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Las revistas del Valparaíso del ayer

eddie-morales-pina_casablancahoyEn el contexto del Seminario “Memoria y Patrimonio Documental”, organizado por los estudiantes de la Carrera de Bibliotecología de la universidad de que soy académico, me referí a algunas publicaciones periódicas que marcaron un hito en la década de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, haciendo hincapié en una de ellas: la Revista “Coral”, fundada y dirigida por el Dr. Julio Flores Vásquez, quien era un destacado odontólogo, pero que tenía como predilección el arte y a la literatura. Sin duda, que estas publicaciones de Valparaíso le dieron a la ciudad una impronta especial como centro de cultura, y generaron un diálogo interesante, que animó la vida intelectual en unas décadas de nuestra historia reciente sumamente agitadas en todo orden de la realidad. Dichas publicaciones son ahora presencia testimonial de una época y, en consecuencia, memoria y patrimonio documental.

Las revistas del Valparaíso del ayer o del pasado reciente –aunque han transcurrido ya unas cuantas décadas desde su emergencia-, guardan una relación especial con quien escribe estas líneas. La mayoría de ellas las adquirí en la Librería “El Pensamiento” que estaba ubicada en la calle Victoria del puerto. Una buena parte de mi biblioteca comenzó a formarse con libros y revistas adquiridos en ese lugar desde los tiempos en que era un estudiante universitario interesado por la literatura, y como lo he relatado en más de una oportunidad me hice un visitante frecuente de la librería. Allí conocí a sus dueños y supe de su intrahistoria, como diría Unamuno. El mentado local libresco –después lo supe- era también visitado por un personaje de cuyo nombre no quiero acordarme.

En el marco del mencionado seminario me referí sucintamente a estas publicaciones periódicas, que vieron trunco su transitar por el golpe militar, que produjo esa fractura en el desenvolvimiento de nuestra literatura, como bien lo ha probado la historiografía. De este modo, las revistas acabaron de ser con dicho acontecimiento. En este sentido, traje a la memoria a “Primer Plano”, una revista dedicada a la crítica cinematográfica, publicada bajo el alero de la Universidad Católica de Valparaíso, donde formaban parte del comité editor Hvalimir Balic, Aldo Francia, Agustín Squella, entre otros.

El doctor Francia dejó para la posteridad dos emblemáticas películas que tienen al puerto como trasfondo: “Valparaíso, mi amor” y “Ya no basta con rezar”. El número que comenté corresponde al otoño de 1972, y trae entre sus páginas una histórica entrevista a Miguel Littin, quien estaba en el centro de la noticia con su filme “El chacal de Nahueltoro”. Las ideas vertidas por Littin están enmarcadas en una época profundamente ideologizada donde aún no se avizoraba lo que vendría después. En la presentación de este ejemplar los editores aseguraban que “la presente edición incluye un extenso material informativo y crítico sobre el cine cubano. Nuestra divisa sigue siendo la misma: seriedad, amor al cine y verdadero espíritu crítico”.

La “Revista del Pacífico” tiene resonancias especiales para mí, pues en ella escribían los profesores del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en Valparaíso. En otras palabras, conocía como académicos a quienes firmaban los artículos y estudios. Esta era una revista multidisciplinaria –como se diría hoy-, porque recogía no sólo temáticas literarias sino también de otros ámbitos del saber.

Los secretarios de redacción eran Nelson Osorio y Luis Iñigo Madrigal, los que en el transcurso del tiempo han tenido una destacada labor académica. La revista que presenté en el seminario fue el número 3 del año 1966 donde destacan, como lo dije en ese encuentro universitario, dos artículos: uno de Cedomil Goic acerca de la situación del estudio de la obra literaria como estructura de lenguaje, y el otro de Claudio Solar que trataba sobre el existencialismo en la generación del cincuenta. También en la “Revista del Pacífico” se dio a conocer como un poeta destacado nuestro amigo Eduardo Embry, quien había ganado un primer premio el año anterior en el Concurso Literario “Nicomedes Guzmán 1965” con su poemario “Los ángeles caídos”.

Dentro del mismo contexto de revistas nacidas al interior del ámbito académico se situaba “Problemas de Literatura”, una publicación especializada en temas de teoría literaria que era dirigida por los profesores Nelson Osorio y Helmy Giacomán, quienes en la página introductoria escribían que “se hace cada vez más necesario discutir y remozar los instrumentos conceptuales que actualmente se manejan, y contribuir a cimentar sobre bases rigurosas la disciplina del pensamiento que se propone abordar la creación poética”.

La revista tuvo una vida efímera, porque el golpe acabó con el proyecto editorial. Tal como lo comenté en el seminario aludido al principio de esta crónica, en el número correspondiente a 1972 aparecía un texto del teórico checo Oldrich Belic acerca de la obra literaria como estructura de lenguaje. Precisamente, el estructuralismo literario y lingüístico estaba en boga y no es de extrañar que la revista incorporara a Belic y un estudio de Mukarosvky entre sus páginas.

Por último, me refería a la “Revista Coral”. La colección no la tengo completa, me faltan algunos números, y al final de la conferencia la amiga Yolanda Soto, bibliotecóloga, ex profesora de la universidad y ex directora de la Biblioteca Santiago Severín de Valparaíso, me aseguró que Julio Flores le había dedicado un ejemplar temático a la figura de Gabriela Mistral. Efectivamente, el Dr. Flores –con quien hice amistad hasta el último de sus días, pues falleció en diciembre de 1979-, acostumbraba a estos números de la “Revista Coral” en torno a un autor determinado. Entre los ejemplares que poseo hay uno dedicado a Gabriel García Márquez y otro al escritor peruano José María Arguedas y a la nueva novela indigenista.

Julio Flores, en este sentido, también publicó un libro donde recoge críticas alrededor de la novelística del cubano Alejo Carpentier. A principios de los setenta estaba de moda la publicación de estos asedios crítico a autores que estaban marcando la literatura hispanoamericana en el contexto del Boom de la novela y la internacionalización de la producción literaria de nuestro continente.

El Dr. Julio Flores en uno de los números de la publicación afirmaba que “procuraremos que Coral sea la expresión de todas las actividades literarias y artísticas que sirvan para enriquecer el acervo cultural de Valparaíso y la Provincia y para que este se extienda a todas las latitudes”. Esta histórica revista porteña contaba entre los miembros del consejo de redacción con los nombres de María Luisa Bombal, Andrés Sabella, Frida Pohl Montt, Edmundo Herrera, Luis Fuentealba y Armando León Pacheco. Tal como lo sostuve en el seminario uno de los números emblemáticos de la “Revista Coral” fue el dedicado a la novela “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, publicada en 1967, y que estaba generando una serie de estudios críticos, así como artículos y reseñas periodísticas. En este ejemplar de 1969, el Dr. Flores recogía doce aproximaciones “entre las mejores que se han referido a esta extraordinaria novela”.

En síntesis, las publicaciones mencionadas son ahora sobresalientes fuentes documentales para conocer el contexto del arte y la literatura en Valparaíso, no sólo en el ámbito universitario, sino en la propia ciudad que dialogaba con aquel espacio.

Columna de Eddie Morales Piña
Académico de la Facultad de Humanidades
Universidad de Playa Ancha

Fuente: Casablancahoy.cl, publicado el 23 de noviembre de 2016.

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