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Humberto Duvauchelle: “El teatro es un instrumento fabuloso para tratar de culturizar a la gente”

Humberto-DuvauchelleOriundo de la comuna de Bulnes y de una familia de actores, Humberto Duvauchelle se autodefine como ñublense y huaso de corazón. Partió su vida actoral con solo 16 años en su querida Concepción haciendo teatro en sindicatos, universidades y parroquias de la zona del carbón como Lota, Lirquén, Schwager, y por supuesto Concepción, ciudad a la que le debe toda su carrera cultural y académica, porque fue ahí donde junto a sus hermanos (Hugo, Héctor y María Elena) comenzó a formarse como actor potencial.

A principios de la década de ‘51, mientras representaban obras escolares -según sus palabras- los descubrió el académico de la Universidad de Concepción, Jorge Eliot, y los llevó al teatro de esa casa de estudios, donde montaron creaciones muy elementales y breves, dirigidas principalmente al campesinado y a trabajadores de la región.

Cuando Concepción se les hizo pequeño, el actor se trasladó a Santiago junto a su grupo actoral para integrarse al Teatro de la Universidad de Chile. “Veníamos con la intención de entrar a la Escuela de Teatro, una escuela que nunca habíamos hecho realmente, porque siempre fueron escuelas de teatro poco formales, y muy incipiente la enseñanza. Estuvimos ahí un tiempo y luego nos comenzaron a llamar para el elenco estable”.

El experimentado actor, reconoce que el teatro de esa época era duro de mover por la gran cantidad de integrantes que alcanzaba los 35 a 40 actores. Por esta razón, decidieron formar la “Compañía De Los Cuatro” junto a su exesposa, Orieta Escamez, y sus hermanos. Con este proyecto impusieron, en los años ’60, su estilo y repertorio muy ecléctico y diversificado, con el cual se mantuvieron hasta el golpe militar, para luego exiliarse en Venezuela.

Regresó a Chile, en la década del ’80, recontratado por la Universidad de Chile en plena dictadura. Desde ahí ha sido testigo privilegiado del cambio en la carrera teatral, ya que admite que la actividad hoy ha perdido un poco el rumbo y que se hacen adaptaciones muy “locas” de grandes obras sin el debido respeto por el origen de los textos. Asimismo, cuestiona el rol de la televisión, que a su juicio, ha frivolizado y banalizado la actividad.

Con más de seis décadas dedicadas al teatro, Humberto Duvauchelle ha perdido la noción del número de obras que ha representado y cuántos actores ha formado. Hoy se encuentra totalmente vigente con su montaje “Balada entre dos perniles” que protagoniza en la sala Jorge Díaz de la U. Finis Terrae. Además da clases de voz a estudiantes de segundo año de actuación de la Facultad de Arte UPLA, y Expresión Oral en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Teatro UPLA_estudiantes-¿Qué significa para usted el teatro?

“Para mí el teatro es mi vida, no podría vivir sin él. Parece un poco utópico lo que digo, pero la verdad es que toda mi vida he sentido la necesidad orgánica de hacer teatro. Comencé cuando tenía 15 ó 16 años, toda mi existencia la he vivido en el teatro.

Esta disciplina es un instrumento fabuloso para tratar de culturizar a la gente, civilizarla y entregarle belleza, especialmente en esta época en que la gente se inclina por lo audiovisual, lee cada vez menos y se desvincula de la realidad por el hecho de estar cada vez más sola”.

-¿Por qué se inclinó por la vida actoral?

“Esa pregunta me la he hecho bastantes veces. Creo que fue la soledad de Concepción de los años ´50 en que era todo aislamiento, era una ciudad húmeda, lluviosa y aislada, con pocas librerías. Siempre mis hermanos y yo nos sentimos muy aislados y veíamos Santiago muy distinto. ¿Qué nos hizo estudiar Teatro? creo que el hecho de poder optar por algo distinto que nos sacara un poco del anonimato, pero no por un tema de egolatría, sino que sencillamente por ser algo en función de la cultura, de la belleza. Fue eso en realidad, la necesidad de expresar algo a través de la música, la lectura y el teatro. Fue un medio de expresión que nos identificara con algo”.

-¿Hay algún hito especial que recuerde de su carrera?

