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Universidades estatales, universidades de todos

Ennio VivaldiHoy, no sabemos con certeza cuáles serán ni en qué sentido se darán los cambios contenidos en la Ley de Universidades. Es imprescindible, entonces, exponer nuestro pensamiento con claridad: Creemos que hay que redefinir una relación entre el Estado chileno y las universidades estatales.

Esta no es una preocupación autorreferente. La reconstrucción de un sistema de universidades estatales contribuirá a resolver problemas fundamentales de nuestro país, hoy.

Un ejemplo: Debemos generar, con y para el Estado, una visión de futuro que incorpore a la totalidad del país y que comprenda lo más relevante de la investigación científica, innovación tecnológica y acervo cultural. Otro ejemplo: Debemos seguir siendo instancias inclusivas, diversas, republicanas, que, reafirmando el ideal de la educación pública, contribuyan a la cohesión del país.

Las universidades públicas validan un pluralismo basado en una diversidad presente al interior de cada una de ellas. Eso es drásticamente distinto a una pluralidad basada en la coexistencia competitiva de modelos particulares alternativos. La competencia y la rivalidad han sido el aspecto más definitorio del actual modelo; y lo ha sido para la totalidad de las universidades. De ahí que el problema más grave que hemos enfrentado en esta incipiente discusión ha sido la imposibilidad de hablar de las universidades estatales en cuanto a ellas mismas.

Las universidades estatales deben contextualizarse coherentemente con el sistema global. Pero que existan otros tipos de universidades no puede ser un impedimento para conversar de las estatales. Al hablar de estas, muchos quieren ver una discusión oblicua sobre universidades no estatales. ¿No será al revés?… que cuando hablan, por ejemplo, de igualdad de trato presupuestario, lo que en realidad pretenden es que nunca más vuelva a haber auténticas universidades públicas.

Siempre hay razones para enredar la conversación sobre las estatales. Siempre se podrá nombrar a otras que también acogen a jóvenes vulnerables, o que también son de calidad, o que también son laicas. Proponemos el enfoque diametralmente opuesto: que el Estado chileno impulse un modelo para sus universidades, y que las otras decidan si quieren, y en qué medida, asemejarse a ese modelo.

¿Tendríamos Patagonia chilena en Palena, Aysén y Magallanes si el Estado hubiera abordado su instalación política con criterios de mercado, un laissez-faire para colonos y ovejeros? ¿No es igualmente absurdo suponer que los fondos que se destinen hoy a la U. de Magallanes dependan del número de alumnos matriculados, de sus deciles y de sus puntajes? ¿No puede el Estado proponerse que la U. de Magallanes desarrolle determinados proyectos, luego los financie y pida cuenta ordenada de su gestión y resultados?

Las decisiones de políticas en áreas como educación superior han de basarse en ideas claras. No se construye nada desde la confusión. Es increíble que se haya dicho que si una universidad estatal no demuestra calidad (y otro tema es cómo hoy se demuestra calidad), pierde la gratuidad. Eso es no entender lo más elemental de la diferencia entre estatal y privado. Si un programa de vacunación no funciona bien, ¿la respuesta es comenzar a cobrar por las vacunas? El Estado no puede permitir que algo que ha propuesto como relevante no sea de calidad, por lo que debe garantizar la idoneidad de la educación pública. En vez de quitar la gratuidad, sancionar a quienes no han cumplido (e.g., el ministro).

La clave está en asumir lo obvio: que las universidades estatales les pertenecen a todos los sectores sociales e ideológicos. Gobierno y Parlamento tienen que responsabilizarse transversalmente de ellas y sentirlas como propias. Lo estatal-privado no se puede superponer a los ejes gobierno-oposición ni izquierda-derecha.

Debemos generar un sistema que articule a las estatales y les permita trabajar en red en docencia, investigación y extensión, para que se potencien entre sí con las fortalezas que cada una ha de aportar.

A ese sistema se le encomendarán proyectos de trascendencia nacional que no serán (nunca lo han sido) excluyentes de nadie. Igualmente su labor se coordinará sinérgicamente, en cumplimiento de sus misiones comunes, con los demás servicios sectoriales del Estado, notablemente con educación y salud. No se trata de relación preferencial, sino de misiones estratégicas comunes que trascienden a la infraestructura docente.

Una vez logrado eso, habremos vuelto a tener universidades que les pertenecen a todos los chilenos.

 

Ennio Vivaldi
Rector de la U. de Chile y presidente del Consorcio de Universidades del Estado de Chile.

 

Columna de opinión publicada en El Mercurio, martes 13 de diciembre de 2016.

 

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