos entrega mayores herramientas para realizar nuestro trabajo. Sin duda, investigar hoy nos permite alcanzar conocimientos más profundos, aún cuando falta mucho por hacer”.

De regreso a casa

-¿Y cómo asume ahora su regreso a la universidad, esta vez como académica e investigadora?

“Para mí ha sido maravilloso haber tenido la posibilidad de volver al aula donde me formé y, a su vez, retornar a mi ciudad. Siento que es una oportunidad de agradecer a quienes contribuyeron con mi carrera. Siento que con mi trabajo y mis estudios puedo aportar para que la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas sea un espacio de generación de nuevo conocimiento. Siento que tengo la energía y el compromiso para motivar a las nuevas generaciones, porque me encuentro con una universidad que está proyectándose en la investigación”.

-Cómo se liga su trabajo con el hecho de estar a cargo de la coordinación del doctorado Interdisciplinario en Ciencias Ambientales?

“Esta es una iniciativa de un equipo completo de investigadores comprometidos con generar una universidad compleja. Yo solo soy la cara visible de este equipo y me corresponde coordinarlo, pero hay un claustro de investigadores muy idóneos. Entre todos decidimos que éste era nuestro ámbito común. Estamos muy contentos, porque ya tenemos los primeros estudiantes aceptados en el programa. Se trata de un doctorado académico, diurno y de dedicación exclusiva, en el cual trabajaremos para acreditarlo lo antes posible”.

-¿Qué palabras inspiradoras entregaría a las nuevas generaciones de jóvenes investigadores?

“Que sean perseverantes, porque la actividad científica requiere mucha paciencia. Nada se logra de un día para otro. El camino de la investigación obliga a desarrollar la paciencia y la reflexión. En lo práctico, les sugiero que se motiven por informarse, aprendan a leer artículos científicos, y que se vinculen, que sean inquisitivos y preguntones con sus profesores. Deben saber que la carrera científica no es para volverse ricos y que, además, requiere mucho tiempo personal. Es una decisión de vida”.

-Cómo se visualiza en el futuro. ¿Cuál es su próxima meta?

“Nunca me planifico más allá de cinco años. La vida me ha enseñado a ser un poquito moderada en mis proyecciones y a disfrutar cada momento como algo único. En lo académico, me proyecto aportando a la facultad y a la universidad para que efectivamente se transforme en una universidad compleja, donde se genere un ecosistema de investigación. Hoy estoy aquí, y me siento plena y motivada para compartir con otros lo que sé”.

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