“El hecho más feliz fue la formación de mi ‘Compañía De los Cuatro’, sustentado en el apoyo que nos dio el público en los ‘60 como elenco. Durante 15 años llenamos las salas de Santiago y la gente identificaba nuestro repertorio y la calidad de los actores y directores como Víctor Jara, Eugenio Guzmán o Reinaldo Shefki. También fuimos la primera compañía que hizo montajes para Raúl Ruiz con dirección de Víctor”.

-¿Qué obras lo han marcado en estos años de vida teatral?

“Mmmm, empecé muy mal Shakespeare y la obra ‘Noche de reyes’ para el teatro de la Chile. Fui un desastre y estuve muy mal. Después hice ‘Largo viaje hacia la noche’ de Eugene O´Neill con la que ratifiqué mi carrera. Con la ‘Compañía De los Cuatro’ hice ‘El diario de un loco’ de Nicolai Gogol, un monólogo de dos horas 15 minutos. Luego agarré vuelo haciendo “El fin de la partida” de Becker. En estos últimos años hice “Borges frente a Borges”, sobre la vida de Jorge Luis Borges. Y por supuesto lo último que estoy haciendo, “Balada entre dos perniles” de Raymond Cousse”.

-¿Existe alguna diferencia entre el teatro que usted vivió y el actual?

“Hay una diferencia enorme. En aquella época había grandes actores, como Alejandro Flores, que no hicieron nunca escuela. Recordemos que estas aparecieron recién el año 1941 con el nacimiento del teatro de la Universidad de Chile. Los actores de antes se basaban en la inspiración del momento, pero no había técnica. En cambio los actores que hemos nacido a la vera de los teatros universitarios somos actores técnicos, con un conocimiento más científico. Ahora se sabe que la construcción de un personaje no es solamente del interior, sino que lo puedes concebir a través del físico, caminando o sentándote, a través de un ruido o una puerta que se cerró, es decir todo lo que va generando en ti, te va permitiendo construir un personaje. Antes era un trabajo de elaboración interior, hoy un actor que no es técnico no puede manejar su cuerpo, su voz, su expresión actoral”.

Humberto-Duvauchelle1-¿Es muy difícil hacer teatro en la actualidad?

“Hoy no se puede hacer teatro si no tienes dinero. En aquella época nosotros ganábamos dinero y vivimos del teatro más o menos 35 años, ahora no se puede porque desde hace una o dos generaciones que derivó hacia otros campos y no existen compañías estables. El público no tiene una identificación con un elenco como ocurría en los años ´60, ´70 y ´80; está perdido, no sabe para donde ir, de repente un título le parece bien atractivo y va. Se hacen adaptaciones muy ‘locas’ de grandes obras y autores. No hay un respeto por el origen de los textos.

El teatro chileno se ha diversificado de tal manera que perdió un poco el rumbo. Cada cual hace lo que quiere y como quiere, arriesgando dinero sin saber si se recuperará”.

-¿Es distinto el teatro en televisión?

“Sí, totalmente distinto. La televisión banaliza mucho todo. Cuando un actor quiere volver al teatro y aplica lo que hace en televisión, no le funciona, porque le falta hondura, profundidad. Entonces la banalización de la televisión hace que impida profundizar los textos. Yo hice televisión en sus comienzos, hice teleseries y mucho teatro, pero otro teatro, no como el que vemos en la pantalla abierta que es más frívolo, superficial y banal. Nosotros hacíamos el otro teatro que hoy no se hace”.

-¿Tiene el teatro un rol social?

“Absolutamente. Te voy a responder con un hecho que observé en Brasil y que no lo he visto acá. Suponte que una función es las ocho de la noche, el público llega una hora y media antes al café y luego al foyer para leer el programa. Jamás vi a alguien que llegara atrasado a una función, en cambio acá la gente llega justo a la hora o derechamente tarde. En ese hecho el teatro cumple un rol social, porque el público comparte entre ellos y al final de la función comentan la obra. Ese es el rol social del teatro y eso lo vi afuera, no aquí en Chile. Acá termina la obra y la gente se va”.

-¿En qué pie se encuentran hoy las escuelas de Teatro del país?

