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[Opinión Teatral] “No podría vivir en un país socialista”: el souvenir de la revolución de Situación País

En el Café Teatro Valparaíso Profundo, ubicada en pasaje Fisher 24, se presentó “No podría vivir en un país socialista” de Situación País. Las funciones fueron el 17 y 18 de febrero. Las elecciones presidenciales del año 2010 es el escenario coyuntural donde es elegido el presidente de derecha, Sebastían Piñera, en el que se sitúa la obra.

Hilda, Carmen e Iván son tres hermanos que se reúnen en el patio de la casa para organizar una bienvenida a su hermano Fernando, quien llegará desde Cuba, para votar. Aparte preparan coreografías musicalizadas por clásicos de la nueva canción chilena de los años 60′ y debaten, desde las diferencias de sus vidas, lo que significa vivir en un país socialista en una parodia delirante de recuperan una idea del socialismo para recibir a su hermano de la mejor manera posible desde la negación. Además cuenta con una versión cinematográfica realizada por la productora “Axis mundi” y “Extrauverrifilms”

Presentada en el Festival “Humberto Duvachelle” el año 2014 siendo el primer trabajo formal de Situación País. Siendo los creadores de dicho festival como estudiantes de teatro el año 2012 en la UPLA. Podemos definir a Situación País como un ejercicio de relaciones y la pasión por hacer teatro desde las convicciones personales para la construcción de un equipo de trabajo.

Es interesante ver cómo se presentan como equipo de trabajo cada compañía o grupo, ya que dicho manifestación de intenciones, levantan una idea de vínculos de identidad: ¿Cómo se ven? ¿Qué les interesa? ¿Cómo se relacionan con el campo cultural y la realidad social que problematizan? ¿Cómo se definen? Creo que el teatro lo que más debe hacer ahora, más que dar una lectura de la realidad debe ser una propuesta de vínculos que recorran la idea de identidad y colectividad acercando la obra con el público, no como público sino como actores de un mismo lugar en un juego de relaciones. Situación País se acerca mucho a esta idea que sería interesante elaborar y es, entonces una manera de mirar la actividad cultural en Valparaíso.

Un comentario aparte merece la sala Valparaíso Profundo, ya que se trasforma en una apuesta interesante desde la recuperación la arquitectura de la casa, profundamente porteña, valga la redundancia, por la necesidad de salas independientes y bien gestionadas, y la necesidad de un espacio que aporte a la realidad teatral en la ciudad dinamizando el ejercicio artístico desde la autonomía.

En los 45 minutos que dura la obra nos hace preguntarnos ¿cómo es el socialismo visto en la obra? Tomada desde la parodia como procedimiento, viendo los constantes fracasos de la idea de socialismo, la obra no puede ser otra cosa que un delirante repertorio donde las ideologías con sus estéticas se perciben cómo objetos de consumo, la revolución como souvenir, preguntándose si Chile tiene un pasado socialista y ¿qué significa éste?

El cruce es significativo, en una cultura marcada por su neoliberalimso y el consumo, se logra percibir como un juego de estéticas fallidas en su recuperación. El juego de identidad que hay con el pasado histórico de Chile y el socialismo se logra ver en que la obra está parada en esa contradicción con nuestros íconos izquierda: un perro llamado chicho que muere, la vestimenta anacrónica de los sesenta, la música como un mantra, Víctor Jara, Violeta y la culpa de recibir a un hermano que vive una realidad diferente que les hace ficcionar un encuentro con esa realidad, todo se transforma en una parodia delirante.

Las preguntas que levantan son brutales: ¿Cómo es nuestra historia con el socialismo y la revolución en latinoamérica? ¿Cómo se enfrenta una generación a la idea posible del socialismo? ¿Fuimos un país socialista? ¿Qué significa para nosotros eso? ¿Cómo lo entendemos hoy? Y parece que la respuesta está siempre en la base de la negación de los modos de vida que ofrece una idea del socialismo, como un pasado ajeno, distópico marcado por la negación del nombre de la obra. La obra deja entrever además los manierismo de una izquierda que solo se recupera desde la consumo de sí misma, escuchar la música de los sesenta, tratar de imitar la ropa, repetir ideas pero no renovar las ideas o hacerse cargo de los cambios.

Lo que se logra en “No podría vivir en un país socialista” como un espacio de identidad, es ver la parte sensible en la cultura de izquierda en un país que desapreció y reviviendo un mundo que desaparece pero que queda en una parte nuestra cultura. La obra termina enterrando un lápiz para votar, como ejercicio dramático y exagerado de las elecciones pero también para eliminar el ejercicio político de la votación y del socialismo como alternativa. Me cuentan que alguien del público, alguien mayor comenta: ¿qué saben ellos? en relación a los actores y a la propuesta de la obra. Ahí está la propuesta de la obra, en que los cambios generacionales son importantes para ver los cambios culturales, y que valga la redundancia de vivir en una sociedad marcada por el consumo, y el neoliberalismo, también somos una cultura que se ha alimentado de muchas otras procesos y tenemos esa deuda. La obra la ve como un espacio para mirar y situarse en una búsqueda de identidades en nuestro pasado, que no es unidireccional sino mucho más complejo. Nacer en un país donde el socialismo fracaso y los socialistas adoptaron el modelo neoliberal es lo brutal.

“No podría vivir en un país socialista” es también decir, no podría vivir en algo que se me ha negado como posibilidad y además, la culpa del sistema en que vivimos, pero además cómo nos hacemos cargo de un imaginario de izquierda, y que ahora es un largo souvenir de imágenes de un pasado. Situación País con esta obra demuestra un manejo de recursos muy interesantes sobre todo por no caer facilismo abordando el tema y no aprovecharse del contexto solamente de las elecciones, sino que situarse en estadio de pregunta sobre ¿qué se hace con la idea de socialismo hoy? practicando la auto reflexión de la izquierda hoy con esta obra.

Por Luis Retamales Rozas
Dramaturgo

Fuente: El Martutino, publicado el 5 de marzo de 2017.

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