“Qué difícil es la respuesta. Creo que las escuelas hacen poco énfasis en la parte que compete a la actuación con un teatro realista, naturalista. Ahí está la esencia del teatro, el actor o actriz potencial debe conocer todos los mecanismos para generar emoción. Un teatro sin emoción, frío, analítico, cerebral, excesivamente racional, solo de ideas a mí no me entusiasma, no me interesa, no me preocupa. Lo emotivo debe estar detrás del argumento teatral como base para que el actor pueda de allí crear la emotividad y transmitirla a los espectadores, eso sería el proceso natural. A las escuelas de teatro en general les falta insistir hasta la majadería en que el actor y la actriz potencial manejen esos resortes para explicitar las emociones”.

-En cuanto a las nuevas generaciones ¿Cuál es el perfil de los estudiantes de teatro?

“Hay que ser valiente para ser actor de teatro hoy. Yo admiro realmente a mis alumnos, porque sé que hay vocación, la cual debe ser a prueba de cañonazos. La carrera actoral es muy dura, tremendamente competitiva y terriblemente odiosa, porque hay mucha envidia y ‘chaqueteo’. Eso es terrible. Por eso es importante la vocación, es la gran coraza y protección que tienes en definitiva para preservar y mantenerte íntegro. Entonces les digo a los actores jóvenes que deben tener mucha sangre fría y claridad, sobre todo que los preserve la vocación y que no se dejen engañar por cantos de sirena. Hay que estar en permanente equilibrio porque el resto es muy difícil de sostener. Hay que ser muy fuerte para superar el ambiente y la atmósfera del círculo teatral, de lo contrario te hundes”.

afiche_festival-Humberto-Duvauchelle-El 2012 se creó un festival en su nombre, ¿qué le pareció esta iniciativa?

“La creación de este festival fue inesperado, porque cuando me lo propusieron me quedé sorprendido. La verdad es que no sé si soy merecedor de tanto reconocimiento, porque yo solo soy un profesor, mejor dicho un actor mayor, que transmito mi experiencia a los alumnos, eso es todo. Lo hago con sencillez, directo, sin nada que me pueda distraer, sin sofisticación. De manera que ellos sienten eso, entonces hay una gran reciprocidad, cosa que agradezco muchísimo. Me sentí muy honrado, pero no por el homenaje”.

-¿Se siente halagado?

“Me siento muy halagado, principalmente porque la idea partió de los alumnos, no fue el profesorado, ni tampoco la universidad. Por eso me siento doblemente halagado y feliz, más aún cuando ha habido un progreso y se han presentado obras interesantes y que han merecido con creces la estatuilla y los premios. Yo con los alumnos de la UPLA me siento mucho más cerca del teatro, entonces esta iniciativa la agradezco muchísimo y me emociona”.

-Usted dice que con los estudiantes se siente más cerca del teatro, ¿dónde ubicamos entonces la docencia?

“Creo que se complementan. Yo enseño un poco actuando también, porque no siendo un rol bien definido el que hago, soy actor-profesor y profesor-actor. Mi experiencia se las cuento y trato de no latear con mi vida en el teatro, pero me sirve para la pedagogía, ser un actor en ejercicio me facilita mucho la docencia. Me encanta poder enseñar sin que se note que lo estoy haciendo, porque lo demás sería pedante. Entonces el trato con los alumnos es de respeto y cercana”.

-¿En qué está Humberto Duvauchelle en la actualidad?

“Estoy perdido en la ‘Balada para dos perniles’. Este es un trabajo esencial y fundamental que esperé mucho. Es una obra del dramaturgo francés, Raymond Cousse, que plantea problemas del mundo de hoy a través de la óptica de un chancho. Es una especie de metáfora entre la vida del chancho, mísera, y la marginalidad. Entonces hay una relación trágica entre la obra y el mundo de hoy. Es como una tragedia griega, tiene esa estructura, donde el protagonista narra su muerte, pero nunca muere en escena. Pero como este es un cerdo inteligente, sensible y no es uno más de la manada, se escapa y reflexiona para encontrarle un sentido a su existencia, y se la encuentra. Es la vida después de la vida porque después de su muerte también es explotado, porque lo comemos. Esa es la obra en que estoy en estos momentos. Es una montaje muy importante que sensibiliza mucho a la gente de hoy, y que pretendo traer a la UPLA en los próximos meses”.

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